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76 CULTURAyESPECTÁCULOS JUEVES 27 s 9 s 2007 ABC El Real abre la temporada con un simbólico y original Boris Godunov La ópera de Musorgski supone el debut en Madrid del bajo Samuel Ramey S. GAVIÑA MADRID. El Teatro Real ha apostado por Boris Godunov para abrir el sábado su XI temporada. Una obra que calibrará, por sus dimensiones, las capacidades de los cuerpos estables- -coro y orquesta- y que está considerada entre las cinco grandes óperas de la Historia, junto a Don Giovanni Tristán e Isolda Pelleas y Melisande y Wozzeck Con música y libreto de Modest Musorgski, es la primera vez que este drama, inspirado en el texto homónimo de Alexander Pushkin, sube al escenario madrileño desde su reapertura. Lo hará en una nuevo montaje- -premiado por la crítica francesa- realizado en coproducción con la Monnaie de Bruselas y la Opera National del Rhin y que está firmada por el prestigioso director de escena Klaus Michael Grüber, quien de nuevo ha contado para la escenografía con el pintor Eduardo Arroyo (trabajaron juntos en Desde la casa de los muertos de Janacek) La partitura que se colocará sobre los atriles será la versión (existen siete) más cercana a la original. Hemos vuelto a los orígenes de común acuerdo con Bruselas aclara Antonio Moral, director artístico del teatro. Pero no será ni la primera, de 1869, ni la segunda, estrenada en 1874 en el Mariinski de San Petersburgo (ambas compuestas por Musorgski) Sonará una combinación de ellas. La segunda, pero sin el Acto Polaco- -incorporado en la época porque faltaba un personaje femenino de peso- -que no se hará aquí por razones dramatúrgicas aclara el director musical Jesús López Cobos. De la primera versión, se ha cogido la Escena de San Basilio Esta tendencia hacia el original es la que actualmente siguen los principales teatros de ópera, recuperando así el innovador lenguaje musical de Musorgski, que no vio reconocido su talento porque se adelantó cincuenta años afirma López Cobos, que en los años 70, en Alemania, dirigió la versión realizada por Rimski- Kor- FESTIVAL DE CINE DE SAN SEBASTIÁN Wayne Wang, Auster y la ley de Murphy El director chino complica las quinielas con una fascinante y cálida película titulada Mil años de oración Esteban Schroeder presenta Matar a todos E. RODRÍGUEZ MARCHANTE ENVIADO ESPECIAL SAN SEBASTIÁN. Era un caso típico para incluir en las célebres leyes de Murphy: el presidente del jurado es Paul Auster, guionista y colaborador hace años de Wayne Wang en Smoke y Blue in the face y con el cual tiene ahora una relación distanciada o inexistente (por lo que vino a decir ayer Wang, no se hablan) pero resulta que Wayne Wang viene a competir por la Concha de Oro (que tendrá que elegir Auster) con una película, Mil años de oración Pase lo que pase, resultará raro e inoportuno precisamente por la aparición repentina de Murphy, el de si algo malo puede suceder, sucederá: la película de Wayne Wang es sencillamente maravillosa, con lo que ni se la puede premiar ni se la puede dejar sin premio. Que Auster vaya royendo ese hueso... Wayne Wang se llama Wayne por John Wayne y Wang porque es chino, como el fondo de su cine, y la película que ha traído a la competición es una prueba de ello: Mil años de oración es una historia corta de Yiyun Lee sobre un anciano que al enviudar va a los Estados Unidos, donde vive su hija, y allí, a través de sus pequeños pero vivaces ojos, vemos esa franja de realidad que llamamos vida: la infelicidad de su hija, las propias contradicciones del viejo, su relación suavísima con una anciana iraní con la que intercambia ideas y sentimientos en el poco inglés que ambos manejan y que abandonan sin darse cuenta para hablar cada uno en su idioma original, sin que por ello dejen de medio entenderse... Como buen chino, Wayne Wang somete a sus dos personajes, padre e hija, a unas comilonas ante la cámara de no dar crédito: comparten su incomunicación y sus desconfianzas ante un montón de cuencos rebosantes, y dejan traslucir todos esos mil años de oración y de cultura que los hacen ser como son, vigilantes de sus tradiciones y respetuosos con los ancianos... El tono de la narración es delicadísimo por fuera pero abrupto y torrencial por dentro, en la trastienda sentimental de estos dos personajes, y está impregnado, además, de un tenue sentido del humor propiciado por el natural choque costumbrista del anciano y su desparpajo de viejo comunista resabiado que padeció la represión en sus propias carnes de la llamada revolución cultural y que le dejó una lesión (no pensión) vitalicia en la espalda no se sabe bien si al personaje, aunque sí con toda seguridad al actor que lo encarna, Henri O, que no ha podido afrontar el viaje a San Sebastián precisamente por ello. La otra película que entraba ayer en la competición era la uruguaya Matar a todos de Esteban Schroeder, que pretende entrar en las cloacas militares y judiciales uruguayas, donde una joven juez investiga la desaparición de un fulano que fue el químico de Pinochet y al que le busca la Interpol por sus múltiples asesinatos. La película arranca con nervio y parece que tomará rumbos interesantes, pero enseguida se queda quieta en ese lugar tan revisitado de los tópicos y en el lenguaje ya cansino de la herida abierta y eso, con algunas escenas de viejos encuentros, palabras no dichas, sentimientos tal y cual... Ya hemos visto muchas películas así, y las que veremos. En Zabaltegui, la película del día era la de Julian Schnabel, La Escafandra y la mariposa que se presentó con éxito en el último Cannes y en la que se cuenta la historia de Jean Dominique Bauby, quien tras sufrir una embolia y un coma profundo despertó sin ninguna función útil: sólo podía mover un párpado y a ese clavo ardiendo se agarró para escribir la obra que le da título a la película. Schnabel transmite la angustia de ese ser confinado que interpreta con un ojo sólo el actor Mathieu Amalric, que se ganó con creces el dinerito que le pagara Schnabel. Cloacas militares El bajo Samuel Ramey AP La segunda, con reparos sakov, que además de cantarse en alemán, mostraba una visión falsa de lo que era Boris Godunov Para el director de orquesta, la música de Musorgski va directa al corazón, tiene una profunda inspiración y muestra la esencia de la música rusa y de la psicología humana A diferencia de otras producciones, Grüber ha preferido una puesta en escena clara y sencilla que subraya el espíritu de la obra. Este montaje niega los anteriores. Es simple, metafórico y simbólico afirma Eduardo Arroyo, que se confiesa ajeno al maridaje entre ópera y cine, y sostiene que el escenario no hay que confundirlo con una galería de arte En el plano vocal, destacar el debut en Madrid del bajo estadounidense Samuel Ramey, que se alternará en el papel con el italiano Roberto Scandiuzzi, que lo canta por vez primera. Ambos coincidieron en calificar a Boris Godunov como un personaje complejo, torturado, que se deja llevar por la emoción, por lo que hay que estar muy atento para seguir el texto y no salirse de él Wayne Wang, ayer en San Sebastián AFP