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ABC JUEVES 27 s 9 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA PODER Y NO PODER E va de Endesa por la puerta grande, aclamado por unos accionistas a quienes ha multiplicado las plusvalías a base de pelear como si estuviese defendiendo Stalingrado, y mucho más rico él mismo de lo que ya era antes de que le quisieran comprar a 21 euros lo que ha acabado valiendo 40. Sale con tiempo y dinero sobrados para dedicarse a lo que prefiera, y corre por Madrid, siempre tan rumorosa, la especie de que Rajoy le guiña el ojo para embarcarlo en la aventura política, actividad para la que se ha mostrado mucho mejor dotado que la mayoría de quienes viven proIGNACIO fesionalmente de ella. TieCAMACHO ne una vis combativa excepcional, artes comunicadoras, una dialéctica correosa y vehemente, resistencia de maratoniano, huevos como el caballo de Espartero y bastante mala leche. Y además, tiene una idea de España, de la sociedad y del mercado. Con eso ya va más servido que el ochenta por ciento de los políticos en ejercicio. Como cabeza de cartel electoral parece un mirlo blanco, realzado por el aura de popularidad que le ha proporcionado la larga y sinuosa OPA eléctrica, y en Aragón no anda el PP sobrado de gente con tirón demótico. Fichálo, fichálo, que diría José Antonio Camacho. Pero si Rajoy haría sin duda un buen negocio fichando a Manuel Pizarro para la campaña, no está tan claro que el interesado fuese a salir ganando con la experiencia. Es probable que le pique el gusanillo después de haber coqueteado tanto tiempo con los mecanismos del poder real, porque desde luego la presidencia de Endesa es un cargo político en el sentido más amplio del término, y política ha sido la batalla por el control de su accionariado. Lo que pasa es que cuando se da el salto al ámbito convencional de lo público se pierden los privilegios de la alta empresa, la capacidad de influencia es paradójicamente mucho menor y las bofetadas llueven a manojos con la particularidad de que resulta mucho más difícil devolverlas. Por ende, la lógica económica y empresarial es más objetiva que la de la política, donde cualquier cretino atrincherado en un aparato de partido tiene una capacidad de obstrucción inconcebible en la esfera privada. En una empresa al que no rinde se le aparta dándole el finiquito, todo lo más con una indemnización para que se esté quieto, pero en un partido resulta frecuente que a los más torpes se les recompense con responsabilidades públicas según el extraño baremo de los años que llevan administrando su torpeza. Decía Luc Ferry, filósofo francés que fue ministro de Educación con Chirac, que al llegar al poder lo primero que descubrió es que poder, lo que se dice poder, no tenía. Adonde había llegado es al Presupuesto, que no es lo mismo. Pizarro ha tocado y ejercido el poder de verdad, el fáctico, el influyente, el que permite la toma de decisiones, la facultad de mandar y ejercer una jerarquía ejecutiva e incontestable. Como se meta en política descubrirá el no poder, la impotencia estéril de discutir en pie de igualdad con un idiota sin que la gente aprecie la diferencia. Y, lo que es peor, discutiendo a menudo con el respaldo de menos votos, que son aún más difíciles de incrementar que las plusvalías. S EXTERIOR UN PEQUEÑO PAÍS, BÉLGICA L OS analistas se dividen ante el riesgo que amenaza a Bélgica, 109 días sin gobierno: riesgo, lejano quizá, de ruptura del estado. El Rey acudirá probablemente a defender la unidad del país. Hemos hablado con valones, flamencos, holandeses y franceses. Resumimos cuestiones de hecho, poco opinables. Opinamos en los dos últimos párrafos. Bélgica nació en 1830 para integrar a las comunidades flamenca y valona, neerlandófona y francófona, distantes de Holanda, flotantes en el vacío desde que en 1803 Napoleón disolviera por sí y ante sí una construcción de 1900 años, el imperio romano- germánico. Una rama de la dinastía Sajonia- Coburgo fue entronizada. Los valones eran entonces más ricos que los flamencos. Hoy los flamencos ingresan más que los valones, tornas invertidas por las que la seguridad social de Walonia se financia también con aportaciones del norte. Un francófono inteligente, Guy Verhofstadt, primer ministro de 1999 a 2007, pregunta por ejemplo: ¿Cómo repartimos la deuda nacional? Discrepa otro primer ministro, también democristiano, también de calidad, JeanDARÍO Luc Dehaene, precisamente por ser flaVALCÁRCEL menco. El partido más votado, los democristianos flamencos de Yves Leterme, no han podido formar gobierno desde su elección del 10 de junio. Hay tendencias borrosamente definidas, partidarias de la separación. Pero es dudoso que el país pueda romperse. Hay once partidos con representación parlamentaria en una cámara de 150 escaños: dos democracias cristianas, valona y flamenca, dos partidos socialistas, dos liberales, dos ecologistas, dos de extrema derecha, todo duplicado. Un tipo basto, Filip Dewinter, líder de la extrema derecha flamenca, explica que Bélgica es un paciente en fase terminal al que debe aplicarse la eutanasia Su intervención refuerza la unidad del país. Un elemento inquietante: Bruselas es la capital de la Unión Europea. Si el estado belga se dividiera, como Checoslovaquia, surgiría un problema comunitario añadido. El nacionalismo peor reaparecería como un triunfo de la irracionalidad frente a la esperanza en una Europa estable, basada en el derecho. Algunos observadores (Quentin Peel, en el FT) rechazan la exageración mediática. Bélgica no se romperá: vivirá largos años. Es la mezcla de problemas lingüísticos, culturales y económicos lo que genera la actual confusión. Es urgente cortar, como Alejandro, el nudo gordiano. El rey Alberto, 73 años, aboga por una gran coalición, fórmula integradora, útil en momentos de crisis. Como otros monarcas europeos, quiere simbolizar la permanencia del país. Hermano menor de Balduino, antiguo play boy de los años cincuenta, se ha transformado con la edad en un buen servidor del Estado. Las monarquías europeas son fenómenos extraños, no fáciles de entender, no despachables de un plumazo. Verhofstadt, primer ministro saliente, demostró durante ocho años cómo los problemas de identidad nacional, aparentemente insolubles, pueden aplazarse. A falta de solución, un aplazamiento de 50 años, o de 200, será mejor que una ruptura. La monarquía belga tiene ahora una ocasión. Balduino I era un monarca ejemplar, demasiado ejemplar: un santo cuyo voto de pobreza le llevaba a ver los telediarios en su vieja televisión en blanco y negro. Por contra, el rey actual vive en su tiempo. Desde hace tres meses hace consultas, consciente del limitado papel que le corresponde: derecho a ser consultado, a estimular, a advertir. Sin el apoyo de aquellos a quienes consulta, el rey no tiene poder. Su función es la de convencer. Algunos partidos flamencos tratan de limitar aún más el estrecho margen real. Un autor respetado define al rey como garante de la lealtad a la federación por parte de los partidos. La corona asegura a los francófonos, hoy minoritarios, el respeto a sus derechos: Reducir el poder del rey, escribe Pierre- Yves Monette, es cortar las posibilidades de sobrevivir del país Alberto II podrá emplearse una sola vez en la crisis. Lo hará para defender la unidad. Si fuera un líder, intentaría galvanizar a la nación con un mensaje eléctrico. Pero no es un líder sino un rey.