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ABC MARTES 25 s 9 s 2007 CULTURAyESPECTÁCULOS 83 Amar después de morir El filósofo André Gorz, de 84 años, se quitó ayer la vida junto a su mujer, Dorine. Fue una amiga de la pareja la que encontró en la puerta de su casa una nota: Avisen a la Policía Cuando entraron se encontraron a la pareja, tendidos el uno junto al otro JUAN PEDRO QUIÑONERO CORRESPONSAL PARÍS. André Gorz (Viena, 1923; Vosnon, Aube, 2007) nació en una familia de judíos vieneses condenados a sucesivos destierros europeos, antes de consagrarse a la militancia política radical y anti autoritaria y hacerse célebre como teórico de la economía política, la acción sindical y libertaria. Pasará a la leyenda como el autor de una celebérrima carta de amor a su esposa, escrita ya pasados los ochenta años. La pareja se suicidó ayer en un pequeño pueblo de adopción. Gerard Horst, el futuro André Gorz, nació en Viena, en el seno de una familia de la pequeña burguesía ilustrada, judíos condenados al destierro, víctimas de la ascensión atroz del antisemitismo. Su padre se convirtió al catolicismo. Y su madre envió a Gerard a una institución religiosa, en Suiza, en Lausanne, donde estudió ingeniería química. En la inmediata posguerra, Gerard decide volver a emigrar e instalarse en París, donde su contacto con Jean- Paul Sartre tendrá una importancia decisiva en su vida. Gerard Horst se transformó en André Gorz, que comenzó a colaborar como reputado periodista especializado en temas económicos. Trabajó en el legendario Express fundado por JeanJacques Servan- Schreiber, donde se ganó una reputación de excelencia profesional. Descontento con la evolución del semanario, convertido en una publicación menos política, a la manera de los semanarios norteamericanos, Gorz fue con Jean Daniel uno de los patriarcas fundadores del semanario Le Nouvel Observateur el gran semanario de la izquierda socialdemócrata francesa, con flecos anti comunistas, anti autoritarios, libertarios y ecologistas de muy primera hora. Bilingüe desde niño, Gorz- -ya para siempre- fue uno de los introductores en Francia de la Escuela de Fráncfort, Marcuse, Adorno, Horkheimer, Habermas, durante los años sesenta del siglo pasado. Fue su gran época de teórico de la ecología política y el nuevo sindicalismo. Entre Le Temps Modernes y el Nouvel Observateur Gorz educó a una o dos generaciones de insumisos libertarios, enfrentados al autoritarismo comunista, desbrozando nuevos terrenos a través de una quincena de obras de cierta relevancia, muy marcadas por la búsqueda de una moral no autoritaria. Sin embargo, el teórico político, el analista de las nuevas relaciones materiales, derivó pronto hacia otros territorios, esencialmente morales, indisociables de su condición última de judío apátrida. Gorz analizó desde una óptica radical, poco o nada convencional, las metamorfosis del trabajo y las relaciones laborales. Pero, en verdad, lo esencial de su obra era la búsqueda de una moral, en tiempos de crisis de las ideologías y ascensión imperial de un inmoralismo relativista, que él fue uno de los primeros en denunciar. Ya pasados los ochenta, Gorz publicó el otoño pasado el libro que echa los cimientos de su incipiente leyenda, su Lettre à D. Histoire d un amour Carta a D. Historia de amor Más allá de las teorías, caídos todos los velos, idas todas las esperanzas, Gorz escribe a la mujer de su vida una carta de amor: ambos están enfermos, ambos se descubren al margen de todas las patrias, ambos han vivido solos, desde niños, ambos dicen amarse, a los ochenta años, con la intacta pasión de cuando se conocieron, en París, sesenta años atrás, en un baile de la plaza de Saint- Sulpice, la noche de un 14 de julio. CLÁSICA Festival de Alicante Obras de Kishino, Hosokawa, Mochizuki e Itoh. Int. Plural Ensemble. Dir. Fabián Panisello. Teatro Arniches, Alicante. Brisa oriental ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE Apenas acaba de comenzar la vigésimo tercera edición del Festival de Música de Alicante y ya aparecen las primeras conclusiones. De entrada, el lema Trazos de Oriente justifica la presencia en la programación de algunos nombres originarios de Japón, China, Corea e Indonesia. Es fácil pensar, y así se dice, que el intercambio cultural entre aquel y este mundo es uno de los argumentos de fondo. En ese espacio quieren moverse las obras de los nipones Malika Kishino, Toshio