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ABC MARTES 2 s 10 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA MONÁRQUICOS DE LA SECRETA UES el Rey no estará solo, pero lo parece. Muy acompañado no se le ve cuando él mismo tiene que recordar las décadas de estabilidad que ha traído la Corona. Se ve que no le consuelan mucho las preces de monseñor Cañizares, ni los apoyos entusiastas del ministro de Defensa o del secretario de la UGT, ni las llamaditas afectuosas de esos próceres contritos que dejan recado privado en la Zarzuela, como si fuera de mal gusto alzar la voz en cualquier foro público o en un papel. Se nota que le confortan poco esas críticas tan leales que atravieIGNACIO san el corazón de pura CAMACHO lealtad. O que no acaba de sentirse respaldado con tanto cariño tan sincero que quienes se lo profesan no consideran de buen gusto hacerlo en voz alta para no parecer cortesanos. Porque los sentimientos, Majestad, se llevan en el alma y no hay que estar haciendo todo el rato ostentación de lo evidente. Ni acercarse más de lo justo no vaya a ser que salpique el barro de la cacería. Nunca se habían visto en España tantos monárquicos secretos. Todos desasosegados por la escalada del republicanismo independentista, todos inquietos por el auge del deporte de quemar fotos, todos incómodos por el radicalismo verbal de los exaltados de la derecha, todos alarmados por los tiros dialécticos que suenan en las tapias del fragor cainita, todos escandalizados por la casquería cotilla del mercado de las insidias... y todos callados. Unos para no perder votos entre esa izquierda levantisca y catorceabrileña que siempre asoma en nuestra trágica memoria colectiva; otros, para no indisponerse con los que firman los contratos públicos; los de más allá, para no señalarse demasiado y perder el puestecillo en las listas del partido o en la burocracia autonómica; los de más acá, para que no les echen cicuta en el desayuno o les muerdan el anillo cuando lo dan a besar. Callados, silentes, mudos. Pero preocupados sí están. No hay más que ver con cuánta solemnidad lo comentan por lo bajinis, tan responsables en su susurro de meditaciones patrióticas, tan agitados en su conciencia cívica por esta funesta manía de cuestionar las cosas serias, tan desalentados ante el rumbo de los acontecimientos. Dónde vamos a llegar con este fuego cruzado. Y ellos, por si acaso, se agachan para que no les alcance de refilón la metralla. Se agachan hasta reptar con su dignidad por el suelo de los principios. Para no echar más leña al fuego, dicen, como si el fuego no asomase ya en las noches de hogueras mediterráneas ni en las mañanas de sumarísimas ejecuciones retóricas. Para no enconar las cosas, como si poner en solfa la cúpula del Estado fuera un pasatiempo inocente de pueblo maduro. El Rey sabe que no está solo, aclaran, no hace falta sacar pecho en su defensa. Pues menos mal que lo sabe, porque oírlo, no lo oye de labios de tan selecta compañía. Lo sabrá porque, después de tanto tiempo reinando, habrá aprendido a conocer de sobra a su pueblo. P PELIGROS DEL MOMENTO PRESENTE LISTAS ABIERTAS E L momento presente llegó preñado de asimetrías y azares, de límites inestables, consensos tergiversados y propensiones centrifugadoras. Ya hemos pasado por fases equiparables, y en algún instante apareció la calma, pero incluso si todo eso fuese estrictamente parte de un ciclo, difícilmente se puede evitar que vaya dejando un poso de residuos tóxicos. De repente, muchos factores concurren en forma turbulenta- -el desafío de Ibarretxe, los ataques a la Corona, la incertidumbre catalana- -contribuyendo a demostrar que esa cadena de acontecimientos- -deliberadamente sistematizados o no- -puede provocar que las piezas previamente encajadas dejen de casar, hasta el punto de que la fluidez se convierta en desorden. En el caso de Cataluña, lo que hace unos años era un núcleo fácilmente aislable de independentismo violento ahora protagoniza los titulares. Por ejemplo: la idea de que el orden público era una exportación madrileña y que, al pasar de la Guardia Civil a los mossos d esquadra todo sería apacible y democrático no era más que una falacia. La distancia entre la elevada aceptación popular de la institución monárquica y la mínima cuantía de sus reproVALENTÍ badores es astronómica, pero no cuenPUIG tan menos los modos impunes de reprobación, la indiferencia de las fuerzas de orden público en Cataluña y la sospecha de que argumentos tan rupestres proceden de una intoxicación educativa y mediática que es ahora mismo un elemento sistémico de los poderes autonómicos. Una carencia de lideratos intelectuales se suma a la desarticulación permanente de la opinión pública. En no pocos casos ya estamos hablando de crisis moral y no tan sólo política. Sea para gobernar o estrictamente para afianzarse en el poder, las tácticas políticas de Zapatero a menudo carecen de sentido de la proporción. Sus jugadas tienen naturaleza exenta, desligadas de una visión general. En el mayor de sus errores y no la menor de sus apuestas, creyó que rectificando el pasado inmediato de España- -desde la Segunda República a la guerra civil- -sanearía en be- neficio de la hegemonía socialista un presente en el que la derecha le estorba y le distorsiona el reparto de bondades: esa fue la operación Memoria Histórica, para la que contaba con sus aliados, IU y ERC. Para algunos analistas, todo fue un gran plan preconcebido; para otros se trata de una suma de iniciativas concretas que han acabado por alcanzar el volumen de la arbitrariedad desmesurada. De uno u otro modo, estamos ante un caso de abuso de poder político. Al revisar la transición democrática también ha afectado a la Corona. En realidad, la responsabilidad política implica considerar al menos las consecuencias de lo que se acomete. En un relato de Bradbury, unos cazadores hacen marcha atrás en el tiempo y, ya en la prehistoria, causan sin querer la muerte de una mariposa. Regresan al presente y ven que no es como lo dejaron porque la muerte de aquella mariposa ha desencadenado un proceso de proporciones sin medida. En la apariencia de los días presentes, algo de eso hay: Zapatero ha provocado el efecto mariposa, sus aliados lo glorifican y la oposición no acaba de saber cómo calmar las aguas y a la vez aprovechar su recuperable quietud. Ibarretxe lo fomenta, Montilla no lo controla y los nuevos encapuchados toman la calle extendiendo su difusión como una mancha de aceite. Al contrario de las tesis de la Generalitat, lo provocativo es la debilidad y la concesión impropia está en la suspensión de la ley. Algo no va bien cuando el ciudadano puede llevarse la impresión de que toda una arquitectura institucional sólida y contrastada no impide que el chapoteo salpique la bóveda que todo lo vertebra y sostiene. Esos son los peligros del momento presente. La ausencia de banderas españolas en ayuntamientos vascos o catalanes va de la mano con la búsqueda descarada de un conflicto a cara de perro con el Estado por parte de quien preside el Ejecutivo vasco. Analfabetos sin remedio tatarean algo así como el himno de Riego en los programas de salsa rosa. Zapatero estuvo cazando mariposas cuando para la gran mayoría de ciudadanos- -votantes del PP o del PSOE- -lo que de verdad hace falta es estabilidad política y crecimiento económico. vpuig abc. es