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10- 11 S 6 LOS SÁBADOS DE DÍAS DE JÚBILO El caso Greenspan lan Greenspan se ha convertido en colega. Quiero decir que se ha jubilado. Ciertamente, con 81 primaveras poco más puede hacerse. Me corrijo: sí, puede hacerse bastante más. A romper pana se ha dicho. Durante casi veinte años dirigió la Reserva Federal norteamericana, o sea buena parte de la pasta planetaria. Tal vez sólo la vio en resúmenes periódicos y nunca fue a hacer la compra. Da igual. Quien maneja semejante máquina ha de ser un modelo de prudencia. Sus estornudos pueden desencadenar una epidemia de gripe. Llegado a pensio, don Alan ha cambiado de estilo. Critica a quienes lo han llevado a tales alturas y a quienes confiaron en su ciencia y su astucia. Reagan y Bush hijo, para precisar. No le gustan sus políticas presupuestarias, infladas con déficitis crónicos. Tampoco la inversión desbocada en la guerra de Irak. Don Alan es monetarista y la salud de la moneda, aunque sea de papel, de plástico o de mera pantalla, es su prioridad. Cualquiera puede pensar que a este veterano la realidad económica del mundo podría moverle apenas un encogimiento de hombros. A esas fechas, en efecto, ¿para qué ponerse a discutir con los dirigentes más jóvenes o menos viejos? Si hay una edad de la pasión y otra de la razón también la hay de la indiferencia. Prefiero concluir lo contrario. Justamente por haber trabajado hasta los 81 tacos se puede ver la vida propia y la común, como una parábola, un largo cuento, un puente que conduce de cierto lugar a otro lugar, este incierto. Y, como incierto, que pica la curiosidad. Al flamante pensio Greenspan el paisaje económico y político lo pilla en lo alto de la colina, allí donde va cada mañana a leer el periódico, a tomar el sol de los lunes al sol y ver cómo sus nietos juegan a vigilantes y ladrones. Desde luego, Don Alan ha conocido a muchos de ambas especies pero para los chicos tienen la frescura de lo recién inventado. La altura de la colina le permite hablar de sí mismo y los suyos sin morderse la lengua, como un adolescente que acaba de llegar al mundo de los adultos, con sus déficits fiscales, sus guerras y sus recesiones bursátiles. Es cuando Greenspan cierra el periódico y se dice: A trabajar, jubilado. A Blas Matamoro Un buen plato de harira sopa densa y muy ilustrada Debajo, chabakías con frutos secos sis que estos días llenan los periódicos, se diferencia también las costumbres del campo, donde optan por atacar fuerte platos pesados como el cuscús, o la versión más light de las ciudades, donde se piensa más en los problemas digestivos. Pero sea donde sea, la estrella es la harira que al paladar español recuerda un potaje. Es sólo el peso de la tradición y no el precepto religioso el que marca que es con un cuenco de esta sopa con lo que hay que empezar a dar gusto al cuerpo. De hecho, aunque es rarísima su ausencia, para muchos es un asalto insalvable enfrentarse a ella después de tantas horas de letargo alimentario y le dan primero al café o al zumo para ir abriendo boca. Harira o gazpacho En la medina de Rabat, el restaurante Dinarjat, donde se tomaron las fotos de este reportaje, es de los pocos que intenta no alterar su ritmo durante este mes. De hecho, más del 80 por ciento de su clientela son extranjeros que buscan deleitarse con la gastronomía marroquí en un riad (casa tradicional) del siglo XVII restaurado con mucho gusto. Halima Guennouni, su dueña, habla de la harira que preparan las cocineras en sus fogones y apenas hay diferencia con la receta de Fátima. Las dos por igual me parecen un auténtico placer, aunque no sea lo más adecuado para el calor. ¿Qué pasará cuando el calendario lunar obligue a celebrar Ramadán en pleno agosto? ¿Cómo vivir a las puertas del desierto, en un Marraquech, sin beber? ¿A quién le apetece una harira a cuarenta grados a la sombra? Los pobres seguirán con su sopa y los ricos pueden incluso sustituirla hasta por un gazpacho sentencia con una sonrisa Halima. (Dinarjat, 6, rue Belgnaoui. Parking Av. El Alou. Medina- Rabat. Tel. 00212 37 70 42 39) Sopa democrática Para muchos la harira aunque se consume durante todo el año, es la herramienta con la que se democratiza en Ramadán la gastronomía de un país en el que las diferencias de clases sociales son a veces imposibles de evaluar. Según Fátima El Ouardani, esta sopa se la debemos a los moriscos, mientras que otras citas remontan su origen al siglo XIII, en la época de la dinastía Almohade en España, que dejaron, entre otras cosas, una importante cultura culinaria como los famosos pinchos morunos, el cuscús o el tayín En cualquier caso, añade, es uno de los platos más ricos sanos y equilibrados Aseguran que casi no hay diferencia entre una harira de ricos y una de pobres. Fátima, una ama de casa del popular barrio de Takadum, hace una lista con todo lo necesario para prepararla para seis comensales y que incluso repitan. Garbanzos, lentejas, arroz, fideos, tomate entero, tomate concentrado, perejil, cebolla, sal y algunas especies. Se le puede añadir un trozo de carne de cordero, lo que, según Fátima, no elevaría el precio total más allá de los 30 dirhams (unos 2,7 euros) Así, más que producto del presupuesto o de una materia prima que entendemos está asegurada de antemano, una buena harira es el resultado de la mano de la cocinera, algo que en Marruecos es fácil de encontrar casi en cualquier casa.