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ABC MIÉRCOLES 3- -10- -2007 La expansión del islam en España s La polémica del velo ESPAÑA 25 rona cree que esta situación podría haberse evitado si hubiera unas directrices. Así, han decidido solicitar al consejero Maragall que la Generalitat establezca una normativa clara sobre el pañuelo islámico y otros símbolos religiosos para saber siempre a qué atenerse. Daniel Sirera, presidente del PP de Cataluña, opinó que los inmigrantes tienen que acatar las normas y tradiciones de España, rechazó la resolución de Educación que obliga a la escuela a admitir a la niña y ofreció su apoyo al centro. Hoy es el velo y otro día será otra cosa advirtió Sirera. El presidente de UCD y portavoz de CiU en el Congreso, Josep Durán Lleida, pidió un debate político y social que marque los deberes de los inmigrantes. Durán aseguró no creer en la multiculturalidad, que lo que hace es deshacer la cultura propia Otra cosa es el enriquecimiento de mi cultura a través de culturas de otras partes del mundo afirmó. José Campos, secretario de Enseñanza de CC. OO. dijo que llevar el velo es como si los niños católicos fueran vestidos de nazarenos Para Pedro Zerolo, secretario de Movimientos Sociales del PSC, Educación para la Ciudadanía servirá para que las niñas musulmanas se quiten el velo La influencia de una abuela muy religiosa Los padres de Shaima aseguran que no obligan a su hija a llevar hiyab, sino que es ella la que quiere ponérselo porque así se lo enseñó su abuela materna, muy religiosa y con quien la niña vivió en Rabat hasta que se reunió en España con sus progenitores. La madre explicaba ayer que, fruto de esa educación, a su hija le gusta leer el Corán y que no deja de recordarle que ella también debe leerlo. Los padres tenían previsto que Shaima regresara a vivir a su país si el colegio continuaba con su decisión de prohibirle llevar el pañuelo islámico. Expertos en religión islámica consultados por Europa Press insistieron en la importancia de que la niña lleve el velo voluntariamente, sin presión de su familia lo que algunos cuestionan dada su edad. El Consejo Islámico de Cataluña aplaudió la decisión de obligar a la escolarización de la niña y dijo que ésta debe poder decidir si quiere llevar pañuelo islámico La historia se repite El conflicto surgido en Gerona por el uso del pañuelo islámico ha reavivado una polémica que ya se hizo patente en 2002 s Entonces, los padres de tres niñas marroquíes se negaron a escolarizar a sus hijas en un centro religioso porque exigía uniforme POR M. ASENJO MADRID. La historia de la pequeña Shaima reaviva una polémica que tuvo su punto álgido entre los últimos meses de 2001 y los primeros de 2002, cuando unos padres marroquíes se negaron a que sus hijas acudieran a clase en un colegio concertado porque la exigencia del uniforme les impedía utilizar el pañuelo islámico o hiyab. Entonces, Fátima Ledrisse y Maiem y Khadija Aharram fueron protagonistas involuntarias de un enfrentamiento que las autoridades educativas de la Comunidad de Madrid- -las niñas residían y debían ser escolarizadas en San Lorenzo de El Escorial- -resolvieron capeando el temporal. Todo comenzó en noviembre de 2001 cuando la Consejería de Educación obligó a los padres de Fátima a llevarla al colegio, y la correspondiente Comisión de Escolarización le adjudicó plaza en un centro concertado religioso de gran prestigio, pese a que el padre había solicitado uno público. Y de ahí surgió el problema. Las religiosas que dirigían el centro advirtieron al padre que su reglamento exigía uniforme y que, si no podían comprarlo, el fondo social del colegio se haría cargo del gasto. El padre pareció aceptar, pero de inmediato comenzó a poner pegas: la falda era demasiado corta, debía utilizar el chándal para gimnasia... Sus exigencias eran cada vez mayores y ni siquiera aceptó la posibilidad de que su hija acudiera al colegio vestida de calle, con el pañuelo, y una vez allí se pusiera el uniforme. Tras estas tensiones, las autoridades adoptaron una solución de compromiso que consistía en escolarizar a la niña provisionalmente en un instituto público y permitirle usar el hiyab. Poco después y, tal vez animados por este episodio, otros padres se negaron a escolarizar a sus hijas, en situación de absentismo escolar, en el mismo colegio religioso, pese a que, como en el caso anterior, se inclinaban por la enseñanza pública. Las tensiones fueron menores, porque la Consejería se mostró más tolerante. La pequeña de las niñas acudió a un centro público y la mayor, al concertado. Casos como los de Madrid se han producido en otras regiones pero las consejerías de Educación han buscado puntos de encuentro y hasta han hecho la vista gorda para evitar fricciones. De hecho, tanto en colegios públicos como en concertados, se permite- -o se tolera- -el uso del hiyab. Ahora renace un problema que no parece ni mucho menos resuelto, sino que permanece larvado. Ni uniforme ni chándal