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ABC MARTES 25 s 9 s 2007 CULTURAyESPECTÁCULOS 85 ÓPERA Autor: L. Balada. Intérpretes: Gustavo Peña (Johnny) María José Suárez (madre) Chester Patton (padre) Sonia de Munck (amada) Coro del Teatro de la Zarzuela. O. de la Comunidad de Madrid. D. escénica: Gustavo Tambascio. D. musical: José Ramón Encinar. Figurines: Jesús Ruiz. Teatro de la Zarzuela. Madrid Hangman, Hangman! y The Town of Greed Espectacular ANDRÉS IBÁÑEZ Como sucede algunas veces con los compositores que escriben sus propios libretos, los de Leonardo Balada no son buenos: son esquemáticos, alternan el guiñol con lo sentimental, convierten el distanciamiento épico en puro panfleto didáctico. Balada vive en EE. UU. desde hace muchos años, pero su visión del país del águila calva no es más que una suma de tópicos que ya eran tópicos cuando Brecht- Weill, por ejemplo, escribieron su Mahagonny, una ópera con la que Hangman, Hangman! y The Town of Greed tienen tantas similitudes. El Estados Unidos de Balada es el país de la corrupción y del dinero, un infierno deshumanizado donde los sentimientos no existen y las personas son simples mercancías. Un país, en fin, tan imaginario como imaginario Steve Earle, en una imagen promocional ABC Steve Earle hace el amor y sigue sin hacer la guerra El forajido de leyenda del country publica hoy Washington Square Serenade su nuevo, intenso y emotivo álbum MANUEL DE LA FUENTE MADRID. Ya no parece tan fiero, por esas cosas del amor. Pero si usted coincide con este virginiano (aunque sus abuelos le metieron los pies en barro texano nada más nacer) mejor que eche mano al cinto. Steve Earle es un tipo duro. Un forajido de leyenda, la misma leyenda que se llevó por delante a otros cowboys del pentagrama como Gram Parsons, Hank Williams y Townes Van Zandt. No, no hay que andarse con bromitas cuando se está ante carne de presidio por posesión de drogas. Yendo al grano, no sólo las poseía, también se las echaba al coleto. Cuentan que la cárcel le salvó la vida pues salió adelante tras cuatro años en un programa de rehabilitación. Pero Earle no sólo tenía la garganta y la vena profundas, sino también la guitarra afilada y la lengua larga: Que le den por c... al FBI, que le den por c... a la CIA... viviendo en la hija de p... de los Estados Unidos... cantaba en un corte de The revolution starts now su anterior álbum, parido en plena efervescencia anti- Bush de la izquierda americana. Steve es un colega que ha bebido el country a morro en la misma botella de Jack Daniels que Merle Haggard, Willie Nelson, Waylon Jennings y Johnny Cash. Y de remate unos cuantos tragos de Dylan, de Woody Guthrie, unos tequilas de rebeldía, y una voz más polvorienta que el desierto de Mojave. Un vaquero que canta con las entrañas, con el corazón y las tripas sobre la guitarra. Uno de los músicos más personales e intransferibles, un Dylan enfurecido, un Bruce roto por la ira, que publica ahora un nuevo álbum, Washington Square Serenade intensísima colección de canciones hechas con sangre, sudor y lágrimas, canciones para esa América que no vive pendiente, precisamente, de Wall Street. Estaba bastante desesperanzado sobre la situación política de mi país en los últimos años- -recuerda ahora el músico- -y me planteé seriamente marcharme a otra parte. Pero entonces me di cuenta de que no tenía que dejar el país. Todo lo que tenía que hacer era marcharme a Nueva York Dicho y hecho. Y para celebrarlo, este nuevo disco, a la venta a partir de hoy. Felizmente casado (a juzgar por la sobredosis de romanticismo de varias de las canciones) con la también cantante y compositora Allison Moorer que lo acompaña en varias piezas (brutal el contraste entre la voz virginal de Allison y la voz arenosa de Steve) Earle no sólo se ha instalado en Nueva York, sino que vive en la misma calle en la que se hicieron las famosas fotos del The Freewheelin de Dylan en 1962, con Bobby y su novia de entonces, Suze Rotolo, tiritando de frío. Un sonido acústico, pero afilado y lacerante, sirve de soporte a este magnífico puñado de canciones. Varias de ellas bailan dulce y cálidamente sobre la cuerda del amor (con declaraciones de ardor romántico del tipo, Ella bendice todo lo que mira... u Otro día que se nos escapa amor mío, los días no son nunca lo suficientemente largos... Pero tampoco faltan piezas más sociales (en las que Steve tiene pegada de peso pesado) como City Of Inmigrants Vivo en una ciudad de inmigrantes y no necesito viajar, sólo con abrir la ventana el mundo entra por ella. Vivo en una ciudad donde los sueños de los hombres crecen hasta tocar el cielo O como el festivo homenaje a Pete Seeger en Steve s Hammer en alusión a la conocida canción del abuelo Pete, Si yo tuviera un martillo... Steve se compromete a dejar el martillo tranquilo, pero eso sí, cuando no haya más hambre, ni terror, cuando las guerras terminen, cuando los océanos estén limpios... Steve Earle está feliz, con sus barbas a lo Ginsberg, con su chica Allison, y con la cosmopolita y vitalista ciudad de Nueva York. Parece que Cupido ha suavizado al asilvestrado Earle, pero no se engañen, en su nuevo álbum, el gran rockero norteamericano es un lobo con piel de cordero. El forajido de leyenda ha vuelto. Y hace el amor (y las canciones) y sigue sin hacer la guerra. Más información sobre el artista: http: www. steveearle. com era el inglés de los cantantes de esta noche, excepción hecha de Chester Patton, que cantaba, con poderosa y bella voz de bajo, en su lengua nativa. Muy interesante la música de Balada, que combina un áspero expresionismo con una amplia variedad de recursos tímbricos y especialmente rítmicos y se abre además a amplias melodías diatónicas (aunque el embrujo de la armonía se evita deliberadamente) o a referencias al folklore tan directas como esa hermosa melodía pentáfona que suena hacia el final de The Town. Lo más destacado: el trabajo impecable de Encinar y los solistas de su orquesta, la preciosa voz de Sonia de Munck, cuya aria en la segunda obra fue el gran momento operístico de la noche, los deslumbrantes figurines de Jesús Ruiz y, sobre todo, la fantasía enfermiza y decadente, que no en decadencia, de Gustavo Tambascio, director de escena; que ha optado, creo yo, por no creerse las lecciones morales contenidas en estas óperas de tesis y se ha decidido a convertirlas, con un apabullante dominio de los medios, en eso que suele llamarse un espectáculo total en el que alternan proyecciones cinematográficas, enanos, seres deformes, bailarines, luchadores mexicanos, diablos, mucho sexo y unos cowboys en shorts que resultaban totalmente gays. En definitiva, un inicio espectacular de la temporada de la Zarzuela. EFE El Orfeón Donostiarra, en el Musikverein El Orfeón Donostiarra ha marcado una nueva muesca en su centenaria trayectoria con su presentación en la Sala Dorada del Musikverein vienés, sede del Concierto de Año Nuevo. El conjunto donostiarra interpretó, con la Sinfónica de Viena, y dirigido por Dante Anzolini, un concierto con fragmentos de ópera y zarzuela