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16 ESPAÑA Campaña contra la Corona s Bienvenida a los Príncipes en Barcelona MIÉRCOLES 3 s 10 s 2007 ABC LA MONARQUÍA DE DON JUAN CARLOS El Rey encarna la España de todos; incluso de aquellos que la recusan clamaba contra el Rey que había respaldado al dictador durante siete años- -por muy prósperos que estos años hubieran sido- En el seno de mi familia consternada, se discutían las posibles razones de aquel vuelco en el sentir del país. Cipriana (la criada que era uno más en la familia; que nos había visto nacer a todos los chicos) atribuyó ese rechazo a que los españoles se cansan pronto de todo, y Don Alfonso llevaba muchos años reinando: conclusión filosófica con mucho de cierto. Todos estos recuerdos vienen a mí cuando contemplo las incalificables muestras de ingratitud (cierto que minoritarias) alzadas ahora contra el Rey que nos liberó de la dictadura sin provocar rupturas, respaldando una democracia, por fin, auténtica; que la reafirmó en una hora difícil; que, como señalaba Julián Marías, devolvió España a los españoles cumpliendo fielmente la misión en que, siguiendo las orientaciones de su padre, cifraba el ser de la Monarquía: reconciliar a las dos parcialidades enfrentadas años atrás en un feliz encuentro; que ha llevado la mejor imagen de nuestro país a lo largo y ancho de las Españas de Ultramar Si estos logros los hubiera conseguido una República, siempre hubieran supuesto el triunfo de una parcialidad sobre otra, mediante el recurso a la fuerza. Pero el Rey encarna la España de todos; incluso de aquellos que la recusan. La República es lógica en países que nacen a la libertad política sin un pasado secular. La Monarquía está en el fundamento, en el ser de los países que fueron raíces de Europa; y si un error en su trayectoria acabó con algunas de ellas, la fidelidad a su vocación y a su pasado, la capacidad para actualizar en cada momento una tradición inherente a su ser y al de su pueblo supone la mejor garantía de unidad, de integración, de paz para ese pueblo que encarna como ninguna otra Institución. Tal es el caso de la Monarquía de Don Juan Carlos, que supo conciliar a las dos Españas separadas medio siglo atrás por una guerra incivil y abrir caminos de prosperidad y de prestigio nunca recorridos por su país. La consecuencia histórica, frente a la ingratitud de algunos, ha de afirmarla y consolidarla, para que sigan abiertas las sendas de paz y prosperidad que ella nos franqueó hace treinta años. Carlos Seco Serrano Historiador Los Príncipes, en la inauguración de la feria Liber de Barcelona, junto al ministro de Cultura ELENA CARRERAS Montilla, a los Príncipes: En Cataluña se os quiere Don Felipe preside en Barcelona la apertura del Salón Internacional del Libro en un acto de normalidad institucional s Pujol defiende al Rey, víctima, dice, del malestar social IVA ANGUERA SERGI DORIA BARCELONA. La Fira de Barcelona fue escenario ayer de un sentido reconocimiento del presidente de la Generalitat, José Montilla, hacia la Monarquía representada por los Príncipes de Asturias, que presidieron la inauguración del Salón Internacional del Libro. Montilla quiso agradecer la presencia de Don Felipe y Doña Letizia en un acto de plena normalidad institucional en Cataluña y Barcelona, donde se os respeta y se os quiere lo que provocó una espontánea ovación de los asistentes. A continuación, el presidente catalán subrayó que hay que promover el respeto a los símbolos para fortalecer el sistema democrático La presencia de los Príncipes en las instalaciones de la Fira de Barcelona se desarrolló con plena normalidad y sin incidentes que no fueran las diversas muestras de cariño con que fueron recibidos por los asistentes al Salón del Libro. En su intervención, Don Felipe destacó el papel de la cultura catalana y en especial su aportación al sector editorial español y lanzó su compromiso con todas las iniciativas que fomenten el libro y la lectura como