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Viernes 28 de Septiembre de 2007 Editado por Diario ABC, S. L. Juan Ignacio Luca de Tena 7. 28027 Madrid. Teléfono: 913399000. Publicidad: 902334556. Suscripciones: 901334554. Atención al cliente: 902334555 Diario ABC, S. L. Madrid 2007. Prohibida la reproducción total o parcial sin el permiso previo y expreso de la sociedad editora. Número 33.525. Depósito Legal: M- 13- 58. Apartado de Correos 43, Madrid Precios de ABC en el extranjero. Alemania: 2,05 Bélgica: 2,00 Estados Unidos: 2,50 USD. Francia: 2,05 Irlanda: 2,10 Italia: 1,75 Holanda: 2,00 Portugal: 1,35 Reino Unido: 1,20 LE. Suiza: 3.40 CHF. Marruecos. 16 Dh. EN EL AIRE Mónica FernándezAceytuno AMAZONAS novecientos kilómetros por hora, se tarda cuatro horas en sobrevolar la selva del Amazonas. Más vasta que los desiertos, más inmensa que los mares, es la selva allí abajo, todo copas que desde arriba parecen tener la densidad de una coliflor, el verde del brócoli, porque todo es verde y es selva y es copa muy junta de árboles. Así horas y horas y más horas. En el cielo, bajo el avión, desperdigadas y blancas, hay nubes de las que al menos de la mitad está cayendo el agua y sobre el blanco de la nube, por el lado en el que le está dando el sol, se ve un arco iris en cada una, pero no con forma de arco, sino vertical, paralelo al crecimiento de la nube. Y estos mismos colores del arco iris destacan en el agua serpenteante de los ríos pues, según se vuela hacia ellos, brillan y deslumbran primero en naranja y amarillo, y luego en verde y en malvas. A veces, en un meandro, se ve una pequeña hacienda, como si fuera parte del limo, con su diminuto aeropuerto de roja tierra. Porque no hay caminos ni carreteras ni vías de tren, ni nada que atraviese la selva y diga: por aquí pasa el hombre. No hay nada humano en la selva del Amazonas. Al menos nada que se vea desde el aire. Sólo cuando se está llegando a Manaos, donde confluye el agua transparente y oscura del Río Negro con la rosada del Amazonas, se siente el alivio de ver que abajo vive alguien. De momento. Porque la selva, como la lava verde de un volcán muy antiguo, avanza hacia la ciudad y el río. Igual que los insectos que nadan en el agua de la bromelias, así me pareció Manaos el otro día, algo atrapado en sí mismo, caído en el verdor de la más hermosa trampa de la Tierra. A Depositar joyas en el Banco de España en los tiempos que refleja la imagen tenía un elevado nivel de riesgo ABC El cheque- Gómez vale un millón El Estado tendrá que pagar una indemnización de más de un millón de euros a los herederos de un ciudadano que depositó las joyas familiares en el Banco de España en 1937 y no las pudo recuperar después BLANCA TORQUEMADA i el Banco de España hubiera venido siendo tan diligente en sus apremios de cobro del legendario oro de Moscú como los Gómez Fajardo en defensa de lo que es suyo y van a recibir ahora (corregido y jugosamente aumentado por la acumulación de sesenta años de revalorización) quizá las arcas estatales estarían hoy a punto de reventar e incluso podrían resistir incólumnes el reparto de los cheques de fidelización electoral de Zapatero. Pero no. A la Administración lo que le toca ahora es, también, apoquinar: primero, el cheque- bebé después el cheque- alquiler y ahora el cheque- Gómez El Tribunal Supremo condenó ayer al Estado a indemnizar con 1.091.072 euros (casi una primitiva a los herederos de un ciudadano que fue obligado a depositar en 1937 las joyas familiares en el Banco de España y no logró recuperarlas tras la Guerra. La sentencia ha fijado en 141.914 euros el precio de estos bienes y en 23.612.502 euros los beneficios correspondientes a su revalorización en tan dilatado periodo de tiempo. Fue Alejandro Gómez Assin quien, en plena contienda, tuvo que confiar la suerte de las alhajas al Banco estatal, forzado por una ley de la II República. Un patrimonio que no logró recuperar después y que dio por perdido. De hecho, ya había fallecido cuando su hijo, Alejandro Gómez Fajardo, entabló la batalla judicial para recuperar lo desaparecido en los sótanos de Cibeles. Su perseverancia ha sido ejemplar, y si el tópico dice que la Justicia lenta no es Justicia, al menos en este caso se ha aproximado bastante a la equidad, al menos en los términos económicos de la reparación. Después de un farragoso proceso judicial que ha durado más de quince años, el caso se ha solventado en el techo del Supremo, donde ya no hay más vuelta de hoja que la de abonar a los Gómez su dinero, contante y sonante. En primera instancia, en 1991, la Justicia absolvió al Estado. Después del correspondiente recurso, un juzgado fijó la indemnización en 188.012 euros, cantidad que fue después revisada al alza ¡y qué alza! por la Audiencia Provincial de Madrid, que puso el listón en ese millón de euros que la familia se va a embolsar finalmente, gracias a que ha pesado de forma determinante la solidez documental con la que se ha podido acreditar el depósito efectuado por el patriarca. En medio de esta sobrevenida (y merecida) abundancia, quizá sólo quede la sombra de melancolía de que el fallecido Alejandro Gómez Assin no pueda ya ser testigo del sonado fallo judicial. Llega el dinero, pero las joyas volaron. Igual acabaron en Moscú. S Los fines de semana a lo La revista más leída, cada domingo con al. com abc. xlseman