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70 TOROS www. abc. es toros LUNES 1- -10- -2007 ABC La finura de Curro Díaz y una estocada de Perera SAN MIGUEL Real Maestranza de Sevilla. Domingo, 30 de septiembre de 2007. Segunda y última de feria. Tres cuartos de entrada. Toros de Alcurrcuén, serios, mansos y parados en conjunto; destacó el 4 Curro Díaz, de rosa y oro. Pinchazo y estocada (saludos) En el cuarto, pinchazo y media estocada (leve petición y vuelta al ruedo) Miguel Ángel Perera, de verde botella y oro. Gran estocada (oreja) En el quinto, dos pinchazos, pinchazo hondo y dos descabellos. Aviso (palmas) Salvador Cortés, de rioja y oro. Estocada desprendida defectuosa (palmas) En el sexto, bajonazo (silencio) ZABALA DE LA SERNA SEVILLA. Los hombres del tiempo se equivocan más de lo que nos equivocamos los críticos taurinos. Pronosticaron lluvia para ayer y sol para anteayer. Pleno invertido, erróneos diagnósticos, opuestos. Como opuestos son los conceptos de Curro Díaz y Miguel Ángel Perera, la finura frente a la contundencia, la delicatessen frente a la solidez, la pinturería frente al dominio. Díaz se entretuvo en pintar un puñado de carteles de toros con el cuarto, el mejor y más óptimo representante de la mansa y seria corrida de Alcurrucén. Usó su largo cuello para descolgar y humillar con viaje y nobleza. El artista jiennense saboreó y disfrutó con una faena sabrosa. Como disfrutamos todos. Torea con La pinturería de Curro Díaz caló en la Maestranza gusto, el mentón en la pechera y el aroma en los vuelos. Los fogonazos de trincherillas, trincherazos, ayudados por bajo y cambios de mano se plasmaron en la retina de la memoria. Torería y buen hacer sobre la mano derecha, intermitente la embestida a izquierdas. Al final de la obra, que fue concentrada, medida como una docena de ostras, que siempre parece corta, el núñez de Alcurrucén salía ya con la cara a su aire. Lástima que Curro Díaz no redondease con la espada. Fue a la segunda la media estocada. Tan colmados quedaron los paladares que le obligaron a pasear el anillo maestrante en son de triunfo. Vuelta con mayor fundamento que algunas orejas de San Miguel. Díaz sorteó el lote del sexteto, pues el toro que rompió plaza, aun sin humillar y paradote, tuvo manejable condición. Había que llegarle con la muleta muy cerca, eso J. L. ORTEGA sí, cosa que el torero de Linares hizo con acierto y a su altura, compuesta la figura. No duró mucho la cosa porque el fondo del toro no dio más allá. Fue obligado a saludar desde el tercio para abrazar una ovación. Miguel Ángel Perera, que viene arreando fuerte, lidió a la perfección al segundo de la tarde con los capotazos justos y contados y con milimétrica precisión de analista en el caballo. Pero nada más iniciar la faena el toro se le coló por el pitón derecho con violencia. Obligó al torero a tocar con fibra sobre esa misma mano en las siguientes tandas; el toro seguía metiéndose, venciéndose. Firme y valiente, Perera no paró de atacar. Diríase que incluso en tromba, arrollando a veces el espacio vital, comiéndose el terreno. Dos oleadas consecutivas se tragó al natural, y volvió a la guerra asentado y en redondo pero más embarullado por el mencionado planteamiento de continuo ataque. Sería una monumental estocada lo que declinó la balanza del premio, como antiguamente: una estocada, una oreja. Por mucho que se esmeró en dosificar y cuidar al toro que sumó quinto, no le duró nada. Se le vino abajo de golpe y porrazo. Perera pisó con seguridad el terreno vetado y minado. Sin embargo esta vez se demoró con el acero, más por culpa del adversario que por demérito propio. Constantemente se distraía y se descuadraba el toro. Salvador Cortés apechó con dos mansos deslucidos de diferentes ideas, más quedo e inocuo uno e incierto y agresivo el otro. De cualquier manera, se espesó una enormidad y, salvo las verónicas de saludo al sexto allí en la querencia, poco o nada luminoso se anotó en su balance. Resolvió con un espadazo en los bajos, aunque, más que al toro, la sensación generalizada fue de que el verdadero bajonazo se lo había llevado la tradicional fecha del 12 de octubre, cuando está anunciado en solitario con seis toros. FERIA DE OTOÑO Monumental de las Ventas. Domingo, 30 de septiembre de 2007. Segunda corrida de la Feria de Otoño. Tres cuartos largos de entrada. Toros de Núñez del Cuvillo, bien presentados, de noble comportamiento en líneas generales; 3 y 4 ovacionados en el arrastre. Uceda Leal, de malva y plata. Estocada desprendida (silencio) En el cuarto, estocada (oreja y vuelta al ruedo) César Jiménez, de negro y oro. Tres pinchazos, otro pinchazo hondo, estocada y dos descabellos. Aviso (silencio) En el quinto, estocada (silencio) Matías Tejela, de verde botella y oro. Estocada baja (saludos tras petición minoritaria de oreja) En el sexto, tres pinchazos, otro hondo y tres descabellos. Aviso (silencio) Uceda y el toreo de siempre ROSARIO PÉREZ MADRID. En una tarde a media luz, entre los claroscuros del cielo, la faena de Uceda Leal resplandeció como una bombilla de alto voltaje. Por Otoño, el matador madrileño desnudó su alma como los árboles despojan sus ramas. Precioso el prólogo, un poema a la torería. Las series, por ambos pitones, profundas como las raíces del western de George Stevens. Ofreció el medio pecho, embebió al toro en las telas y barrió la arena con la cintura rota. Ése es el toreo de siempre se oyó en los tendidos en medio de esos oles roncos que brotan del corazón. Cambios de mano, trincherillas y pases de pecho colosales, sin olvidar las verónicas de sabor añejo del principio. Y como colofón, una estocada, tan honda como la obra. La plaza se convirtió en una nube blanca y Uceda paseó una oreja de las de verdad. Con el primero, el de más volumen de la potable corrida de Núñez del Cuvillo- -apta para sumar trofeos- el viento enredó su labor. La contundencia estoqueadora del director de lidia ya la hubiese querido para sí Tejela, que puntuó al alza, pero se quedó a las puertas del triunfo por culpa del acero. Toreó con temple y gusto al noble tercero y, muy firme, se mostró por encima del soso sexto. Después de la lección de Uceda, la actuación de César Jiménez, al que recriminaron constantemente la colocación con el manejable segundo, pareció tan ligera como la dieta de una modelo. Soberbio natural de Uceda Leal, que cortó una oreja de peso BOTÁN