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ABC MIÉRCOLES 26 s 9 s 2007 Necrológicas- -Esquelas AGENDA 69 Haider Abdel Shafi s Político palestino La conciencia decente de Arafat Nunca, ni un solo día de su intensa vida, traicionó al pueblo palestino, que le respetó más que a nadie JUAN CIERCO Lúcido. Inteligente. Leal. Decente. Pacífico que no pacifista. Respetado por sus enemigos. Admirado por sus amigos. Entregado a su pueblo, a su causa. Valiente. Mucho. Para denunciar los abusos de Israel. El silencio de la comunidad internacional. La parcialidad de Estados Unidos. La decadencia de Yaser Arafat. La corrupción en la Autoridad Nacional Palestina. Determinado. Comprometido. Con un pueblo que ayer le lloró unido. Con un sueño, el de la libertad, la unidad, la democracia, la patria palestina, que le llevó a encabezar la delegación de la OLP, sumada a la representación jordana, en la histórica Conferencia de Paz de Madrid de 1991. Honrado. Para ser fiel a sí mismo. Y abandonar, por su rechazo a los acuerdos de Oslo, la jefatura de la delegación que negoció en Washington los primeros pasos de la autonomía palestina. Conversador insuperable. Ágil, Sucinto. Nunca una palabra más alta que otra. Nunca una coma sin poner, una tilde sin colocar, un matiz imprescindible sin subrayar. Para decir, denunciar, explicar, argumentar, criticar lo que fuera necesario. Yaser Arafat es un dictador que no merece representar a nuestro pueblo dijo en una entrevista con ABC en el año 2001 cuando nadie entre los dirigentes palestinos osaba entonces decirlo. La solución a los problemas del pueblo palestino no dependen de Israel, de Estados Unidos, de la Unión Europea. Están dentro de la sociedad palestina aseveró cuando lo más fácil era culpar a Tel Aviv de todos los males de su pueblo. Cada ataque palestino contra Haifa, Jerusalén o Netanya es un duro golpe para los palestinos. No podemos sumarnos a la barbarie y asesinar de manera indiscriminada a inocentes porque así ofrecemos en bandeja de plata la excusa perfecta a Israel para seguir ocupando nuestra tierra; a Estados Unidos para seguir decantándose por Israel, a Europa para mirar a otra parte Contrario al terrorismo. Partidario sin disimulo de la resitencia armada. Contra la ocupación nunca detenida de los territorios palestinos. Contra la destrucción de los cam- Haider Abdel Shafi pos agrícolas. Contra arrancar de raíz los olivos centenarios, sustento de decenas de miles de personas. Laico, pese a su cuna islamista (su padre era un prominente jeque en la Franja mediterránea) Dolido. Con los traidores que con tanto boato y esplendor vendieron la causa palestina de puertas para fuera pero se lucraron gracias a ello en los recovecos más oscuros de una vida vendida al mejor AP postor. Sencillo. Directo. Humano. Tanto que dejó una prometedora carrera como doctor en los Estados Unidos para regresar a su tierra, no sólo por sus convicciones políticas y nacionales, y entregarse a los más necesitados. Fundó la sociedad de la Media Luna Roja en esa Palestina que no existe pero sufre, él lo sabía mejor que nadie, día a día, más en su Gaza natal que en su Cisjordania hace tiempo abandonada también a su mala suerte. Nunca nadie pudo decirle a la cara lo que él le dijo a tantos. Nunca nadie pudo acusarle en público de lo que él acusó a tantos. Nunca nadie pudo denunciarle ante los suyos como él denunció a tantos a golpe de verdad inquebrantable. Nunca pagó en una tienda; ni en un café; ni en un restaurante. No le dejaban sus amigos, sus seguidores, sus fieles y leales vecinos. Hasta los que nunca simpatizaron con su apuesta moderna de la sociedad, Hamás, sobre todo Hamás, se acercaron a su casa a recibir su bendición. Fue lo primero que hizo Ismail Haniyeh, actual primer ministro palestino, cuando su partido venció en las elecciones democráticas celebradas en los territorios ocupados de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este en enero de 2006. Haider Abdel Shafi, doctor en medicina, representante palestino en la Conferencia de Paz de Madrid, negociador jefe en las conversaciones de Washington, detractor de los acuerdos de Oslo, opositor democrático a Yaser Arafat, martillo testarudo contra la ocupación de un Israel donde se le temía a la vez que respetaba, padre de cuatro hijos, abuelo de ocho nietos, fundador de la Media Luna Roja palestina, lúcido, inteligente, leal, decente, pacífico que pacifista, valiente, comprometido, honrado, laico, sencillo, directo, humano, entregado a su causa murió ayer, víctima de un cáncer de estómago, en su coqueta casa de Gaza, a los 88 años de edad. Descanse en paz. Algo que, por desgracia, no puede hacer su castigado pueblo.