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56 AGENDA Tribuna Abierta JUEVES 27 s 9 s 2007 ABC Joaquín Albaicín Escritor POTITO, ANTE LAS RUINAS DEL CAFÉ IMPERIAL ay en la Puerta del Sol un doble esquinazo que acumula su historia y aura particulares y nunca- -pese a sus múltiples lavados de cara- -ha dado un traspié frente a su gemelo de La Mallorquina. En tiempos de la Mariblanca fue solar de la célebre Iglesia del Buen Suceso, derribada en 1854. Sostuvo después el esqueleto del distinguidísimo Hotel París, donde se alojó el Maharajá de Khapurtala para ver desde sus balcones- -vista privilegiada a las campanadas de Fin de Año- -la boda real en aquel viaje en que se enamoró de Anita Delgado, con Benavente y Valle- Inclán como correveidiles en el romance. Ya por entonces lucía, en la planta baja, su palmito el Café Imperial, sede fija de la tertulia del mítico Salvador Sánchez Frascuelo. A ella asistió con regularidad el perro Paco, gran conocedor de ópera y lidia, al que los porteros dejaban entrar sin problemas tanto al Teatro Real como a la plaza de la carretera de Aragón y sobre cuya figura- -hoy, injustamente olvidada- -se extiende Hernández Girbal en su magnífica biografía del matador granadino. otra mañana, fui testigo directo de la segunda ruina de este café cuya puerta principal un día se abriera sobre la fachada del edificio que da a Sol. Me encontraba al tanto, por la prensa, de la inminente clausura del hotel. Ya está cerrado y, desde la entrada, la pupila sólo aprecia oscuridad, cal y polvo. Pronto llamará al timbre la escombrera, que removerá antes que nada a los indigentes que descansan en el umbral asomando las pantorrillas por un extremo de las cajas de cartón en que vivaquean. El mismo destino ha caído sobre los últimos locales comerciales allí domiciliados, de los que sólo recuerdo- -siempre arrastrando una masticable decadencia- Así está el patio. Igual que ya nadie toma café en los cafés, parece ser que el flamenco hay que escucharlo de boca de señores y señoras sin raigambre flamenca alguna. Por eso se retira Potito (cuyo futuro regreso jalearemos con pasión) porque le han quitado de en medio. Y no hay otra. Nadie lo dice en público, pero esta es la verdad H La Haití, una de esas cafeterías que- -como vaticinara Cañabate- -causaron la quiebra de sus abuelos los cafés y se desploman ahora como moscas, víctimas preferidas de los centros comerciales para catetos con posibles. Las paredes del espacio vecino de Haití conservaban aún azulejos, últimos espejos quizá de los toreros que, hace más de un siglo y bajo la hechizada mirada de estudiantes y pícaros, jugaron allí al monte y al giley en torno a mesas que ya no existen. A tiro de piedra estaba el Sol y Sombra, ya apenas un vago recuerdo, como la librería de la esquina, también desaparecida. Y más aún hace que nadie se refiere como La Visera, por su forma, a esa lengua de acera sobre la que un guirigay de vendedores ambulantes de toda especie expusiera antaño sus mercancías. del siglo XX vino a reemplazar al Imperial el Café de la Montaña, asiento de la tertulia del autor de Luces de bohemia, que siguió Paco honrando con su presencia hasta que un torerillo airado y de mala sarna lo mató de un espadazo durante una novillada, cuando saltó al ruedo a ladrarle sus impericias. El entierro de Paco constituyó un acontecimiento multitudinario que reunió a todo Madrid, y probablemente coincidió con aquella trifulca en el café, a consecuencia de la cual Valle- -Inclán perdió un brazo. En la Montaña se reunieron también los guardias de asalto a preparar el asesinato de Calvo Sotelo bajo el anuncio de Tío Pepe, escrutando sin duda con el rabillo del ojo el pancartón de Gil Robles desplegado, bajo el de Pedro Domecq, al otro lado de la plaza. No sabemos, en fin, qué suerte aguarde ahora al mítico enclave, en el que, desde el cerrojazo de la Montaña (no sé si durante la guerra civil) no ha sucedido nada de relieve. mucho tiempo, porque su compás y su garganta