Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
32 INTERNACIONAL VIERNES 28 s 9 s 2007 ABC Rafael L. Bardají EL ESTADO TRANSPARENTE alo es para la credibilidad de una nación que se roben documentos clasificados, como pasó con Perote, pero mucho más grave es que sea el propio gobierno quien filtra sus documentos secretos, como ha sido el caso de la minuta de la conversación entre el ex presidente José María Aznar y el presidente George W. Bush en Crawford. Ya sorprende que se haga público en su literalidad un documento de esta naturaleza, sobre todo si recordamos la acusación al anterior presidente de borrar los ordenadores de Moncloa, único sitio de donde ha podido salir ahora esta transcripción. El hecho es grave y no sólo por el uso partidista de un archivo del Estado, que llevará ahora a que nadie deje nunca nada detrás. Sino a nivel internacional: pocos se atreverán a tener una conversación franca con un dirigente español a sabiendas de que sus palabras podrían acabar en un medio de comunicación si con eso el gobierno de turno aspira a tapar sus propios bochornos, como ese constructivo saludo de dos segundos y medios de ¿Hola que tal está? A ver cómo explica Moratinos a sus homólogos que en la España socialista es normal que salgan a la luz las conversaciones entre dos mandatarios. Alguien en la Moncloa cree que sacar las conversaciones de Aznar y Bush sobre Irak serviría para distraernos. Ha calculado mal. Ambos líderes salen muy bien parados en sus palabras. No se insulta a los franceses, no se denigra a Koffi Anan, no se reparten el petróleo de Irak, únicamente dan prueba de sus creencias y convicciones. ¿Podríamos decir lo mismo si el gobierno nos dejara ver sus charletas con Evo, Chávez y los Castro? ¿Por qué no nos dejan leer la carta que le envió Bush a Zapatero en mayo de 2004? Por su obsesión con Irak y Aznar la Moncloa ha colocado a España en una situación insostenible en el plano internacional. Ha roto la confidencialidad y con ella la credibilidad como país fiable. Que se cuide el embajador estadounidense Aguirre, que lo que le cuenta al actual gobierno seguro que acaba también en los periódicos. M Tres lenguas, un alma, una Bélgica Defensores de la unidad del país muestran un texto en flamenco, francés y alemán, idiomas oficiales AP Todo por salvar Bélgica La inestable situación política por la incapacidad de flamencos y francófonos para alcanzar un acuerdo se nota ya en las calles. Cada vez con más inquietud, se multiplican las fórmulas para pedir la unidad del país frente al ansia independentista de Flandes LAURA VILLENA SERVICIO ESPECIAL. BRUSELAS. Los belgas no son precisamente de ésos a los que les gusta airear su bandera ni de los que aprovechan la más mínima ocasión para ondear los colores nacionales. Pero durante las últimas semanas los balcones de barrios de Bruselas como el de Ixelles se han convertido en un escaparate de banderines tricolor que claman por la unidad nacional. El momento de incertidumbre que vive este país de tres regiones con dos comunidades mal avenidas- -la francófona y la flamenca- tras 110 días sin gobierno, merece para los belgas esto y mucho más. Tanto es así que el todo vale parece haberse impuesto para salvar a Bélgica de las demandas independentistas de Flandes, y hasta las estrellas del ciclismo, de la canción y del cine belga han emprendido su propia campaña a favor de la unidad nacional a través de las páginas del periódico nacional La Dernière Heure El diario abría ayer sus páginas con el dramático mensaje de Ayúdanos a salvar Bélgica y distribuyó adhesivos bilingües con el recurrido lema de los tres mosqueteros: Todos para uno y uno para todos aludiendo a la federación de las tres regiones belgas. Mientras las divergencias entre los partidos francófonos y flamencos hacen imposible la formación de un gobierno desde las elecciones celebradas el pasado 10 de junio, los belgas no pierden una ocasión para manifestar, a su manera y con mayor o menor imaginación, sus ansias de preservar el mapa de Bélgica tal y como lo vemos hoy. Ayer, la histórica Grande Place de Bruselas, que vio ascender la bandera belga por primera vez tras la independencia de Holanda en 1830, se vestía de boda para un casamiento simbólico entre las tres comunidades lingüísticas, la francófona, la flamenca y la alemana. Qué duda cabe de que todo este tipo de manifestaciones callejeras y la recogida de firmas no se ha reproducido al mismo nivel en la región francófona del sur del país, Valonia, que en la del norte, Flandes. Han sido sobre todo los valones y francófonos los que se han lanzado a la calle a pesar de las críticas de histeria política que les han llovido a través de la prensa flamenca, como las del periódico De Standaard que hablaba de una campaña para culpabilizar a los flamencos Bélgica atraviesa el segundo mayor periodo de su historia sin gobierno. Tan sólo en 1988 pasó 148 días hasta lograr una coalición y en otras dos ocasiones ha superado los 100 días, una costumbre que, por histórica, ayuda a los belgas a pasar el trago sin ningún dramatismo. Desde las pasadas elecciones han sido nombrados ya cuatro formadores de gobierno y, hasta el momento, ninguno ha conseguido encontrar la fórmula para aunar las demandas de francófonos y flamencos. Ambos gozan de poder de autorregulación desde la década de los ochenta, cuando empezaron a avanzar a velocidades diferentes y a alimentar los actuales argumentos de Flandes relativos al escaso desarrollo y al poco peso de Valonia en Bélgica o a la lacra de su desem- Sin dramatismos El país atraviesa el segundo mayor periodo de su historia sin gobierno, tras los 148 días de 1988 pleo, que asciendel al 14 por ciento, doblando la tasa de la mitad flamenca. Los partidos flamencos, entre ellos el democristiano (CDV) reclaman para los seis millones de habitantes de la región norte del país un aumento de competencias en materias que varían de la salud, a la justicia, pasando por el código de circulación o el impuesto sobre la renta, algunas de las últimas carteras que todavía pertenecen al gobierno central. Mientras, los valones temen que la reclamación de la seguridad social, último eslabón de la cadena, ponga fin a Bélgica. Todo apunta a que el encargado de formar gobierno, Herman van Rompuy, podría haber llevado al pelotón de cuatro partidos, que se disputan el ejecutivo, al tramo final de la negociación, aunque los últimos kilómetros se presentan cuesta arriba. Durante los tres últimos días Van Rompuy ha reunido en sesiones maratonianas a los representantes de los partidos flamencos CDV y Open Vld (liberales) y a los valones del Movimiento Reformador (MR) y del CDH (democristiano) para tratar la polémica reforma del Estado. Los líderes francófonos hablaban ayer de progreso en las negociaciones y se mostraban optimistas para poder firmar un acuerdo razonable aunque lo cierto es que después de cuatro intentos Bélgica prefiere optar por la prudencia.