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74 CULTURAyESPECTÁCULOS MARTES 2 s 10 s 2007 ABC Ricardo García Cárcel Historiador HOMBRE SIN TIEMPO PROPIO Publican la gran biografía del Duque de Alba de William S. Maltby Jacobo Siruela reúne en el palacio de Liria a García de Cortázar y García Cárcel TULIO DEMICHELI MADRID. Jacobo Siruela ha querido presentar la biografía que el historiador norteamericano William S. Maltby escribió sobre Fernando Álvarez de Toledo, El gran duque de Alba (Atalanta) en la biblioteca del madrileño palacio de Liria bajo el retrato de su abuelo, Jacobo Fitz James Stuart, XVII duque de esa Casa, quien editó en 1952 el Epistolario de su ancestro. Aunque el editor hasta ahora no había publicado ninguna obra sobre la historia de su familia, con este libro inaugura la colección Casa de Alba, cuyos próximos volúmenes se dedicarán al Palacio de Liria (saldrá en 2009) el palacio de Dueñas y el de Monterrey. Luego, Siruela justificó la publicación de esta obra porque el próximo 29 de octubre se cumple el quinto centenario de su nacimiento. En cualquier caso, se trata de la mejor biografía que se ha escrito del III Duque de Alba, a la que Maltby dedicó doce años de trabajo, inviertiendo mucho tiempo al estudio de las cerca de 3.000 cartas que se conservan aquí, en el archivo de Liria. No se trata de cartas personales, sino políticas- -precisó- pero a través de ellas se ve al personaje. Creo que este libro nos empieza a dar su verdadero perfil histórico, pues hasta ahora el Gran Duque de Alba ha sido más un mito que una figura histórica, y no sólo por la Leyenda Negra, sino por el lobby de historiadores protestantes que siguen propagando esos arquetipos El historiador Fernando García de Cortázar comenzó su intervención recordando a Lord Acton quien, a principios del siglo XIX, recibió el encargo de dirigir la monumental Cambridge Modern History, y propuso una metodología objetiva mediante la cual nuestro Waterloo sea satisfactorio para franceses e ingleses, alemanes y holandeses por igual El fundamento de la seguridad de Lord Acton en poder alcanzar una objetividad tal dependía de su absoluta confianza en los hechos y en su valor histórico Esa reflexión le parece fundamental ahora, al presentar esta obra, porque el poderoso personaje está en el centro no sólo de la manipulación y el arrebato sentimental que ha sufrido y sufre la Historia del Imperio español, sino también del olvido y la amnesia que se ciernen sobre los días gloriosos del siglo XVI La imagen negra de España, tierra del rey fanático y cruel, del despiadado inquisidor y del conquistador salvaje, del fraile mezquino y del noble perezoso estaba condicionada, según explicó el historiador, por la hegemonía militar del Imperio y la política internacional de Felipe II. Fue la guerra de propaganda, en un tiempo en el que el libelo era la gran arma de opinión en manos del Estado La Leyenda Negra se articuló alrededor del reinado de Felipe II y tuvo, en su opinión, cuatro aspectos fundamentales: La Inquisición, la muerte del príncipe Carlos, la política española en los Países Bajos con el Gran Duque de Alba como actor principal y, por último, el trato cruel a los indios americanos Esa maraña luego sería rescatada por los románticos y, sobre todo, por los nacionalistas. Lamentó que los españoles hayamos interiorizado esa imagen negativa y luego apuntó a imagen de la historiografía reciente nos ofrece de él un perfil mas complejo de lo que el arquetipo siniestro de la Leyenda Negra nos trazó. Fue un noble altivo con extraordinaria conciencia estamental y vocacion mesiánica de héroe irredento. Pero tampoco se movió mal en el mundo de la diplomacia. De hecho conjugó guerra y paz desde su nacimiento en 1507 en Piedrahíta. Huérfano de padre a los tres años, tuvo preceptores italianos. Su abuelo intentó que fuera Luis Vives su maestro, pero no lo consiguió. Su amistad con Boscán y Garcilaso le marcó con una formación humanistica notable. Como militar destacó en diversos frentes mucho antes de su gobierno en Flandes (Fuenterrabía, Túnez, invasión de Provenza, Argel... Sus momentos de gloria fueron Mülberg, montando un caballo blanco y una armadura blanca, y su camino triunfal hacia Lisboa. Su momento más patético es el de 1574 con su cese en el gobierno de los Países Bajos. Un gobierno ciertamente desastroso el que ejerció en Flandes, juzgado como tal, por los propios españoles. Alba fue un hombre de mal carácter, esclavo de su disciplina, fiel a las costumbres tradicionales y pesimista progresivo en tanto que el mundo cambió radicalmente a lo largo de su vida. Fue el hombre sin tiempo propio, permantemente al lado del Rey, cuyo servicio antepuso a sus obligaciones familiares. Un servicio que los Reyes, especialmente Felipe II, no valoraron adecuadamente. Su mayor limitación fue la rigidez de sus principios, la incapacidad de comprender los tiempos barrocos que se iniciaban con las estrategias de disimulación y fingimiento. Obsesionado por la reputación de la Monarquía, fue víctima de la coyuntura difícil que le tocó vivir (el despegue de la Contrarreforma con el año terrible de 1568) y a la postre pagó por su personalismo todo el coste de la imagen histórica de Felipe II. El triunfo final de Alba en Portugal no alivió su melancolía de héroe cansado- -similiar a la del último Hernán Cortés o la del último Gonzalo Fernández de Córdoba- en la que latió siempre el suspiro del Mio Cid: Que buen vassallo si oviese buen señor L García de Cortázar, Siruela y García Cárcel, ayer, en el palacio de Liria La manipulación y el arrebato Aunque el editor hasta ahora no había publicado ninguna obra sobre la historia de su familia, con este libro inaugura la colección Casa de Alba, cuyos próximos volúmenes se dedicarán al palacio de Liria (saldrá en 2009) el palacio de Dueñas y el de Monterrey Grabado anónimo del siglo XVI que ilustra la leyenda negra que, a pesar de la retórica imperial, tampoco la figura del Duque de Alba resultaría cómoda durante el franquismo. No le interesó evocar su imagen porque fue un perdedor, cuya política en los Países Bajos fracasó- -afirmó García de Cortázar- Era mucho más vendible la imagen de Juan de Austria, que al menos murió joven y triunfador. Alba murió tarde y con la imagen de fanático perdedor, de modo que quedaría encerrado en el armario en el que todas las naciones guardan sus malos recuerdos nacionales