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ABC MARTES 2- -10- -2007 CIENCIAyFUTURO www. abc. es cienciayfuturo 79 EL RASTRO DEL DIETILENGLICOL Bélgica Alemania Canadá EE. UU. México Nicaragua Costa Rica Panamá Colombia Belize Honduras Bermuda Turks and Caicos Rep. Dominicana Barbados Gran Bretaña Irlanda Francia España Portugal Países en los que se ha detectado el dietilenglicol Cronología 10 de mayo: Panamá reconoce la venta de pasta contaminada con dietilenglicol (DEG) y la exportación a la Rep. Dominicana 25 de junio: Japón retira millones de tubos de dentífrico contaminados 2 de julio: Belize detecta niveles peligrosos en tubos de Colgate 5 de julio: Canadá denuncia que 24 marcas de China están contaminadas 10 de julio: España e Italia hallan la pasta contaminada en neceseres repartidos en los hospitales 6 de agosto: Mozambique retira 42.000 tubos de Colgate 8 de agosto: Estados Unidos detecta marcas contaminadas en once estados 13 de agosto: La retirada continúa en Bélgica, Francia, Alemania, Turquía, Canadá, Australia y Emiratos Árabes 7 de septiembre: Gran Bretaña detecta dietilenglicol en la marca Sensodyne Suiza Italia E. A. U. Arabia Saudí China Japón Taiwan Vietnam Venezuela Ghana Nigeria Kenia Singapur Australia Mozambique Nueva Zelanda Un único consumidor detuvo una intoxicación masiva en 34 países Eduardo Arias, un panameño de 51 años, peregrinó por oficinas gubernamentales hasta que pudo denunciar la venta de pasta de dientes china con dietileno glicol ANNA GRAU NUEVA YORK. Luego nos quejaremos de la globalización. Pues gracias a ella un hombre tranquilo y de la calle puede haber evitado un envenenamiento internacional masivo. Eduardo Arias, un panameño de 51 años, detectó el pasado mes de mayo que había dietileno glicol en un dentífrico procedente de China, vendido en 34 países. The New York Times dedicaba ayer una extensa cobertura a la historia de Eduardo Arias, perteneciente a la etnia amerindia de los Kuna. Se crió en una reserva y se ganaba la vida remando en canoas. Ahora vive solo en un pequeño apartamento en Panamá City. Arias fue un sábado por la mañana a denunciar que había visto algo que podía amenazar el bien común. Algo que, por cierto, se les había pasado a las autoridades de su país y de muchos otros. Los burócratas de la Sanidad panameña mandaron a Arias hasta a tres oficinas de diferentes centros y hospitales antes de hacerle el menor caso o de entender de qué les estaba hablando. Tuvo que discutir para que le dieran un formulario. Ahora produce escalofríos pensar que este hombre se podía haber hartado, dado media vuelta y olvidado de decir que el dietileno glicol figuraba en la lista de componentes de un dentífrico que había estado a punto de comprar él mismo. Eduardo Arias no daba crédito a lo que veía en la etiqueta. Ni a que no lo viera nadie más. No hace ni un año, en octubre de 2006, el dietileno glicol se hizo tristemente célebre en Panamá: más de 40 personas murieron y más de 90 quedaron discapacitadas por tomar un expectorante que contenía esta sustancia. Pero ya entonces el dietileno glicol era un viejo y conocido enemigo de la salud pública. Una intoxicación masiva mató a 107 personas en Estados Unidos en 1937 y fue el detonante de que en 1938 se creara una ley federal para controlar los alimentos, los productos farmacéuticos y hasta los cosméticos. Desde entonces esta sustancia tóxica ha seguido cobrándose vidas, sobre todo en el Tercer Mundo, donde es más difícil detectar su uso inconsciente, encubierto o directamente fraudulento. Aunque en 1985 se descubrió que también había sido usada para endulzar y dar más cuerpo a vinos tintos semi- secos austríacos. Austria no ha vuelto a exportar vino que no sea muy, muy seco. Cuando en mayo de 2007 finalmente llegó a puerto la denuncia de Eduardo Arias en Panamá, la alerta roja internacional se disparó de Vietnam a Kenya y del Caribe a Canadá, donde la contaminación había afectado a veinte marcas. Sólo en Japón hubo que retirar 20 millones de tubos. Se detectó que este dentífrico había sido suministrado en Estados Unidos a presos, enfermos de hospital y de psiquiátrico, jóvenes en reformatorios... A España también llegaron los tubos de dentífrico contaminado. No sólo aparecieron en las tiendas orientales, con menos controles. También se descubrieron en los neceseres de regalo de hospitales, hoteles y en los aviones. El Ministerio de Sanidad español intentó tranquilizar a la población y explicó entonces que el riesgo de intoxicación era mínimo. Tirando del hilo de la contaminación se llegaba una vez más a China, cuyas factorías ya han arrojado al mundo varios productos que no pasan los controles sanitarios que en Occidente se consideran mínimos. Las autoridades chinas minimizan las denuncias y los riesgos, y atribuyen todo este clima de alarma al deseo de debilitar sus exportaciones, que amenazan más de una balanza comercial. ¿Será para alejar esas acusaciones que The New York Times ha hecho un trabajo de investigación periodística casi tan fino como el del caso Watergate, para encontrar a Eduardo Arias? Porque en la Sanidad panameña no han cambiado: no tenían ni idea de quién era él, ni de cómo empezó la denuncia. Pero al margen de las reyertas comerciales entre países, el rostro sereno y humilde de Eduardo Arias da al caso una nueva dimensión humana, recordando que cuando las advertencias científicas fallan y los controles sanitarios se ignoran, las consecuencias siempre las pagan los más débiles, que son los que pueden verse más tentados por los productos de bajo precio. O a hacerse menos preguntas de cómo se consigue, a veces, que lo más barato lo sea tanto. Lo barato sale caro El veneno de almíbar El dietileno glicol es un compuesto orgánico que, disuelto en agua, se usa para refrigerar sustancias y ayudarlas a resistir mejor los climas muy cálidos. Es capaz de hacer descender la temperatura de congelación al mismo tiempo que eleva la de ebullición. Lo podemos encontrar en numerosos productos, desde ingrediente de los líquidos de frenos hasta en el humectante del tabaco, la tinta o la cola. Pero su uso está prohibido en los productos de higiene y cuidado personal. Por esta vía puede producir una intoxicación capaz de desencadenar un fallo renal y, en dosis altas o en combinación con cuadros de hipertensión o diabetes, a la muerte. Por esta razón ha sido muy perseguida su utilización como equivalente barato de la glicerina en la industria cosmética. Por un empeño personal En España también se distribuyó la pasta de dientes contaminada en neceseres de regalo de hospitales y hoteles Más información: http: www. fda. org