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82 CULTURAyESPECTÁCULOS VIERNES 28 s 9 s 2007 ABC Don Felipe impone en el Prado la Gran Cruz de Isabel la Católica a Rodrigo Uría Personalidades de la cultura, la empresa y la política, rinden homenaje en el museo al fallecido presidente del Patronato JEÚS GARCÍA CALERO MADRID. En un acto cargado de honda emotividad, y muy cerca de Las Meninas, de Velázquez, la familia de Rodrigo Uría recibió ayer de manos del Príncipe de Asturias la Gran Cruz de Isabel la Católica, concedida a título póstumo. El homenaje reunió, bajo la presidencia de Don Felipe y Doña Letizia y con la asistencia de los ministro de Cultura, César Antonio Molina; Administraciones Públicas, Elena Salgado, y Economía, Pedro Solbes, a numerosas y relevantes personalidades del mundo de la cultura, las artes, la empresa y la política, apenas un mes antes de la inauguración del Prado del siglo XXI, obra que no habría vencido algunas dificultades sin el buen hacer de Uría. En su alocución, el Príncipe destacó que la gran labor que realizó en este Museo partía de una premisa esencial: entendía que una sociedad avanza tanto más hacia la madurez, cuanto mayor nivel cultural alcanza y subrayó que sus largos años dedicados al Prado reflejan la honestidad, la dignidad y la relevancia con que Rodrigo dedicó lo mejor de sus esfuerzos a la irradiación y proyección de la cultura de España, desde la más profunda convicción acerca de su consustancial dimensión social César Antonio Molina deseó haber vivido junto a él la inauguración de las nuevas instalaciones para compartir el orgullo de quien ha sido un artífice esencial en el proceso de cambio del Museo También intervino el sucesor de Uría al frente del Patronato, Plácido Arango, quien transmitió a los presentes- -con la dulzura de su acento mexicano- -los sentidos testimonios de Miguel Zugaza, José María Castañe y Javier Solana. Para Zugaza, Uría fue el primer ciudadano en la vanguardia del Prado, y el último y el único que quedaba en pie del largo proceso de modernización del museo que nació en los primeros años de la transición. Por su parte, Solana recordó la decisiva intervención de Uría en la recuperación de La marquesa de Santa Cruz, de Goya, movilizando por primera vez recursos de la sociedad civil junto con caudales públicos para traerla a España; así como su ayuda en la restauración de Las Meninas y la compra de la colección Thyssen. Finalmente, tomó la palabra su hijo Dionisio, quien agradeció la condecoración y recordó que el Prado le dio a mi padre los momentos más felices de su vida UN SERVIDOR EJEMPLAR Con motivo del homenaje del Museo del Prado, la ex ministra de Cultura recuerda el papel decisivo de Rodrigo Uría en la vida de la institución La pasión de Rodrigo me facilitó el intenso canal de comunicación que nos condujo a un entendimiento por encima de cargos políticos, en el que, entre otros puntos de acuerdo, ambos reconocíamos a Miguel Zugaza como el gran director que El Prado se merece. A Rodrigo le desesperaba el retraso de la ampliación más importante de la historia del museo. Me senté frente a Rafael Moneo y le pregunté qué precisaba para concluir la obra en esta legislatura, el lapso del que yo disponía para gestionar el mayor legado del Ministerio de Cultura y su asignatura más pendiente. Llevé al Consejo de Ministros el aumento de inversión necesario, coloqué al frente de los trabajos a los magníficos profesionales de la Gerencia de Infraestructuras del Ministerio, y la primavera pasada tuve el orgullo de entregar la finalización de Los Jerónimos al Pleno del Patronato, con Rodrigo Uría a la cabeza, ante la vicepresidenta que desde su puesto ayudó a la conclusión de esta labor, Amelia Valcárcel, y el subsecretario de Cultura, Antonio Hidalgo, que supervisó personalmente, semana a semana, la marcha adelante de lo que aquel último día de marzo disfrutábamos: el nuevo Prado desnudo. Saludamos al verano con la promesa de la puesta de largo en el horizonte y los últimos remates del Casón del Buen Retiro, cuyos doloridos cimientos tantos quebraderos de cabeza nos dieron. Y así nos despedimos, por teléfono, hasta la inminente presentación al siglo XXI de la mejor pinacoteca del mundo. Uría tuvo siempre presente la trascendencia de El Prado, el máximo embajador de nuestro país, el estandarte más visible de nuestra cultura por derecho propio, símbolo egregio de España. Con la autenticidad que le caracterizaba, como en aquella sin par negociación con Austria para traer La liebre de Durero a Madrid, o al defender la institución de intereses partidistas, Rodrigo Uría fue, ante todo, un servidor del Estado. En poco más de un mes, los Reyes inaugurarán un sueño hecho realidad para todos los españoles, que es aún más hermoso para quienes hemos compartido su andadura. Con estas líneas, quiero dedicarte, Rodrigo, la buena parte de él que te corresponde. Carmen Calvo Vicepresidenta del Congreso y ex ministra de Cultura e los muchos motivos plausibles para nombrar a Rodrigo Uría presidente del Patronato del Museo Nacional del Prado, me bastó uno para tomar la decisión, una de las primeras, y más relevantes, como ministra de Cultura. Por encima de su dilatada experiencia de mecenazgo, su incontestable valía como negociador de máximo nivel y su sobresaliente inteligencia, pesó más en mi juicio constatar el genuino entusiasmo que despertaba en él asumir esa responsabilidad, que Rodrigo entendía como su mayor privilegio. Es la ilusión de mi vida confesó abiertamente. Me convenció de la limpieza de ese deseo de corazón cuando, cumplido, se lo dedicó a su madre, a quien debía su sincero amor al arte. D Los hijos de Rodrigo Uría muestran la condecoración, ayer en el Prado, junto a Don Felipe y Doña Letizia JULIÁN DE DOMINGO