Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
18 ESPAÑA Campaña contra la Corona s La derecha ante la Monarquía DOMINGO 30 s 9 s 2007 ABC ¿Existe la derecha republicana? La Transición despejó las dudas sobre el compromiso de la Corona con la restauración de las libertades en nombre de una derecha que terminó repudiándoles. Hubo, pues, republicanos que viajaron de la izquierda a la derecha. O, quizás, que se quedaron quietos mientras las que mutaban eran la izquierda y la derecha. Y hubo monárquicos que se hicieron republicanos. Pero ellos sí que no querían moverse. Consideraban que la que se había movido era la Corona, rompiendo las reglas del juego. Creían que Alfonso XIII había violado su juramento de defender la Constitución al apoyar la Julio Gil Pecharromán Profesor de Historia Contemporánea de la UNED y autor de La II República española Republicanismo y Derecha parecen conceptos antitéticos en la España contemporánea. Aquí, el tópico vincula la República a opciones de izquierda, progresistas o revolucionarias, según la óptica con que se las aborde. Y la Monarquía aparece doctrinariamente apoyada por sectores vinculados a la defensa del orden social, la religión, la propiedad privada, la libre empresa, etc. Monarquía y República trascienden así su condición de meras formas de encarnación de la Jefatura del Estado para adquirir valores morales, como sistemas opuestos en la organización toda de la vida nacional. Algo de esto se ventilaba en las crisis de 1868, 1931 y 1936. Y algo de ello parece volver a fluir por los cauces del ruido mediático, convocando a los españoles a un debate que tiene mucho de referente histórico. ¿Ha existido una derecha republicana en España? No abundan los ejemplos. Pero los hay. El más claro, por supuesto, aquel que se tituló expresamente Derecha Liberal Republicana, la del ex ministro de la Corona Niceto Alcalá- Zamora, la de Miguel Maura, hijo del líder conservador y conservador confeso él mismo. Es bien sabido el papel que jugaron en el derribo de la Monarquía. También, lo rápidamente que se frustraron sus expectativas de poner en pie una gran derecha republicana y democrática, que mantuviera el pulso parlamentario a la izquierda. Y hubo otros grupos que apostaron por la República de derechas que hubiera debido cuajar en 1934. Está, desde luego, el proceloso asunto de si el Partido Radical de Lerroux era derecha en ese momento. Lo eran, desde luego, los liberaldemócratas de Melquíades Álvarez, tras un breve viaje de ida y vuelta hacia la Monarquía. También los conservadores del Partido Agrario, republicanos de última hora y defensores a ultranza del orden rural amenazado. Y podrían haberlo sido, si es que no lo fueron, los posibilistas de la CEDA- -Luis Lucia, Giménez Fernández- -que gobernaron una República que no los aceptaba, dictadura de Primo de Rivera y que con ello había perdido la legitimidad de origen. Salvo escasas excepciones, en los neorrepublicanos de 1930, como en los de 1934, no había una auténtica conversión a las esencias doctrinales del credo republicano. Había en ellos la convicción, moral pero también pragmática, de que la República era la última oportunidad para la defensa de un orden liberal parlamentario que posibilitara procesos de modernización asumidos y desarrollados por una derecha democrática. Terminaron desengañándose. Pero cuando muchos de ellos iniciaron un penoso retorno individual hacia las po- siciones de partida, fue para descubrir que aquella Monarquía que en su momento rechazaran, no tenía ahora futuro y que, guerra civil mediante, la dictadura de Franco era un mal menor. Es posible que, de No parece probable que, mientras la Monarquía asuma el papel que le marca la Constitución, surjan en la derecha voces que pidan la República haber cuajado, la Monarquía del 18 de Julio, la que debía suceder al Generalísimo, hubiese retornado al campo republicano un sector de la derecha democrática. Pero la Transición despejó sus dudas sobre el compromiso de la Corona con la restauración de las libertades y alejó los miedos de la España conservadora a la ruptura revolucionaria que entonces encarnaban los proyectos republicanos. Y no parece probable que, mientras la Monarquía asuma el papel que le marca la Constitución, surjan en la derecha voces que pidan la República como el más puro de los principios democráticos. EL DEBATE QUE MENOS SOLO DEJA AL PP La oposición ve en la reacción de víctimas del terrorismo y empresarios en respaldo de la Monarquía un síntoma de que parte de la sociedad es consciente de la gravedad de la crisis provocada por Zapatero ÁNGEL COLLADO MADRID. Ante la ofensiva nacionalista general, en la que ahora se incluye la campaña contra la Monarquía y en la que confluye la extrema derecha mediática, el PP ha decidido reafirmar principios y continuar con su labor de defensa de la bandera y de la figura del Rey como símbolo de la unidad de España. Así lo ha hecho en los últimos días con la consiguiente indignación del presidente y la vicepresidenta del Gobierno, que exigen silenciar los hechos y eluden expresar respaldo y lealtad a la Corona. Pero en el PP no se ha recibido ninguna otra sugerencia de discreción. Al contrario, ven en la reacción de víctimas del terrorismo, asociaciones empresariales y judiciales en respaldo de la Monarquía un claro síntoma de que parte de la sociedad empieza a ser consciente de la gravedad de la crisis. Entre los nacionalistas sin freno hacia el independentismo y la debilidad, dejadez, torpeza y o complicidad de Zapatero con esos mismos partidos que le sostienen en el poder en el proceso de cuestionamiento del marco constitucional le ha llegado el turno a la Monarquía, símbolo de la unidad de España, como reza la ley de leyes. Ése es el análisis básico que hacen en la dirección del PP, además de lamentar la sole- dad en que se han movido durante la legislatura cuando denunciaban la ruptura de todos los consensos de la Transición acometida por el Gobierno. Es evidente que la nueva generación de dirigentes del PSOE que encabeza Zapatero no se siente heredera de los pactos del 78, ni del principio de acordar las reformas del Estado entre los dos principales partidos, como se ha demostrado en el Estatuto catalán. Ahora exigen al PP que no lleve al debate político las ofensas a la bandera y la Corona. Pero Rajoy ha decidido colocar al Gobierno frente a las contradicciones y ambigüedades propias y el extremismo de sus aliados. España es una nación de ciudadanos libres e iguales, queremos y sentimos nuestros símbolos, como son la Rajoy ha decidido colocar al Gobierno frente a sus propias contradicciones y ambigüedades Monarquía constitucional y la bandera española proclamó Mariano Rajoy el pasado jueves en Cádiz. El Ejecutivo quiere dar la vuelta al problema y acusa al PP de utilizar a la Corona en su contra. Como cuando el partido de Rajoy denunciaba la negociación con ETA y la respuesta del Gobierno consistía en decir que la oposición no quería la paz El Partido Popular es el único grupo del arco parlamentario que sigue la tradición de proclamar su lealtad al Rey en cada congreso nacional y que envía, además un telegrama al monarca para comunicar la elección o reelección de su presidente. Y si en el Gobierno se sientan al menos tres ministros que proceden de familias franquistas- -en el caso de Fernández Bermejo, de un jefe de Falange en Ávila- -en la dirección del PP hay varios hijos de destacados opositores monárquicos al anterior régimen, como Gabriel Elorriaga y Juan Carlos Vera. La lealtad a la Monarquía está en las esencias del partido, dicen en el PP.