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6 OPINIÓN SÁBADO 29 s 9 s 2007 ABC AD LIBITUM EL SARPULLIDO REPUBLICANO EN FIN SUÁREZ REVISITADO tanto no se constituyera una derecha sólida capaz de alONFIESO haber sido de los que sostuve en su día ternarse en el poder con el otro polo, el sistema no se esque Adolfo Suárez representaba un tapón en el tabilizaría. Y UCD lo impedía. Los acontecimientos posnormal desarrollo de una alternancia bipartidisteriores confirmaron ese pronóstico, pero no había que ta en España, y que, en consecuencia, era mejor que la ser profeta para adelantarlos; simple sentido común y fuerza política que se sacó de la chistera en 1977 se transsociología política comparada. formara o desapareciera, una vez culminada su tarea Cuando señalo que Suárez representaba un tapón, histórica de motor de la restauración democrática. no es porque él lo hubiera querido así. Si ese fuera el caHoy, después de haber leído la magnífica entrevista que so, nunca habría dimitido. Sencillamente, los Josefina Martínez (ABC, 23- 9- 2007) ha rescatado acontecimientos le colocaron en ese lugar. UCD para la historia de aquella época, me siento sehabía resultado providencial en el tránsito de la ñalado con el dedo, en tanto que periodista de dictadura a la protodemocracia. Sólo aquella un medio que, como otras muchas instancias, alianza de franquistas reformados y demócraparticipó en la cacería desatada contra Suárez tas de cuño reciente que ganó las elecciones de en el bienio 1979- 81. Aun así, sostendría la mis 1977 habría sido capaz de sentar, sin rupturas, ma tesis si las circunstancias se repitieran. La las bases de la nueva democracia desde el gobiercompunción respecto de su tragedia personal, no. Pero a la altura de 1980, momento en el que entonces difícil de percibir, no empece el juicio EDUARDO Suárez se confiesa a Josefina Martínez, sobre el político. SAN MARTÍN arco de clave de su figura presionaban al menos Viene a mi memoria aquella reflexión sobre tres placas tectónicas- -las conspiraciones dentro de Suárez y su partido, no sólo por la descarnada confesu partido, la oposición inmisericorde (reconocida hoy sión desenterrada veintisiete años después; también por sus actores) de un PSOE frustrado por la derrota de porque la constitución del nuevo partido de Díez y Sava 1979 y un sector de la prensa que nunca había dejado de ter, que hoy se pone en marcha, evoca la herencia que considerarle un parvenu falangista- y, claro, el edifiUCD no supo, o no pudo, transmitirle a la naciente democio se tambaleaba. cracia: la de un centro estable que, una vez cumplido un Su dimisión, la onda expansiva del frustrado golpe papel protagonista, pudiera hacer de gozne entre las de Estado y la estampida de los coaligados de antaño, dos fuerzas que serían mayoritarias en un escenario acabarían con UCD (y con su sucesor, el CDS) en pocos que ya se dibujaba. Una, el PSOE ya lo era desde las priaños. La implosión de aquel centro caleidoscópico permeras elecciones; la otra, una derecha sin complejos mitió la consolidación de una derecha fuerte, que se nuque rompiera con el pasado reciente, y apostara de fortrió de no pocos de sus cuadros, pero abortó la posibilima inequívoca por la democracia, tendría que formardad de un partido bisagra de carácter nacional. Nadie se necesariamente. puede reprochárselo a Suárez. Le habían dejado solo. Y La instalación en el poder de una amalgama de grufue entonces cuando salieron a escena los nacionalispos de las procedencias e ideologías (si la tenían) más mos periféricos con la mano tendida (y extendida) dispares, bajo una imprecisa y casi taumatúrgica etiDíez y Savater no se reclaman del centro. Da igual. queta centrista, desplazaba todo el espectro político esLo que ellos defienden, aun desde una izquierda modepañol hacia uno de sus polos (un gobierno con pretensiorada, provoca una cierta melancolía por lo que no fue y nes de centro- izquierda frente a una oposición de izpudo haber sido, pero también la esperanza de que, esta quierda) mientras una derecha con excesivas adherenvez, la tragedia no se repita como un fugaz entremés. cias sobrevivía casi extramuros del nuevo sistema. En N O muy lejos de Antequera, en Málaga, puede encontrarse en el mapa la localidad conocida por Humilladero en la que habitan, redondeando, 2.500 paisanos. Está al pie de la sierra del mismo nombre que antes, cuando los tabardillos y erisipelas eran frecuentes en el lugar, se conocía por sierra de Mollina. Allí sienta sus reales, con perdón, y esgrime la vara de alcalde un albañil de oficio que atiende al nombre de Félix Doblas. El hombre, a falta de mayores méritos, ha dado su salto a la fama proclamándose republicano y luciendo una bandera tricolor con el escudo de España que estuvo vigente M. MARTÍN desde que fue aprobado FERRAND el 27 de abril de 1931. La máxima diferencia entre el escudo republicano y su predecesor está, como es fácil de deducir, en la corona que lo remata. La real fue reemplazada por una corona mural, como la que, en su día, se entregaba como reconocimiento al soldado que conseguía escalar en primer lugar el castillo enemigo puesto en asedio. Aunque la heráldica la pinta en oro, la corona es un cerco amurallado, con torres y almenas, que dibuja las piedras o los ladrillos de su construcción. Todo un hallazgo, en los tiempos que vivimos, para, dejando a un lado la forma del Estado, simbolizar la realidad dominante en España, la constructora e inmobiliaria. El alcalde de Humilladero, en el supuesto que sepa lo que hace, es muy dueño de sentirse y proclamarse republicano, pero, ¿se lo advirtió así a sus vecinos cuando, al frente de la lista de IU, les pidió el voto que le convirtió en autoridad? La pregunta, naturalmente, se le puede formular con idéntico derecho a todos cuantos en las últimas horas y en sospechosa coincidencia han dado en cuestionar la figura del Rey y su papel constitucional. A todos, claro, menos a los miembros de ERC, que por llevar en alto su identificación republicana no engañan a nadie desde la deslealtad en que incurren al utilizar los supuestos legales que les permiten formar parte del Gobierno de la Generalitat como pértiga para saltárselos a la torera, dicho sea también con perdón. El sarpullido republicano que, de repente, genera la picazón de una parte del cuerpo nacional es tan inoportuno y extemporáneo que invita a preguntarse por las razones que lo han hecho germinar. Ni el momento ni la forma le dan el valor de una reivindicación que sería legítima de no ser torticera. Aquí, parece, de lo que se trata es de perturbar la convivencia, de armar el alboroto, de promover el caos y el desconcierto. ¿Para qué? ¿Es esa la demanda dominante entre los vecinos de Humilladero o, por ampliación, de los votantes de los grupos que integran la Entesa Catalana de Progrés? El problema nace cuando el presidente del Gobierno del Reino de España, después de haber jurado su cargo ante el Rey, no deja de llorar la ausencia de su abuelo republicano y trata de volverle a la vida. C