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ABC SÁBADO 29 s 9 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA A RETRATARSE, CANDIDATOS E aquí un bonito y sugerente tema para el debate en la campaña electoral. Señores Zapatero y Rajoy, ¿qué piensan hacer ustedes cuando Ibarretxe convoque en octubre de 2008 su referéndum sobre la autodeterminación del País Vasco? No vale contestar genéricamente que se aplicará la ley, porque de lo que se trata es de saber cómo y hasta dónde. ¿Como la ley de banderas, por ejemplo? ¿O con el voluntarismo posibilista del ministro Bermejo? Tampoco sirve como respuesta la voluntad indeterminada de impedir la consulta; los electores tenemos dereIGNACIO cho a saber, necesitamos CAMACHO saberlo, cómo piensa el futuro presidente del Gobierno afrontar el mayor desafío planteado hasta el momento a la Constitución de 1978. Y el futuro presidente lo tiene que explicar antes de serlo, sin minimizar ni desdeñar horizonte alguno. Porque cualquiera que medio conozca a Ibarretxe sabe que, si puede celebrar el referéndum, lo va a llevar a cabo aunque sea utilizando como urnas unas cajas de cartón. El lendakari es fiel a su caricatura de Peridis: con la matraca del raca- raca. Va a piñón fijo. Y cuenta con la hipótesis de que el Estado se va a arrugar ante el reto de llegar a tener que usar la fuerza para detener su iniciativa, optando entre males mayores. Amén de que se da la circunstancia de que la fuerza pública, en el País Vasco, es la Ertzaintza, situada bajo las órdenes del gobierno autonómico... aunque también con funciones de policía judicial. Otra pregunta interesante, aunque ésta difícil de resolver a priori: ¿a quién obedecería la Ertzaintza en caso de conflicto de intereses y de disciplina, a sus mandos jerárquicos o a los jueces de los Tribunales de un Estado que impugnan sus jefes políticos? Sea como fuere, los candidatos a la Presidencia del Gobierno no se pueden inhibir de la cuestión ni remitirla al momento en que tengan que hacerle frente. Eso lo tenemos que saber los españoles antes de votar. ¿Están Zapatero y o Rajoy dispuestos a enviar a la Guardia Civil a requisar las urnas con todas las consecuencias? ¿Preferirían tratar de desactivar el conflicto en unanegociación política? ¿Aceptarían para su investidura los votos de un PNV dispuesto a respaldar en pocos meses un abierto desafío a la legalidad democrática? ¿Hasta dónde llegarían en el caso de que el Gobierno vasco se mostrase decidido a desacatar un veredicto del Supremo o del Constitucional? Éste es un asunto en el que los aspirantes a resolverlo no se pueden permitir ambigüedades retóricas propias de las campañas electorales. Ante un supuesto tan grave, el contrato moral del voto requiere un compromiso que abarque todas las hipótesis y todos los escenarios. Si alguien quiere ser presidente de esta nación, tiene que explicar antes su receta para resolver un problema que afecta a la médula de la nación misma. Y no se acepta pulpo como animal de compañía, ni el mantra genérico dela ley para envolver la equívoca voluntad de no definirse. Delante del raca- raca de Ibarretxe hay que retratarse. Hoy mejor que mañana, y mañana mejor que pasado. H EL ÁNGULO OSCURO LA MONARQUÍA EN EL FANGO ECARÍAMOS de ingenuidad si pensáramos que los brotes antimonárquicos que cada día trepan a los titulares de la prensa son aspavientos de cuatro mamarrachos desclasados. En el origen de la epidemia habría que situar la exaltación de la Segunda República que el gobierno de Zapatero ha promovido; exaltación que ha contribuido a resucitar reyertas entre españoles y que alcanzaría su cenit cuando, desde sede parlamentaria, los partidos de izquierda que arropan al gobierno suscribieron una declaración conjunta en la que se establecía explícitamente que nuestra democracia actual es heredera de la infausta Segunda República. Siendo esto absolutamente falso, parece evidente que con aquella vinculación ficticia se pretendía el descrédito de nuestra monarquía parlamentaria. Si los españoles disfrutamos hoy de un régimen de libertades es, en gran medida, gracias a que nuestro Rey se rebeló contra el papel continuista que le había asignado el anterior Jefe de Estado; no en vano los franquistas recalcitrantes siempre han considerado al Rey un traidor. Al caracterizar nuestra democracia como heredera de la Segunda República, el JUAN MANUEL gobierno de Zapatero, amén de entroniDE PRADA zar una mentira burda que repugna a cualquier inteligencia no excesivamente atufada por el sectarismo, concedió un argumento sabrosísimo a los antimonárquicos más viscerales. Pues, si aceptamos que nuestro régimen político es un renuevo del que existió en la Segunda República, de inmediato surge, como un automatismo del sentido común, el siguiente reparo: Pero hay algo que sobra, entonces. Aquí la monarquía no pinta nada Y, de este modo, quien fue pieza originaria y catalizadora en el advenimiento de la democracia, nuestro Rey Juan Carlos, se convierte en floripondio superfluo y hasta incongruente. Un floripondio que podría ser cercenado sin que se resienta el paisaje. Al gobierno le interesaba inventarse este vínculo inexistente entre nuestra democracia y la Segunda República para favorecer la creación de un nuevo Frente P Popular que aislase a la derecha y la expulsara a las tinieblas exteriores, identificándola con las fuerzas reaccionarias del 36. Ha sido el gobierno de Zapatero quien ha infiltrado en la sociedad el veneno que ahora empieza a mostrar sus secuelas malencaradas. Tampoco contribuyó a mitigar los efectos de ese veneno el debate demagógico y zascandil sobre la prevalencia del varón en la línea sucesoria de la Corona; en aquel intento de democratizar la monarquía subyacía, bajo los disfraces zalameros de la corrección política, un propósito avieso de rebajarla en la consideración ciudadana y ponerla en entredicho. Propósito en el que izquierdas y derechas colaboraron: unos con astucia malévola, otros- ¡ay el complejito! -con docilidad pazguata. Paralelamente, en la derecha más dinosauria crecieron como setas las voces que demandaban al Rey una intervención activa en el desaguisado perpetrado por Zapatero; intervención que- -como los propios instigadores saben- -nuestro ordenamiento jurídico no permite. De este modo, la derecha más dinosauria y la izquierda más sectaria, con sus forúnculos secesionistas, coincidieron paradójicamente en sus embates contra la monarquía, convirtiéndola en diana de las más groseras invectivas y, sobre todo, en espantajo que bastaba enarbolar para que sus secuaces se pusieran frenéticos, como el sonido de la campanilla bastaba para que el perro de Paulov empezase a segregar saliva. En Cataluña, además, se revitalizaba así una ancestral fobia borbónica que sirve para distraer la atención ciudadana de las inepcias de sus gobernantes: los mamarrachos que queman fotos del Rey en Cataluña son damnificados por las catástrofes de El Carmelo o por los colapsos eléctricos, pero en lugar de revolverse contra quienes los causan desahogan su rabia arremetiendo contra el Rey que los hizo más libres. Naturalmente, la erosión de la institución monárquica propiciada por el gobierno de Zapatero no es inocua: para desmembrar un Estado, conviene descabezarlo primero. Mientras escribo estas líneas, Ibarreche proclama sin ambages la convocatoria de un referéndum de autodeterminación. www. juanmanueldeprada. com