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ABC MARTES 2- -10- -2007 Huelva renueva al director de la Fundación enfrentado con la familia de Juan Ramón 73 El lado oscuro de la inspiración El cantante Pete Doherty comparece hoy ante la Justicia británica por culpa de su adicción a las drogas. El binomio música y estupefacientes no es nuevo; el caso de Doherty tiene varios precedentes IGNACIO SERRANO MADRID. Compañeros de viaje, binomio perfecto, pareja inseparable. Para muchos, la historia de la música no hubiera sido la misma sin las drogas, que han llevado a no pocos artistas a la locura o la muerte. No es exclusivo de nuestros días- -ya compositores como Wagner, Strauss o Gounod escribieron bajo los efectos de diversas sustancias- pero hay varios casos recientes muy llamativos. En los cincuenta, un pastillero llamado Elvis paría una criatura llamada rock roll, a quien Bob Dylan enseñaría a gatear entre nubes de marihuana. Finalmente, el niño echaría a andar de la mano de unos anfetamínicos jóvenes británicos llamados The Beatles. Así comenzaba la época más fértil del affaire entre música y drogas. Nuevos estimulantes abrieron múltiples posibilidades para la naciente rebeldía juvenil: anfetaminas, LSD, cocaína, mescalina... Un original catálogo de sustancias se convirtió en fuente de inspiración para miles de compositores, que no parecían preocuparse demasiado por el futuro de su salud mental, quizá ignorantes de los calvarios sufridos por los jazzmen años atrás. Grateful Dead, por ejemplo, reconocían que no habrían podido componer su música sin los alucinógenos. Los Beatles, pese a la inofensiva imagen que exhibían en sus primeros tiempos, fueron desde bien pronto consumidores de todo tipo de drogas. Sus primeros colocones fueron a base de Preludin, un adelgazante que les producía una enorme hiperactividad. Tras pasar por las anfetaminas, se aficionaron a la marihuana, que no eran capaces de dejar de consumir ni el Palacio de Buckingham (se fumaron un canuto en los baños, mientras la Reina les esperaba para nombrarles Caballeros del Reino) Pero, sin duda, la droga que marcó la personalidad y el estilo musical de los Beatles fue el LSD, indispensable durante la grabación de Sgt. Pepper s Lonely Hearts Club Band Durante el resto de la década, serían miles los grupos que reconocían abierta y orgullosamente componer bajo los efectos de las drogas, especialmente las alucinógenas como la mescalina (presente en cactus como el peyote) la psilocibina (en los hongos mágicos y el LSD. Hasta la fecha, los sesenta han sido sin duda alguna el momento de mayor creación artística inducida por sustancias alteradoras de la conciencia. En los setenta volvieron a irrumpir en escena la heroína y la cocaína, que se convirtieron en pasajeros habituales de los bolsillos y maletas de los músicos. La Velvet Underground y los Rolling Stones reconocían haber compuesto temas como Heroine o Brown sugar inspirados por la heroí- Pete Doherty, en una imagen reciente na, que les inyectaba altas dosis de creatividad entre pinchazo y pinchazo. Eric Clapton versioneó de forma genial el Cocaine de J. J. Cale tras superar un bache con la dama colombiana. Pero no todos tuvieron tanta suerte. Atrás quedaban Jim Morrison, Janis Joplin, Jimi Hendrix, muertos por sus incontables excesos, y Peter Greene o Syd Barret (cantantes de Fleetwood Mac y Pink Floyd) abandonados a su suerte en un eterno viaje alucinógeno tras consumir ingentes cantidades de LSD. La cocaína supuso una fuente de inspiración para los artistas del nuevo sonido de moda, la música disco. El mundo empezaba a moverse con rapidez, y así ocurrió con los hábitos relacionados con las drogas. A la cocaína se le unió el boom del speed, que utilizaban tanto los reyes del glam David Bowie y Marc Bolan como los gamberros del punk Sid Vicious y Johnny Ramone. Los nuevos estilos musicales estrechaban relaciones con las drogas, con manifestaciones clarísimas como la aparición del reggae. En lugares como Manchester, a finales de los ochenta empezaron a surgir bandas como Joy Division, que traían un nuevo sonido que, fundiéndose con lo último de la música disco, ponía la semilla del techno y el resto de músicas electrónicas. Y, cómo no, esta nueva co- AP En los 70 irrumpieron en escena la heroína y la cocaína, pasajeros habituales de los bolsillos y maletas de los músicos rriente musical tenía su propia sustancia estupefaciente: el éxtasis o MDMA. Desde finales de los noventa, el éxtasis se ha convertido en elemento casi inseparable de la creación de música electrónica. Es consumido por artistas y fans, dj s y clubbers, adquiriendo las sesiones (que no conciertos) un sentido tribal inducido por la sensación de amor y empatía que produce el MDMA. Este movimiento tomó un nuevo rumbo en tierras españolas. En 1987, varios dj s británicos pasaron sus vacaciones en Ibiza, donde descubrieron la fuerza de la combinación del éxtasis con su música. Al regresar a Inglaterra, organizaron fiestas clandestinas en edificios en ruinas, descampados y túneles ferroviarios abandonados, a imagen y semejanza de lo que habían visto en sus noches ibicencas, gestándose el prototipo de las actuales raves.