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ABC LUNES 24 s 9 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA EL HUEVO DE LA SERPIENTE ECÍA sir Thomas de Quincey, con su cínica mordacidad británica, que se empieza cometiendo un crimen y se termina por faltar a misa los domingos y no ceder la acera a las ancianas. Del mismo modo hay ocasiones en política en que se comienza militando en un grupo terrorista y se acaba por formar parte de un Gobierno. Ocurre en la Esquerra Republicana de Cataluña, algunos de cuyos dirigentes securtieron poniendobombas en Terra Lliure antes de dedicarse a extorsionar como cargos públicos a los funcionarios de la Generalitat, y donde en general se IGNACIO transpira un aire de toleCAMACHO rancia con el radicalismo violento que desdice el perfil oficialmente pacifista del partido, capaz de considerar una forma de opinión la creciente algarada callejera con ribetes de kale borroka que se vive últimamente en las agitadas noches de la movida independentista. Ese impune ambiente de cristales rotos constituye un síntoma inquietante de putrefacción de la clase política, capaz de minimizar la agitación cuasi sediciosa con el mismo desdeñoso desparpajo con que Arzallus calificaba a los terroristas callejeros de chicos de la gasolina No es muy difícil atisbar el aire de borrokitas vocacionales que proyectan muchos de esos pirómanos de efigies reales, cuya sombra colectiva envuelve las amenazas físicas a políticos disidentes y cuya presencia se ha hecho notar en los últimos meses en el boicot violento contra actos y reuniones de la oposición democrática y hasta del propio Gobierno autonómico. Y mientras se incuba en los márgenes de la legalidad el huevo de la serpiente filoterrorista, menudea la nostalgia intelectual de ciertos dirigentes hacia la memoria de la mentada Terra Lliure con una indisimulada benevolencia absolutoria que no podría considerarse sino efectiva complicidad moral. Con todo, siendo grave la ambivalencia de una ERC que se sienta en el Gobierno catalán mientras da cobertura a estos abiertos desafíos a la legalidad, lo es mucho más el silente absentismo de quienes ostentan una responsabilidad política tradicionalmente comprometida con las reglas del sistema. Muy en especial la del Partido Socialista de José Montilla, obligado al respeto efectivo de la ley y la Constitución desde la propia Presidencia de la Generalitat, y también la de un nacionalismo burgués que se suele llamar a sí mismo moderado y blasona a menudo de su prudencia estabilizadora, y que no tardará, además, en convertirse acaso en el próximo objetivo de los que siempre acaban ampliando, cuando se les concede impunidad, el campo de su presión extorsionadora. Ese silencio ignominioso, esa cobardía moral y política, acabará volviéndose en contra de todos cuando ya sea demasiado tarde. Cuando los que se han puesto tapones para no oír el ruido de las calles se encuentren a los violentos lanzando pedradas contra su propio escaparate. Cuando los socios de quienes amparan a los maulets y minusvaloran su crecida acaben por darse cuenta de que la escalada dela degradación empieza por ignorar un delito y termina por someterse a una amenaza. D EL ÁNGULO OSCURO MADRID OPINA E ocurre siempre que voy a dar una conferencia a cualquier pueblo o ciudad alejado de la capital. Alguna de las tres o cuatro lectoras que todavía me soportan se me acerca para que le firme una novela y me desliza con un guiño cómplice: Y también lo sigo en el programa del Buruaga. Donde, por cierto, usted sale mucho más gordo de lo que es en realidad: las cámaras no le hacen justicia Yo agradezco ruboroso el piropo (o la atenuación de mi gordura) y le pregunto cómo se las arregla para sintonizar un programa autonómico. Es que me he abonado a la televisión digital. Y lo he hecho principalmente por ver el programa del Buruaga, que es de los pocos donde todavía no te sueltan la propaganda del Régimen me dice, usando la misma terminología socarrona que yo empleo en mis artículos. El programa del Buruaga se llama Madrid opina y lo emite Telemadrid las noches de los martes. Ernesto Sáenz de Buruaga dirige y modera este debate que arrasa entre la audiencia madrileña y que cuenta con una legión de espectadores contumaces repartidos por toda la geografía española, hartos de programas de actualidad política donde la pluJUAN MANUEL ralidad brilla por su ausencia. En MaDE PRADA drid opina el Buruaga ha logrado el éxito con una fórmula tan de sentido común que casi estaba inédita: consiste en organizar debates equilibrados, donde los invitados defienden posturas adversas en igualdad de condiciones; una fórmula que misteriosamente cabrea a cierta izquierda cerril que aún piensa que las discusiones no deben iniciarse sin dejar sentado que la razón está de su parte. Cuando me ha invitado a Madrid opina el Bururaga suele situarme en lo que yo llamo la zona de los próceres un par de asientos que se quedan un poco au dessus de la melée. Así, cuando el debate se engolfa en asuntos de estricta política doméstica puedo sestear un poco, para luego resucitar cuando el Buruaga se saca del magín los temas que de verdad me ponen: Educación para la Ciudadanía, memoria histórica y por ahí. Discutiendo de memoria histórica tuve una vez M una agarrada de aúpa con María Antonia Iglesias, que ante las cámaras puede parecer una fiera, pero que en la vida es afable como aquel león al que San Jerónimo extrajo una púa de la zarpa. Con María Antonia Iglesias he desarrollado luego una amistad de muy reparadoras confidencias, porque ambos hemos descubierto que Quien nos une es mucho más importante que quienes nos separan. También en Madrid opina conocí a Rosa Díez, partisana y quedona, a quien empecé alabando su gusto indumentario para enseguida enzarzarme con ella en una diatriba sobre el laicismo; ahora seguimos enzarzándonos a cuenta de lo mismo, pero dedico más tiempo a alabarle el gusto. Cuando se acaba el programa me junto con los miembros del equipo en una salita de invitados bien surtida de bebidas espiritosas. Allí acude el Buruaga, que ya ha abandonado su estampa de señor seriecito y se desmelena en disquisiciones de índole amatoria. No falta a la cita tampoco el subdirector del programa, Jaime Ugarte, vasco jocundo y buenote, que infartó mi juventud con sus retransmisiones apoteósicas del Giro, allá en los años mitológicos de Induráin. Y con él vienen Ernesto Gómez, el más rojales de la redacción, y también el que, sin dar importancia a su nombre, se lleva a las chicas de calle; y Lidia García Bouza, una morenaza que trae en la mirada la delicada melancolía de las razas celtas; y Eloísa López, vivaracha y diligente, a quien alguna vez le ha tocado el marrón de despedir al taxista que me tenía que llevar de regreso a casa, porque no hay manera de despegarme de la botella de whisky. Al final siempre los convenzo a todos para que prolonguemos la juerga en algún bar de noctívagos; y consigo que María José del Vas (Mary Joe a estas horas de la noche) mi musa prerrafaelita, la chica que aparece al principio y al final del programa pastoreando las llamadas de los espectadores, me lleve en su coche, en el que apenas quepo, y eso que estoy menos gordo de lo que las cámaras pregonan. Mary Joe es más guapa todavía al natural que en la pantalla; y yo no paro de recordárselo, aunque la incomode. No sabe que mi principal virtud es la insistencia. www. juanmanueldeprada. com