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16 ESPAÑA Campaña contra la Corona s El frente nacionalista DOMINGO 30 s 9 s 2007 ABC Marcha radical en Barcelona y quema de imágenes del Rey en Lérida y Manresa Los Mossos d Esquadra no realizaron ninguna detención IVA ANGUERA DE SOJO BARCELONA. Unas 500 personas se concentraron ayer en el centro de Barcelona para protestar contra las detenciones de dos jóvenes en Girona por la quema de imagénes de Su Majestad el Rey, mientras nuevos ataques a la Corona se reproducían en Lérida y Manresa. Uno de los detenidos, Jaume Roures, fue el protagonista de la concentración de Barcelona, en la que tomó la palabra para asegurar que sus acciones son de legítima defensa contra el Estado opresor y que los castigos son una respuesta organizada del Estado que recuerda que somos súbditos y no ciudadanos Bajo el lema La represión no nos cortará las alas los manifestantes, que no contaban con autorización para la marcha, se concentraron en el centro de Barcelona bajo la vigilancia de una fuerte dotación policial que impidió su acceso a la Plaza Sant Jaume por Las Ramblas. Paralelamente, un centenar de personas en Lérida y otra cincuentena en Manresa (Barcelona) repetían las concentraciones de apoyo a los detenidos en Gerona y reproducían la quema de imágenes de Su Majestad el Rey, sin que de momento se haya producido ninguna dentención ni incidentes con la Policía Autonómica. De hecho, en Lérida los Mossos d Esquadra brillaron por su ausencia en la concentración en la que se corearon consignas contra la monarquía. En Manresa, algo más de cincuenta personas quemaron fotografías pequeñas del Monarca, según informó la Policía Autonómica, que vigiló la concentración sin intervenir en ella ni realizar detenciones. Los manifestantes portaban pancartas contra la monarquía y entonado lemas independentistas, y ni los agentes de la Guardia Urbana que custodiaban el Ayuntamiento ni los de los Mossos d Esquadra que se desplegaron en el lugar intervinieron. En este ambiente de radicalización, Esquerra se quedó sola ayer en defensa de los grupos antimonárquicos, en una jornada en la que el resto de las formaciones políticas catalanas coincidió por fin en la condena unánime de estos actos. ERC aprobó una resolución en su Consell Nacional en la que se solidariza con las personas que pueden sentirse violentadas por el Estado en su ejercicio de la libertad de expresión, y apoya e impulsa las movilizaciones populares. Los nacionalismos en el reino de todo vale Si la única reacción es decir que son manifestaciones de la libertad de expresión es que no se repara en la grosería ni en el valor de las instituciones reino en el que, para sostener la barbarie, todo vale. Estamos en el reino de todo vale porque el Gobierno ha despreciado los procedimientos razonables y el sentido común en la búsqueda fanática de una España plural nunca definida con seriedad. Porque construye su liderazgo político por agregación: cedo en esto ante unos, admito aquello ante otros, se trata de que me apoyen en el Congreso, en Cataluña o Galicia, en el proceso y, una vez dinamitado, en la esperanza futura de un final dialogado del terrorismo. Lo que llaman la búsqueda de que todo el mundo esté a gusto es, metiendo el elefante en la cacharrería, la necesidad de que se siga pedaleando, aunque no se sepa hacia dónde, para no caer de la bicicleta. tica al Gobierno, éste no responde diciendo que se trata de la libertad de expresión La política y la vida cotidiana tienen vectores y espacios que no son los del Código Penal. El Rey es atacado ahora, como la bandera y otros símbolos, para tratar de deteriorar la España constitucional. En el caso del nacionalismo vasco es evidente que nace como reacción al sistema constitucional, a sus libertades y al concepto de ciudadanía. Si la Corona pudiese ser, como los nacionalistas han pretendido en tiempos pasados, la cumbre institucional de un esperpento de foralidades mal entendidas y privilegios, sería bienvenido. Si el Rey es un rey constitucional y representa una España moderna y democrática, no tanto. Entonces Anasagasti, para ponerse en valor en el particular caos del PNV inicia una cadena de bolos televisivos como una folklórica desesperada. Todo vale. En Cataluña, otrora tan progresistas, el nacionalismo gobernante con el estatuto que repudiaron refugia sus contradicciones en el victimismo. Y sus fracasos precisan un chivo expiatorio que, cómo no, es España. Si el Rey la simboliza, a por el Rey. Es difícil encontrar un partido más estrafalario que Ezquerra Republicana. A un lado, su patológica deslealtad, incluso con el Gobierno del que forma parte, su independentismo se amasa en los Presupuestos del Estado, en los que tienen no poca mano. Y su republicanismo que uno espera que sea catalán, se funda en los privilegios. Así que, ante tanta vaciedad, se queman retratos del Rey y un diputado se autoinculpa, dándoselas de muy machote. La paradoja es que en la España actual no hay republicanos serios en el escenario. Los que haya, están en su currículo y en tablas más elegantes y educadas. Ha aparecido, de la mano de los nacionalismos, esa suerte de antimonárquicos por antiespañoles. Corrijo: la paradoja es que en la España actual los protagonistas de esa grosera parafernalia, los adalides del insulto al Rey, tienen todos un antidemocrático germen etnicista. Más paradoja: si uno mira a la derecha, los voceros contra el Rey también se alojan en el todo vale y en la pulsión antidemocrática. Quizá el Rey pueda estar preocupado por el ruido. Por el tipo de enemigos, puede estar, desde luego, satisfecho. El Gobierno no tanto, que tiene a muchos de ellos como socios y amigos. Germán Yanke POR GERMÁN YANKE Que no, que no les da por la República, que el asunto es más grosero, menos democrático, fruto de las manías y del odio y no de la reflexión sobre propuestas políticas. Los nacionalismos se abonan últimamente a la injuria contra el Rey, al menosprecio y a la inquina porque el Rey no sólo encabeza, sino que representa la España que ellos no quieren, la nación democrática. Desde el etnicismo más burdo, que es el de los nacionalismos periféricos contra el Estado de ciudadanos vale, sin orden ni sentido, toda la diarrea mental acostumbrada. Aquí se puede insultar al Rey, allí quemar su fotografía y en otro lugar pedir que el Monarca deje de ser el jefe de las Fuerzas Armadas... La cuestión no es la República, sino el Los bolos de Anasagasti Seguramente por ello se insiste en que no pasa nada y se hacen alusiones un tanto infantiles a la libertad de expresión Pero no se trata de encarcelar a todos los cernícalos del etnicismo que, por odio a lo que España significa como democracia de ciudadanos, insultan al Rey, sino de analizar cómo la grosería, como arma de negociación, se ha hecho presente en nuestros días. Si se insulta, es un insulto. Si se arremete contra el Rey, es un hecho que revela la falta de respeto de algunos a las instituciones del Estado. Si la única reacción es decir que son manifestaciones de la libertad de expresión es que no se repara ni en la grosería ni en el valor de las instituciones. Cuando el PP cri- Los líderes de ERC (con Carod, Benach y Puigcercós a la cabeza) cantan Els Segadors en la última Diada EFE