Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
72 TOROS www. abc. es toros LUNES 24- -9- -2007 ABC César Rincón da una emotiva y clamorosa vuelta al ruedo, con las banderas de España y Colombia, tras cortar dos orejas al primer toro de la tarde YOLANDA CARDO Colosal adiós de Rincón a España en la nueva Barcelona levantada por José Tomás BARCELONA Monumental de Barcelona. Domingo, 23 de septiembre de 2007. Segunda de la Feria de La Merced. Lleno de no hay billetes Toros de Núñez del Cuvillo, bien armados y astifinos todos, más terciados los primeros; destacó la calidad del 1 sobre un conjunto con retranca y movilidad. César Rincón, de rosa y oro. Estocada al encuentro. Aviso (dos orejas) En el cuarto, estocada (oreja) José Tomás, de rioja y oro. Dos pinchazos, estocada y dos descabellos. Dos avisos (saludos) En el quinto, tres pinchazos y dos descabellos. Aviso (vuelta al ruedo) Serafín Marín, de rioja y oro. Pinchazo hondo y descabello. Aviso (vuelta al ruedo) En el sexto, estocada (dos orejas) César Rincón y Serafín Marín salieron a hombros por la puerta grande. ZABALA DE LA SERNA BARCELONA. ¡Torero, torero! coreaba la Monumental, rebosante, espléndida y abarrotada. César Rincón se despedía de España saboreando la última vuelta al ruedo en la Barcelona levantada por José Tomás, que ha reconstruido una nueva catedral de sus cenizas: dos tardes suyas y dos históricos llenos de no hay billetes Del 17 de junio al 23 de septiembre han corrido ríos de tinta en 16 tardes de órdago tomista; en 25 años de alternativa de Rincón se han escrito epopeyas, rimas y leyendas. El final de un grandioso regreso y el epílogo de una carrera de coloso confluían ayer como un cruce de caminos de distintas direcciones. Y quiso el destino que el César del toreo disfrutase de la fortuna que tantas veces le ha negado y que JT se fuese a pie con la espada entre las piernas. Fue una tarde apasionan- te, emotiva y directa al corazón, porque además Serafín Marín compartió la gloria del bogotano indio de piedra, no se conformó con ser convidado de ídem y envidó con un par a la grande. Entraron en quites los tres toreros, y ahí ya brotó la raza de figura de César Rincón, que ante un quite del fenómeno de Galapagar por gaoneras le replicó con otro de chicuelinas de mano baja, apretadas como un abrazo fraternal: el maestro vino a decir éste es mi toro aunque sea tu territorio. Y el toro la verdad es que fue el de la corrida, armada y astifina, más terciada en su primera mitad, seria toda por delante, de Núñez del Cuvillo. Sueltecito en el caballo, también en la muleta, pero con calidad y fondo de buena casta. La faena de Rincón fue una evocación constante de recuerdos, laureles reverdecidos del César de los noven- ta: la distancia, el pecho como la muleta por delante, el mando por abajo. Las dobladas tuvieron el empaque de los años, coordinado prólogo de torería añeja. La derecha puesta y dispuesta, el medio compás más que abierto, encajada la cintura, asentadas las zapatillas en la ligazón. Cumbre. El viento se entrometió cuando presentaba la izquierda, zurda de oro en un racimo de naturales. El toro empezó a mirar a tablas, y a incomodarse para cuadrarlo. Así que César Rincón lo llevó hasta los mismos medios, y allí, en la suerte de recibir, que fue finalmente al encuentro, lo despenó por todo lo alto. Emocionante la muerte; emotivo el broncíneo torero con las orejas en las manos, las banderas de España y Colombia arropando los despojos y la gloria. La Monumental reverenciaba al torerazo que nos deja. Remató con el cuarto de pinta melocotón, basturroncete, noblón por el pitón derecho y con balas en la recámara por el izquierdo. La faena fue diestra y veterana, asolerada y rubricada de un espadazo que puso la Monumental a sus pies: ¡Torero, torero! Pañuelos al aire y lágrimas a flor de piel. La tarde se trataba de otro adiós, el de José Tomás a la temporada de su reaparición. Y era el atractivo mayor desde que se anunció: la plaza rebosaba, suspiraba, por él. Barcelona le debe un monumento. De material más consistente que su acero ayer. Perdió todo en la única tarde, junto con la de Alicante, en que se ha ido de vacío. Y dos orejas hubieran caído de haber enterrado la espada al violento quinto, de nombre Asesino Manda huevos. La faena se cimentó en el valor pétreo desde el saludo a pies juntos con el capote, en tragar lo indecible, en tratar de templar lo difícilmen-