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ABC SÁBADO 29 s 9 s 2007 Festival de Cine de San Sebastián CULTURAyESPECTÁCULOS 79 Cronenberg, Wang y Hana Makhmalbaf, favoritos para la Concha de Oro Padre Nuestro y Daisy Diamond cerraron ayer los títulos a competición E. RODRÍGUEZ MARCHANTE SAN SEBASTIÁN. Una historia extrema titulada Daisy Diamond cerró ayer el lote de películas a competición este año. Era danesa y su protagonista, la actriz Noomi Rapace, se expone hasta tal punto a un trabajo demoledor física y emocionalmente, y encarna a un personaje trágico hasta el mismo límite, que hay que colocarla como favorita al premio de interpretación que hoy otorga el jurado presidido por Paul Auster. La película la dirige Simon Staho y no tiene ninguna consideración con el espectador, al que intenta echar de la sala mediante los más diversos procedimientos: un bebé llora casi ininterrumpidamente los primeros cuarenta minutos; su madre, aspirante a actriz, vive entre la desesperación de su vida real y de su vida actoral, de casting en casting... La historia se pudre por completo ante los ojos perplejos del espectador y se recluye en niveles de sordidez difícilmente soportables tanto en lo humano como en lo sentimental o en lo sexual. Daisy Diamond es una de esas películas inestrenables, hechas con desgarro y temeridad, que se acerca de modo tenebroso a algo tan natural y cotidiano como la maternidad y la lata y las alegrías que dan los bebés. En cualquier caso, Noomi Rapace se desgasta y se corrompe de tal modo para componer ese personaje desbaratado, que lo natural sería que alguien le diera un premio por ello. Hoy tienen la ocasión. Justo antes de la última se proyectó la penúltima, que diría Perogrullo, firmada por Christopher Zalla y titulada Padre nuestro premio del jurado en el Festival de Sundance y también con ciertas aspiraciones aquí. Cuenta una historia de inmigración ilegal (dos jóvenes mexicanos en Brooklyn) que se desmorona enseguida para convertirse en una historia de padre e hijo que deriva rápido en el drama social que precede a una tragedia. Los dos chicos se conocen embutidos en un trailer de ilegales rumbo a Nueva York; uno de ellos va en busca de su padre, al que no conoce, y tiene Liv Ullmann recibe de Marisa Paredes el Premio Donostia en reconocimiento a toda su carrera una carta con un nombre y una dirección. Nunca podrá usar esa carta, pues el otro joven le roba y decide suplantarlo... Zalla le procura interés e intriga a esta historia mediante las líneas paralelas de ambos personajes en un inhóspito y selvático Brooklyn, y con la incorporación además de la propia línea argumental del padre, un lavaplatos amargado y roñoso que guarda el dinero entre las paredes de su chabola. La evolución de esos personajes, el padre y el no hijo, y las penurias del otro joven sin nada ni nadie, sin saber leer ni casi hablar... en fin, sobre ellos se van cerrando círculos asfixiantes hasta que sus propias miserias los acerquen. Una buena película que tal vez tenga algún aprecio en el palmarés de hoy. De todos modos, los favoritos para estar en lo más alto hoy del palmarés siguen siendo David Cronenberg y Promesas del Este película asombrosa y sobre la que no ha pasado ninguna, a pesar de que fue la que inauguró el Festival. Tanto la iraní Buda explotó por vergüenza de Hana Makhmalbaf, como Mil años de oración de Wayne Wang, tienen el formato y los fundamentos apropiados para que les siente estupendamente el gran pre- TELEPRESS Las dos películas españolas han de estar de algún modo, bien en el palmarés, bien entre las expulsadas mio. Las dos películas españolas, Mataharis de Icíar Bollaín, y Siete mesas de billar francés de Gracia Querejeta, han de estar de algún modo o bien en el palmarés o bien entre las expulsadas de él. Las interpretaciones de Aritmética emocional de Susan Sarandon, de Christopher Plummer o de Max Von Sydow, son impresionantes, como también lo son las de los protagonistas de las Siete mesas... o las Mataharis aunque quizá se lleve la palma (que aquí no se llama palma) la brutal interpretación de la actriz de Daisy Diamond Noomi Rapace, y el viejo actorazo chino Henry O de la película de Wayne Wang... Como se ve, las posibilidades del jurado para hoy son múltiples, o sea que ya puede empezar a llevarnos la contraria. MICROSCÓPICA ALTA SOCIEDAD Consiga, mañana domingo, la segunda entrega de la colección de cine de Cary Grant, Historias de Filadelfia por tan sólo 7,95 euros y el cupón del día LUIS CONDE- SALAZAR INFIESTA A finales de los años 30 el multimillonario empresario y aviador Howard Hughes bebía los vientos por la fierecilla indomable Katherine Hepburn. Ella prefería llamar amistad a aquello, pero el caso es que el excéntrico Hughes le había regalado parte de la producción teatral de The Philadelphia story escrita por Phillip Barry, con la que la actriz, protagonista ella, cosecharía un éxito memorable en Broadway. Una ofrenda que se amplió con el guión para la versión cinematográfica de la obra, que le fue encargado a Donald Ogden Stewart. Hepburn, maravillosa actriz y terror de productores de cine (era apodada veneno para la taquilla por su impopularidad) quería como acompañantes de reparto a Clark Gable y Spencer Tracy. Hughes se empeñó en que los papeles los representaran James Stewart y, especialmente, Cary Grant. La rumorología cuenta que sin Grant jamás se hubiera llevado a cabo esta película fundamental. El actor, que ya había compartido cámara con Hepburn en La gran aventura de Silvia La fiera de mi niña y Vivir para gozar aceptó a cambio de que su nombre apareciera en primer lugar en los títulos de crédito y en la cartelería promocional. Así fue. Historias de Filadelfia (1940) se convirtió en un exitazo de crítica y taquilla, James Stewart consiguió un Oscar y Donald Ogden Stewart, otro. George Cukor, quien dirigió con sabia eficiencia este film producido por el mago Joseph Mankiewicz, fue nominado a la estatuilla. Y también Hepburn, reconciliada a partir de entonces con el público. Cary Grant, por su parte, acrecentó su poderío entre las masas, sobre todo tras donar sus emolumentos (unos 140.000 dólares, una auténtica fortuna para la época) al Fondo Británico de Socorros de Guerra. Todos contentos menos Hughes, que vio cómo su adorada reina Hepburn se le marchaba al poco con Spencer Tracy. Ironías de la vida. Cary Grant da vida a C. K. Dexter Haven, divorciado de la joven aristócrata Tracy Lord (Katherine Hepburn) quien va a contraer nuevas nupcias con el trepa George Kittridge (John Howard) En vísperas de la boda, Dexter, recuperado de su violenta afición al alcohol y cuya intención es que la ceremonia no se celebre, se las ingenia para que una pareja de periodistas de la revista Spy, Macauley Connor (James Stewart) y Elizabeth Imbrie (Ruth Hussey) lleven a cabo el reportaje del enlace. Tracy, reacia, tiene que aceptar para evitar que el nombre de su padre salga a la luz por sus devaneos con una corista neoyorquina. Lo que ocurre a partir de entonces se convierte en un relato microscópico de la alta sociedad urbana estadounidense, mezcla de comedia y drama, con todas esas pequeñas y ridículas miserias que se esconden tras el oropel. Una obra maestra imprescindible.