Hosakawa, Misato Mochizuki e Hiroyuki Itoh, autores protagonistas del segundo concierto del festival. En efecto, la música de todos ellos ha sonado precedida de un halo de metáfora. Cada cual explica su obra sobre meditadas descripciones siempre cercanas a los jardines, el espacio abierto o minuciosamente ordenado, el tiempo, los sueños o las sensaciones. Aunque el resultado se fortalezca arrasado por el magma fagocitador de la música occidental. De todas ellas, Vers le ciel de Kishino se demostró la más afectada. Siendo de 2006 resulta anacrónica, un ejercicio al que le pesa alguna vieja vanguardia y en el que la verdadera personalidad de su autora se disfraza enigmática. Con ella comenzó un concierto que Fabián Panisello y su Plural Ensemble llevaron con seguridad y precisión. La calidad instrumental facilitó que las obras de Hosokawa atinaran en afortunados encuentros sonoros, entretejido melodismo y algún expresivo silencio. Drawing para ocho instrumentistas, apuntó, además, las razones de por qué Hosokawa es uno de los compositores japoneses mejor asentados en el repertorio, mientras la veinteañera Vertical Time Study se proclamó un trío de reminiscentes resonancias. Acertó Panisiello al ordenar el programa, pues gracias a ello se pudo entender el fluir rítmico de Voilages de Mochizuki, desde la llanura sonora a la que retorna, o el sustrato americano de In the dim light de Itoh, que no por casualidad se estrenó en Nueva York hace poco más de un año. Otras citas del Festival quizá ahonden más en las diferencias entre Oriente y Occidente. Por el momento sólo se ha hablado de dependencia en el pensamiento musical japonés de hoy. André Gorz y Dorine, en febrero de 1947 La carta, de la que abajo se reproducen varias líneas, contiene ochenta y tantas páginas de amor y esperanza, teñidos de melancolía, ante la contemplación de dos niños, dos jóvenes, un hombre y una mujer que siempre habían vivido condenados al destierro. Ella era una inglesa que hizo su vida en París. Él era un judío austriaco que consagró su vida a soñar un mundo nuevo que solo terminó encontrando en el cuer- SUZI PILLET Carta de amor a D. La carta contiene ochenta y tantas páginas de amor y esperanza, teñidos de melancolía po de la mujer que amó, Dorine. A lo largo de su Carta a D. André Gorz pasa revista a su vida en común. Y advierte que fueron una pareja de solitarios, apátridas, sin tierra, sin familia. Y en esa tierra de nadie del amor fiel, André y Dorine terminan por encontrar la patria inmaterial de un amor que va más allá de la muerte. André y Dorine discuten, cuenta él, la posibilidad de suicidarse. Están solos. Y la muerte, escribía André Gorz, sería para ellos una nueva tierra prometida, donde continuarían amándose. Tema central en la gran literatura áurea castellana. La carta con la que nace la leyenda de André Gorz y Dorine es el tema central de la Égloga tercera de Garcilaso. Nos gustaría no sobrevivir a la muerte del otro No hay mejores palabras que las empleadas por André Gorz para describir el intenso amor que le profesaba a su esposa, Dorine. Unas palabras que dieron pie a una carta, una carta que cedió el testigo a un ensayo, un ensayo que se convirtió en un libro: Carta a D. Historia de un amor Amor con mayúscula. De palabras escritas, susurradas en la primavera de 2006, y editadas por Galilée Vas a cumplir 82 años. Has menguado 6 centímetros, no pesas más de 45 kilos y todavía eres bella, graciosa y deseable. Hace 58 años que vivimos juntos y te amo más que nunca. Experimento de nuevo en lo más hondo de mi pecho un vacío devorador que sólo puede colmar el calor de tu cuerpo contra el mío Una carta de amor a una mujer todavía viva, pero enferma, que sufre y que un día no muy lejano va a morir. Una muerte inaceptable para el otro, para el todo. Nos gustaría no sobrevivir a la muerte del otro. Nos hemos dicho muchas veces que si, por casualidad, tuviésemos que vivir otra vida, disfrutásemos de una segunda vida, querríamos vivirla juntos, siempre juntos Y sigue André y no ceja y comenta el suicidio de Arthur Koestler y de su mujer, Cynthia: Hemos hablado de este suicidio en pareja y no dejamos de hacerlo durante mucho tiempo desde que nos enteramos del mismo. Pero esa fue su historia, casi su combate. Ya no pienso en ella y Dorine tampoco. Dorine y yo vivimos el instante infinito, sabiendo que ya ha llegado a su fin y eso está bien. Para nosotros, el presente basta