herida por el Duende hacen punzante daño y frondosísima sombra a las figuras de pega que copan hoy los carteles de los festivales, en los que, quitando a José Mercé, El Cigala, Estrella Morente y dos más, raramente se anuncia el nombre de un artista nacido en una dinastía flamenca. Le tienen retirado desde hace ni se sabe, como retirados tienen a muchísimos de los mejores artistas del hoy, unidos por el común denominador de sus genes gitanos- -que incomodan a los funcionarios andalucistas, por perturbar la frágil estabilidad de su discurso flamenquista -y su pertenencia a sagas de voces, manos y tacones cuya nacencia se pierde en la noche de los tiempos. La política urdida por promotores y agentes consiste en no otra cosa que su reemplazo por flamencos de nuevo cuño, sin denominación de origen, dóciles y manejables. Los festivales flamencos, en efecto, son ahora como la tuna: reino de estudiantes aplicados que han aprendido el arte en cursillos y han sido investidos por cuatro funcionarietes con la misión de enseñar los secretos del mismo a quienes de casta les viene. Así está el patio. Igual que ya nadie toma café en los cafés, parece ser que el flamenco hay que escucharlo de boca de señores y señoras sin raigambre flamenca alguna. Por eso se retira Potito (cuyo futuro regreso jalearemos con pasión) porque le han quitado de en medio. Y no hay otra. Nadie lo dice en público, pero esta es la verdad. fin, lectores: nos vemos en el café, que todavía quedan algunos. Como en el Comercial ya no dejan fumar, pocos periódicos voy a leer y pocos churros a saborear allí en los días venideros, si bien- -dado su estratégico emplazamiento- -seguiré utilizando sus pulcrísimos aseos. Mis favoritos son, hoy por hoy, el Café Vergara, en Ópera, y el bar del Hotel Dos Castillas, atalaya con vistas a Gran Vía. Quienes quieran instalar micrófonos espía, ya saben dónde echo humo. Polvo, Aprincipios cal, oscuridad... Y, en medio de la ruina, leo una entrevista en que Potito, cantaor genial donde los haya, anuncia su retirada de los escenarios. A partir de ahora, comunica, sólo grabará música evangélica. ¡Tremendo! Esto es como cuando cierra un café con personalidad... Pero, raptos religiosos aparte, mi querido y admirado Antonio debería decir toda la verdad subyacente al paso que ha dado: que los mediocrísimos que mandan en el flamenco le tienen retirado hace En Santiago Tena Escritor EN LO QUE TE ESCRIBO P ero sí, sí hay razones, y sí: el mundo sí nos da pautas, y sí: sí nos equivocamos, y sí: sí somos presuntuosos, y sí: sí hay incertidumbre, y sí: lo que te escribo te lo escribo hoy porque es hoy cuando la espina que no he arrancado la siento en el pecho a la derecha, y sí, según te escribo me llega la tristeza, y sí: por alguna razón que no sé, ahora puedo soportar una angustia que hace tiempo no habría sido capaz de soportar, y sí: la angustia ya ha empezado a hacer estragos, ¿por qué lo sé? Porque igual que el año pasado, cuando salgo por la noche a la terraza a fumar y me pierdo en pensamientos y fijo la vista en un punto concreto del respaldo de la silla de madera de enfrente, en ese mo- mento las maderas en mis ojos se arquean y sus semiparalelos juegan y bailan, y contra mi creencia de antaño, hoy sé con seguridad que nada hay errado en la percepción de la realidad cuando la realidad empieza a cometer inexplicables, el error no está en la percepción: la realidad sí comete los inexplicables, y no hay más realidad que la que se percibe. Pero rida, y te pude abrazar, y a veces me pasa como a ti: me inspiro, y cuando te inspiras ya la verdad da igual, y las promesas y los para siempres que uno no va a cumplir no son mentiras: son inspiración y son pasión, y son legítimos, y yo quiero abrazarte, y quiero sentirte reír, y quiero el privilegio de en lo que te escriba inspirarme también con la verdad, con toda la belleza de la verdad. estás ahí, y la otra noche sonreíste y te sentiste que- Doy fe: no sé quién soy, pero está bien. ¿Amor?