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ABC LUNES 24- -9- -2007 77 nos compañía podrían volver en paz a su estado salvaje, los niveles de contaminación retrocederían, bosques y selvas recuperarían lo que es suyo bajo el cemento y el asfalto, etc. En suma, sin nosotros, ¿viviríamos mejor? La fantasía de Weisman mezcla con naturalidad lo idílico y lo pavoroso. Y aunque ha hecho un enorme esfuerzo de credibilidad empírica, por supuesto si se realizara de verdad el experimento no quedaría nadie para confirmar o desmentir los datos. The New York Times aunque recomienda el libro, detectar cierta flagrante contradicción: sugiere que los efectos presuntamente positivos de una plena extinción de la raza humana es difícil que resistan la acción de un agente destructivo tan radical como el que haría falta para acabar con ella. Incluso si se descubriera un virus con una mortalidad del 99 ese margen de inmunidad natural que es la excepción de todos los virus mantendría a salvo a medio millón de personas. Entre todos repoblarían la Tierra y recuperarían la densidad demográfica actual en 50.000 años de nada. Hecha esta salvedad escéptica, el libro se disfruta como una severa reprimenda ecologista, como un ejercicio hamletiano algo más duro de lo habitual, porque la calavera a la que damos vueltas en la mano no es la de otro, sino la nuestra. La única que tenemos. La única que hay. Volviendo a la comparación con Qué bello es vivir allí todo estaba pensado para que el Apocalipsis El escritor y periodista free lance Alan Weisman es profesor de periodismo internacional en la Universidad de Arizona. The World Without Us es su cuarto libro. Tiene 320 páginas con ilustraciones. Salió a la venta el 10 de julio y ya ocupa el sexto puesto en la lista de libros más vendidos de The New York Times En realidad es la versión desarrollada de un ensayo previo del mismo autor, Earth With People (La Tierra sin Gente) publicado en Discover Magazine en febrero de 2005. Este ensayo fue elegido como el mejor escrito científico entre los años 2000 y 2007. www. worldwithoutus. com Severa reprimenda ecologista A. G. personaje interpretado por James Stewart llegara a la conclusión de que su inexistencia habría tenido muchos más efectos negativos que positivos. Aquí, independientemente de la viabilidad del experimento, de nuestras posibilidades rea- les de no existir, casi se parte de la conclusión opuesta: el planeta habría salido ganando sin nosotros, o, por lo menos, sin nuestro exagerado predominio sobre todas las demás especies. Ahí surge una duda: pero el planeta, ¿no somos también nosotros? ¿Hasta qué punto es posible y lógico tomar el mundo como una entidad separada y abstraída de la Humanidad? ¿No deberíamos aspirar a un equilibrio armónico y feliz, pero con nosotros dentro? La paz de un planeta vacío, ¿no es la paz de los cementerios? Hay quien cree que el ecologismo en su versión más apocalíptica excluye el sentido común. ¿Habría que llenar las calles de lobos y leones, y arriesgarse a que los niños sean devorados camino de la escuela para volver a la naturalidad original? A lo mejor la clave está en las reflexiones que el mismo Weisman hace cuando pasea por Chernobil y se asombra de la capacidad de regeneración de la Naturaleza, incluso después de un desastre de tal gravedad, inducido por el hombre. Si la vida sigue después de lo peor, si fuera capaz de seguir después de nosotros, a lo mejor también será capaz de seguir con nosotros dentro. Aunque, para variar, no estaría mal hacer un poco más de caso de la reunión sobre cambio climático que hoy se celebra en la ONU. Muy cerca de la calle Lexington por la que, felizmente, todavía se puede cruzar sin nadar. ECOLOGÍA El plancton marino tiene una mortalidad más alta DÍAZ JAPÓN El tamaño de las plantas influye en su longevidad Su esperanza de vida también es sensible al aumento de la temperatura A. A. L. MADRID. El tamaño está reñido con la longevidad, al menos en las plantas. Investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) han formulado, por primera vez, una regla universal para explicar cómo las plantas son capaces de asegurar la supervivencia de sus respectivas especies, con independencia de si su longevidad es de siglos o de apenas un día. La investigación, que aparece publicada en la revista Proceedings formula una ecuación que predice la forma en la que la longevidad de las plantas debería variar en función de su envergadura y también del aumento de temperatura. En este sentido, sugiere que la esperanza de vida de estos organismos puede ser sensible al aumento de la temperatura terrestre y predice que, de incrementar ésta en cuatro grados centígrados, la tasa de mortalidad de cada especie crecería un 40 por ciento. El trabajo está firmado por Nuria Marbà, Carlos Duarte y Susana Agustí, del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (centro mixto del CSIC y la Universidad de las Islas Baleares) y ha contado con financiación de la Fundación BBVA. La investigación ha analizado más de 700 organismos fotosintéticos de todos los tamaños: desde la cianobacteria Prochloroccucus, con medio micrómetro de diámetro, hasta los árboles más grandes. Como explica Marbá, las plantas más pequeñas, las que componen el plancton marino, son las que experimentan tasas de mortalidad más elevadas, con una vida media de un día. Esta reducida esperanza de vida se compensa con tasas vertiginosas de crecimiento poblacional. En el caso de organismos de mayor tamaño, ocurre lo contrario. Son especies que alcanzan edades milenarias, pero que muestran nacimientos esporádicos. A juicio de los autores, estas observaciones testimonian que las plantas han evolucionado compensando su tasa de mortalidad con su capacidad para crecer como población. De esta manera, las especies se mantienen en equilibrio. La investigadora del CSIC ilustra esta idea: Si la mortalidad de las plantas fuese superior al número de nacimientos, se extinguirían con facilidad. En caso contrario, se multiplicarían hasta agotar los recursos necesarios para su subsistencia y se extinguirían de igual forma Más información sobre el libro: http: www. worldwithoutus. com En 50 años: 6 Se recuperan los stocks pesqueros. Desaparecen los nitratos y fosfatos en el agua dulce De a años: 100 años: 7 Las 50 a 100 años: de 8 Los edificos de madera 9 De 100 de 200 puentes calles y edificios Colapso los las ciudades se cubren de vegetación se derrumban 10 11 14 Mantener el equilibrio 13 12 15 16 17 15 50.000 años: cristal y La mayoría del 16 los plásticos se degradan Después de 50.000 años: El paso de la humanidad solo es visible en algunos restos arqueológicos... 200.000 años y los residuos nucleares pueden permanecer más de 2 millones de años ABC CG. SIMÓN 17 porpero algunos químicos creados el hombre solo desaparecen tras