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ABC MARTES 25- -9- -2007 Ahmadineyad afirma en Nueva York que Irán es víctima del terrorismo 31 España es el país que menos CO 2 logra reducir A. ACOSTA MADRID. En febrero de 2005, el Palacio de la Moncloa se engalanaba para celebrar la entrada en vigor del protocolo de Kioto. En un acto amenizado por un grupo de bailarinas, el presidente del Gobierno anunciaba la revisión del plan energético para cumplir con Kioto y reiteraba su compromiso sobre el progresivo abandono de la energía nuclear. Lo segundo ha generado polémica, y lo primero ha traído de cabeza a la ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, quien no ha logrado cuadrar un balance a cero del plan de asignación de emisiones, con lo que España llegará a 2012 superando en un 37 el nivel de 1990, cuando nuestro límite en Kioto es un aumento del 15 Pese a que las emisiones cayeron un 4 en 2006, gracias al aumento de la producción hidráulica y al incremento del precio de los combustibles, lo cierto es que nuestra lucha contra el cambio climático ha sido marginal. Así, el CO 2 emitido ha crecido un 48 desde 1990, somos el país desarrollado que más aumenta su contaminación y, además, el Gobierno ha aprobado una Estrategia de Cambio Climático sin límites de reducción. La esperanza es que en la negociación de las cuotas para la segunda parte de Kioto se tuvieran en cuenta las emisiones per cápita y por unidad de producción, algo que no cuenta con el respaldo de los países de la UE que sí han hecho sus deberes. La campaña constante de Gore El ex vicepresidente de Estados Unidos, transformado en una estrella internacional del ecologismo aunque no carente de críticos, persiste en su doble obsesión personal: la amenaza del cambio climático y la Administración Bush PEDRO RODRÍGUEZ CORRESPONSAL WASHINGTON. Entre los líderes mundiales ayer congregados en la sede neoyorquina de la ONU para abordar los retos del cambio climático figuraba Al Gore que, pese al fracaso de sus ambiciones presidenciales en Estados Unidos, ha sabido transformarse durante los últimos cinco años en una especie de estrella internacional del ecologismo- -no carente de críticos- -pero incansable con sus giras internacionales, su permanencia en la listas de libros más vendidos y además con un Oscar y un Emmy. En esta campaña permanente y sin fronteras, antes de participar en la reunión de alto nivel de Naciones Unidas, Gore ha pasado por Australia sin privarse de criticar las políticas medioambientales del primer ministro John Howard y de respaldar públicamente a la oposición laborista. Hasta el punto de calificar a los actuales gobiernos estadounidense y australiano como los Bonnie Clyde del medio ambiente global por no haber ratificado el Protocolo de Kyoto y sus correspondientes limitaciones en emisiones contaminantes vinculadas al efecto invernadero. El mensaje que estos días repite el ex vicepresidente Gore es que el cambio climático ya no es una cuestión científica, política o ideológica sino simplemente de supervivencia. Argumenta que el aumento de población en el mundo combinado con los cambios tecnológicos han logrado convertir a la humanidad en un elefante dentro de la cacharrería del medio ambiente global, como queda ilustrado en el acelerado ritmo de deshielo que sufre el Ártico. Tras el éxito multimedia de su película Una verdad incómoda Gore acaba de confirmar que se encuentra trabajando en una segunda parte titulada El sendero para la sup e r v iven ci a Un libro cuyo lanzamiento está previsto para el próximo 22 de abril, el Día de la Tierra, y que de acuerdo a su anticipado y grandilocuente márketing será en parte manual científico, en parte denuncia y en parte una llamada con visión de futuro para un nuevo movimiento político en todo el planeta Junto a la causa ecologista, Gore tampoco ha dejado de cultivar un permanente ajuste de cuentas con la Administración Bush y lo que él considera zonamiento basado en hechos. Con el agravante de practicar una política exterior unilateralista y haber marginado en la arena doméstica al Congreso y los tribunales. Precisamente, este tipo de planteamientos son los que sirven para alentar las continuas especulaciones sobre una posible vuelta de Al Gore a la política estadounidense, con su correspondiente hueco en las quinielas presidenciales para el 2008 y el morbo de ver si adelgaza, lo que sería interpretado como un indicio positivo de apetito electoral. En diferentes entrevistas, el ex vicepresidente ha indicado que no se siente tentado a entrar en el actual pulso por la Casa Blanca, pero sin llegar a descartar completamente su retorno a la arena política. De no presentarse, se espera que Al Gore respalde a alguno de los candidatos que aspiran a conseguir la nominación presidencial del Partido Demócrata. Pero no necesariamente a Hillary Clinton, la esposa de su antiguo jefe. Diplomáticamente, pero demostrando las tensiones existentes también con Bill Clinton, Gore se ha limitado a indicar que no se siente obligado a respaldar a la senadora por Nueva York y que, por el momento, no quiere hacer distinciones. Al Gore como interminable historial de abusos de poder. Esta primavera en Estados Unidos, el activista publicó Asalto a la razón Un manifiesto escrito con evidente enojo contra los actuales ocupantes de la Casa Blanca y basado en el reproche de haber degradado el ambiente político a través del secretismo, el miedo y el rechazo al ra- ABC. es Galería de imágenes sobre la reunión abc. es internacional