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70 CULTURAyESPECTÁCULOS LUNES 24 s 9 s 2007 ABC La resurrección de Gerda Taro El Centro Internacional de Fotografía de Nueva York exhuma el trabajo de la primera mujer que fotografió la guerra y que fue pareja profesional y sentimental de Robert Capa ANNA GRAU SERVICIO ESPECIAL NUEVA YORK. Seguramente en lo último que creía Gerda Taro era en la resurrección de la carne. Pero lo que le va a ocurrir a ella misma el miércoles es lo más parecido a una resurrección laica. El Centro Internacional de Fotografía de Nueva York va a inaugurar una exposición de sus fotografías de la guerra civil española, las primeras que ninguna mujer tomó nunca en un campo de batalla. El mundo conoció la mayoría de ellas veladas por un ilustre nombre falso: el de Robert Capa. Gerda Taro nació en 1910 en la ciudad alemana de Stuttgart. No era el mejor momento para nacer ahí, siendo de familia polaca y judía. Entonces todo el mundo aún la llamaba por el nombre que ponía en su partida de nacimiento, Gerda Pohorylle. En 1933 fue detenida por actividades y protestas contra los nazis, algo que en aquel momento y en aquella época la llevó en línea recta hacia el comunismo. Pero este no lo vio de cerca, de momento, porque tan pronto pudo, emigró a París. Allí conoció a otro judío del Este como ella, un húngaro que se llamaba André Friedmann, y que era fotógrafo. Él y Gerda se hicieron amantes primero, y socios después. Empezaron a hacer fotos juntos y a venderlas juntos, tan juntos que las firmaban todas con el mismo nombre: el de Robert Capa. Se suponía que Robert Capa era un fotoperiodista americano. En realidad era el pseudónimo que se puso André Friedmann para despegarse del oscuro pelotón eslavo que pululaba por París, y adornar su trabajo con algún incentivo comercial. Eran los tiempos de la bohemia cosmopolita parisina, con el verdadero fotógrafo americano Man Ray persiguiendo a Kiki de Montparnasse, antes de conocer a Lee Miller. Mientras su compañero se rebautizaba Robert Capa, Gerda Pohorylle se rebautizó Gerda Taro. Lo eligió en honor de un artista japonés que entonces también estaba en París y Amantes y socios Fotomontaje con algunas de las imágenes presentes en la exposición de moda, Taro Okamoto. También tenía en mente a la actriz Greta Garbo, como André Friedmann pensaba, parece, en el director de cine norteamericano Frank Capra. Así, compartiendo cama, cámara y macarrones, se fueron Robert Capa y Gerda Taro a Barcelona en julio de 1936, nada más estallar la guerra civil española. Él fue y volvió a París dos veces, pero la segunda, ella ya se quedó en España, donde encontraría la muerte el verano de 1937, en Brunete. Un tanque embistió el coche en el que ella iba montada, cuando se retiraba con los republicanos. Murió al día siguiente. Fue enterrada en París el 1 de agosto, día en que habría cumplido 27 años. Los poetas Pablo Neruda y Louis Aragon asistieron a su funeral. Alberto Giacometti esculpió su tumba. Entonces fue honrada como una mártir antifascista que había muerto maravillosamente joven, en la flor de la acción y de los ideales. Con el tiempo, en cambio, su abrupto fin y su consolidación como heroína comunista se le volvieron en contra. Su trabajo empezó confundiéndose con el de su pareja y acabó perdiéndose en él. Robert Capa alcanzó la fama mundial y ella cayó en un olvido del que ahora la rescata el Centro Internacional de Fotografía de Nueva York. Al margen de la carga mítica que aún conserva su trabajo por ser el primer fotoperiodismo de guerra que es obra de una mujer, el papel de Gerda Taro se considera crucial para entender qué es y cómo se construye el imaginario visual de una guerra. Más aún que Robert Capa, sus fotos eran buscadas y posadas. Deliberadamente ideológicas. Propagandísticas. No pretenden retratar tanto, o no sólo, lo que ven, como lo que quieren ver. Lo que esperan ver en una guerra a la que se va con partido claramente tomado. Así, Gerda Taro fotografió a milicianas republicanas entrenándose en las playas de Barcelona e inmortalizó ico- Murió en verano de 1937 en Brunete: un tanque embistió el coche en el que iba