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22 ESPAÑA Acoso islamista a España s El avispero afgano MIÉRCOLES 26 s 9 s 2007 ABC César Alonso de los Ríos LA PAZ DE ZAPATERO esulta macabra la utilización del término paz que hace Zapatero, especialmente los días en que es repatriado algún soldado muerto en la guerra contra los talibanes. Y lo es, sobre todo, porque la dedicación de nuestros soldados no es ya el resultado de las levas tradicionales sino de opciones personales, profesionales. ¿O acaso lo que quiere decirnos Zapatero es que el Gobierno es más pacifista que unos soldados que, por razones económicas, estarían dispuestos a todo? La estadística que publicaba ayer ABC coloca a España en el segundo puesto entre los diecisiete países con algún muerto en la guerra de Afganistán. Es verdad que una buena parte de las ochenta y cinco pérdidas de nuestros soldados debe su causa a accidentes pero, en todo caso, la presencia española en esa lista de honor viene a consolidar la ruptura del aislamiento internacional que consiguió Aznar con su política internacional y que aún se mantiene. A pesar de Zapatero. España ya no podrá escapar en el futuro a compromisos como el de Afganistán. Jamás volverá a repetirse una escapada como la de Irak. Una traición semejante. El desprecio con el que sigue tratando Bush a Zapatero se prolongará en su sucesor, republicano o demócrata, y nos seguirá alcanzando a todos mientras los socialistas no den señales de arrepentimiento. Sobre todo si nuestros gobiernos de izquierda no acaban de interiorizar el hecho de que España es miembro de la OTAN y siguen empeñados en obstaculizar, en la medida que puedan, los objetivos atlantistas tanto desde el punto de vista de los mecanismos interiores de la Organización como desde el punto de vista de la propaganda. Anti- atlantista. Dado el agotamiento de los ideales de la izquierda, socialista y comunista, Zapatero trata de echar mano de la paz para todo, como una forma de diferenciarse de la derecha. Paz frente al terrorismo de ETA y paz frente al horror de los talibanes. Para todo quiere echar mano de la paz aunque ésta ya no tenga nada que ver con la que en su día pedía Blas de Otero. R Los compañeros de los dos soldados fallecidos en Afganistán les despidieron ayer con un emotivo acto castrense EFE Una guerra sin frente En Herat hay miedo y el trato de los militares con la población local es nulo s El atentado contra los españoles o el secuestro de dos soldados italianos son elementos de una guerra sin frentes y con el enemigo agazapado y sin uniforme POR MIKEL AYESTARÁN DOGHAROUN. Alto riesgo de secuestro de extranjeros reza el encabezamiento de la última nota difundida por Naciones Unidas a sus expatriados en Herat. Ahora, en esta legendaria ciudad caravanera, no se ven extranjeros. Sólo los blindados italianos cruzan a toda velocidad las calles para llegar a su base, rodeada cada vez de más cemento. Cooperantes y personal de Naciones Unidas van del trabajo a sus residencias- -con vigilancia permanente- Hay miedo y el trato con la población local es puntual. Pese a los pactos entre las fuerzas internacionales presentes en la ciudad- -italianos y españoles mayoritariamente- -con el señor de la guerra local y actual Ministro de Energía y Agua, Ismael Khan, y al progresivo asentamiento de las fuerzas de seguridad afganas, los índices de peligrosidad se han elevado. El atentado contra los españoles en Shewan o el secuestro de los militares italianos en una zona muy próxima son la última muestra de esta espiral de violencia. Otros pequeños incidentes sin víctimas, como la aparición de decenas de minas en los caminos, apenas trascienden a la opinión pública, pero van llenando los informes de los servicios de seguridad. España mantiene desplegados unos setecientos hombres en la región Oeste del país, la mayoría en la base de apoyo de Herat, y el resto en el PRT (siglas en inglés de equipo de reconstrucción provincial) de Qala i Nao, en la montañosa e inaccesible provincia de Badghis. Germán Pérez Burgos y Stanley Mera Vera, los soldados muertos al pisar su vehículo blindado una mina, y el intérprete, Roohulah Mosavi, formaban parte del contingente destinado a Herat y una de sus misiones era la de controlar la principal carretera del país, la Ring Road, donde en la mañana del lunes perdieron la vida. Herat permanecía tranquila pero, según fuentes cercanas a responsables de seguridad de la base, en estos momentos se han consolidado dos corredores que vienen del sur y están provocando numerosos incidentes. El primero discurre por el oeste de la región, por la tierra de nadie que separa Afganistán de Irán y que se ha convertido en dominio de los traficantes de opio. Debido a los continuos enfrentamientos entre la guardia fronteriza y las mafias, los iraníes han marcado una segunda línea divisoria a treinta kilómetros de la oficial y allí está restringido el acceso de extranjeros. El segundo foco de tensión que afecta a los españoles asciende por el lado este, desde Helmand hasta la frontera con Turkmenistán, y discurre muy cerca de la base de Qala i Nao. Fuentes de Naciones Unidas aseguraron que Darrehye- Bun, lugar frecuente de los enfrentamientos entre talibanes y el ejército afgano y donde tuvieron que intervenir militares españoles el pasado mes de agosto, es actualmente un bastión talibán donde un grupo no numeroso, pero muy duro, se ha hecho con el control y está a punto de izar la bandera talibán Esta localidad dista apenas noventa kilómetros de la base española. El sur de Afganistán es considerado por muchos expertos como un feudo talibán inexpugnable y, pese a las constantes operaciones militares de Estados Unidos y Canadá, nadie puede hasta el momento acabar con un poder muy arraigado entre la población local. Su influencia se va extendiendo y los diferentes grupos optan por los ataques esporádicos y los secuestros como táctica para lograr la desestabilización, no se trata de una guerra abierta como en Kandahar según fuentes cercanas a la seguridad de la base de Herat. En la ciudad apenas han llegado los ecos de la muerte de los soldados españoles y su traductor en el último ataque. La base con presencia española se encuentra a veinte kilómetros del centro urbano y los militares no salen de la misma si no es para llevar a cabo operaciones en los distritos del sur. Los afganos estamos tan acostumbrados a vivir con la muerte, que este tipo de atentados apenas nos sobresaltan. La única lectura posible es que los talibanes siguen fuertes y que ni los extranjeros, ni las fuerzas de seguridad afganas pueden con ellos lamenta el periodista de la televisión local de Herat, Owais Tokhti. Segundo foco Vivir con la muerte Los militares no salen de la base si no es para llevar a cabo operaciones en los distritos del sur Los talibanes siguen fuertes y ni los extranjeros ni las fuerzas de seguridad afganas pueden con ellos