herramientas para la formación integral de las personas. El Príncipe tuvo palabras de aliento para las víctimas del terremoto de Perú, que es el país invitado al Salón Internacional del Libro. Por otra parte, el ex presidente de la Generalitat Jordi Pujol y el portavoz del actual Gobierno catalán, Joaquim Nadal, coincidieron ayer en la defensa de Su Majestad el Rey y en valorar positivamente su intervención en la apertura del curso universitario. Pujol señaló que Don Juan Carlos es únicamente la víctima del malestar social provocado por un sistema institucional que no funciona Así, la quema de imágenes del Rey y, sobre todo, la tardía respuesta de la mayoría de las instituciones cívicas y políticas catalanas no es a causa de una pérdida de consideración hacia el Rey, sino de la crisis de confianza en el sistema. Un sistema que tiene al Rey como vértice consideró Pujol, quien concluye que no es por culpa del Rey, pero el sistema no funciona En este contexto, y tras defender la figura del Monarca, el ex presidente catalán añade en un editorial de su Centro de Estudios una consideración que algunos sectores interpretan como un reproche a Don Juan Carlos. Opina Pujol que la tibieza de la respuesta de las instituciones y la sociedad catalana a los ataques a la Corona se explica porque desde hace tiempo a los catalanes no nos defiende nadie cosa que no sirve para estimular a nadie, ni a favor del Rey Así, Pujol parece recriminar a Don Juan Carlos una supuesta pasividad ante los ataques sufridos por Cataluña durante el debate estatutario. El crecimiento económico y sus repercusiones sociales, el gran beneficio que ha representado la integración europea y la alegría consumista pueden disimular este malestar. Hasta el día en que unos empiezan a quemar fotos, otros a hacer tambalearse la estructura territorial, y unos terceros a crear un clima político y mediático insano concluye. Hay que promover el respeto a los símbolos para fortalecer la democracia destacó Montilla ace 70 años de mi primer encuentro directo con la Monarquía. El año 27 (1927) fue uno de los más dichosos de nuestro atormentado siglo XX: En él se concluyó, felizmente, la prolongadísima guerra de Marruecos; la paternal dictadura del marqués de Estella vivía entonces su mejor momento. Y Alfonso XIII celebraba sus bodas de plata con el trono, es decir, de su asunción del poder al llegar a la mayoría de edad; porque Rey en propiedad lo era desde su nacimiento. Para celebrar el fin definitivo de la prolongadísima guerra que había asegurado el protectorado español en el norte de África, Don Alfonso y Doña Victoria Eugenia hicieron una visita a lo largo de Rif, iniciándola en Tetuán y culminando su recorrido en Melilla. Mi familia- -como todas las familias españolas residentes por entonces en Tetuán- -acudió a la explanada en que tomaron pie los Monarcas en las afueras de la ciudad. Alguna vez he relatado la decepción que me produjo- -cuando esperaba ver unos reyes de cuento de hadas, con sus coronas y mantos reales- la aparición, en elegantes automóviles, de un militar de buena planta y alta estatura, y de una dama deslumbrante, vestida y tocada de blanco. Cuando me dijeron que aquellos eran los Reyes pensé que me habían engañado, pero el entusiasmo y los vivas de la multitud expectante eran una evidencia. Sólo cuatro años después me sorprendió, en Villa Sanjurjo, la manifestación a favor de la República de unas masas- -cierto que relativas, en población tan pequeña- -que exigían el izado de la bandera tricolor en el palacete de la Intervención Civil- -residencia de nuestra familia- -lanzando mueras contra el Rey. En mi mente infantil resultaba difícil conciliar el entusiasmo a favor de los monarcas que poco antes había vivido en Tetuán, y la repulsa- -el odio- -que se me hacían presentes ahora en Villa Sanjurjo. En el 27 se vivía el auge de la dictadura que el Rey aceptó al comprobar el entusiasmo con que el país en masa la acogía; ahora, en el 31, ese mismo país H