Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC LUNES 24- -9- -2007 Muere a los 84 años en París Marcel Marceau, el mimo más internacional 69 A Paul Auster le engaña su musa El escritor, director y presidente del jurado presentó ayer fuera de concurso La vida interior de Martin Frost su cuarta película como director E. RODRÍGUEZ MARCHANTE ENVIADO ESPECIAL SAN SEBASTIÁN. Richard Gere es una estrella como la copa de un pino; bueno, como la copa de un abeto nevado. Y precisamente por eso, por ser una estrella, ayer recibía el premio Donostia que le da el Festival a las estrellas. Bien es cierto que la filmografía de Richard Gere no es el Pasmo de Sicilia, la obra de Rafael, pero siempre hay algún título que merezca la pena proyectar o subrayar. Ayer, para festejar el premio, se proyectaba The Hoax la película de Lasse Hallstrom sobre la historia de Clifford Irving La Gran Estafa que protagoniza Richard Gere. Y en esto consiste el equilibrio del Festival, en mantener una cierta armonía, una proporción en los pesos, entre el cine y su magia, entre las películas y sus estrellas. Ayer era más día de caras que de cruces. Otra estrella casi tan grande como Richard Gere es Paul Auster, el escritor que está aquí estos días como presidente del jurado que dará al final la Concha de Oro. Y Paul Auster tuvo el placer de presentar ayer su nueva película como director, La vida interior de Martin Frost y ojalá hoy tenga un placer parecido en leer las críticas que se escriban de ella. La película es una fantasía del escritor, un delicado cruce entre lo romántico y lo poético, una declaración de amor a su profesión y a lo que la alienta... También es un aburrimiento, pero eso es lo de menos. La vida interior de Martin Frost cuenta los días de un escritor encerrado con su musa en una casa en el campo para escribir un relato; la musa, irreal, por supuesto tiene el aspecto nada menos que de Irene Jacob, con lo que al escritor, aunque cínico (es el cuerpo de David Thewlis con el alma del propio Auster) no le queda más remedio que enfrascarse en amoríos con su propia musa, la cual, como es pertinente, morirá al término de la obra... En fin. Si bien la esencia de la historia la encarnan estos dos personajes y su sensible y quebradiza relación amorosa, la poca gracia la han de poner, en cambio, otros dos personajes absurdos: el que repara el calentador de gas, un tipo extraño que encarna con chispa y maña Michael Imperioli, y a su vez la musa de éste, una musa torpe, de escritor malo, que encarna la propia hija de Paul Auster, Sophie, con una voz y una presencia fantástica; mucho más fantástica que la historia que cuenta aquí su padre. Y entre unas cosas y otras, pues la película se va y Paul Auster se quedará por aquí hasta el final. El único título que ayer salía a competir por la Concha de Oro era la del austríaco Hans Weingartner, Free Rainer que trata de algo muy, muy próximo al corazón de cualquier persona: la televisión basura, los índices de audiencia, el melonar en el que vivimos. Se centra en un tipo despreciable que produce programas de esos de potar que repentinamente cambia y se convierte en el fustigador de la telebasura y un vengador del cerebro de los televidentes, más reseco y vacío ya que la purera de Fidel. Weingartner le aplica a su historia antisistema unas lavativas de sentido del humor, con personajes entre imposibles y ridículos, y cae magníficamente de bruces en lo mismo que pretende combatir: la manipulación, la basurilla pseudocultural y los tópicos para calabazas. Al final, dicho sea de paso, obtuvo el aplauso más grande de este año. Y eso, hay que respetar al público, que en el fondo es lo que sugiere la película de Weingartner, aunque puede que sugiera justo lo contrario. Se aclarará el austríaco en la próxima película, seguro. TELEPRESS habitantes. Y el único cine que había se llamaba Hollywood. Si he llegado a un nivel en que me puede comparar con ellos... Llevo cuarenta años actuando. Y sigo pensando que el cine es una experiencia mágica que nos une a todos, como la música. Somos una comunidad que comparte sueños e ilusiones. También responsabilidades. ne de usted ha evolucionado? -Igual suena ingenuo, pero no veo mi carrera en esos términos. No evalúo. Miro hacia dentro y entiendo que ahora soy más consciente de todo lo que gira y afecta al mundo del cine. Supongo que esa felicidad que siento acaba por reflejarse en mi trabajo. ¿Cree que la imagen que se tie- Sigo pensando que el cine es una experiencia mágica que nos une a todos, como la música Nos encanta escuchar maledicencias, lo peor de la gente. Por instinto, no queremos que los otros tengan éxito ¿Eso dije? No sé qué es ser una estrella. Mire, todavía no he decidido qué hacer cuando creza. Estoy en un periodo de mi vida muy extraño. Tengo muchísimo trabajo, me dan este premio por mi carrera... No me veo como alguien especial. Miro a los ojos de las personas y veo su amor. Yo he elegido ver el mundo así y también a mí mismo. En cuanto a lo de ser una estrella... ¿Sabe? Dejé de leer lo que publican sobre mí hace veinte años, porque todo es mentira. Más información sobre el certamen: www. sansebastianfestival. com -En el Festival de Venecia aseguró que sabía ser una estrella. Paul Auster besa a su hija Sophie, una de las protagonistas de su película AFP