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62 MADRID www. abc. es madrid DOMINGO 23- -9- -2007 ABC Un millón y medio de personas tuvieron insomnio por amor al arte La capital vivió su segunda Noche en Blanco con un arrollador éxito de público, que soportó el aguacero s Largas colas a las puertas de los museos y del Bernabéu SARA MEDIALDEA MADRID. Un millón y medio de ciudadanos, según la cifra oficial, se echaron anoche a la calle para disfrutar de la segunda Noche en Blanco que celebraba la capital de España. El éxito de convocatoria fue tal que, a ratos, era difícil dar un paso en el paseo de la Castellana. Ni la lluvia, en ocasiones fuerte, desanimó a los madrileños, decididos a pasar una madrugada cultural y diferente. El eje Recoletos- Prado se convirtió en epicentro de un terremoto de alta intensidad en cualquier escala: por la multitud que tomó literalmente el asfalto- -está claro, los madrileños están deseando ver una calle sin coches para lanzarse a pasear por ella- por la entrega- -las colas interminables ni se inmutaron pese a las rachas de lluvia- -y por la sonrisa que llevaban el 90 por ciento de quienes te cruzabas. La página web municipal que informaba del programa de actos previstos ha recibido 2,8 millones de visitas, un millón de ellas sólo ayer. Había ganas y eso se notaba en el ambiente. La noche, apenas estrenada, era perfecta. A las 9 en punto, las sirenas de un barco se convertían- -de la mano de Mécanique Vivante- -en algo parecido a un órgano gigante que entonó un pasodoble, para muchos irreconocible. Apenas se podía caminar por Recoletos. Niños con padres, padres con niños, abuelos, jóvenes, todo el arco sociológico caminaba por el paseo de la Castellana, disfrutando de los espectáculos que les asaltaban: Sonia Gómez y su I will never stop dancing o las dos gotas del Palacio de Linares, los ojos del dios del agua Tlacoc formados por reproducciones de cuerpos humanos. Y, claro, entre canciones, sirenas y dioses acuáticos, la cosa no podía terminar de otro modo: vino la lluvia, y trajo el caos. La gente se refugiaba donde podía- -debajo de los árboles o en las marquesinas de los autobuses, en bares, o bajo cajas de cartón reconvertidas en improvisados paraguas- Pese al jarreo que atacó algunos momentos de la noche, las colas continuaban impertérritas- -en el Prado, frente al Thyssen, para entrar en el edificio de La Bolsa, donde había gente desde las 7 de la tarde Los funambulistas Les Colporteurs aguantaron el chaparrón- -nunca mejor dicho- -ejecutando una bellísima danza sobre alambres de acero. Tan hipnótica era su actuación que decenas de madrileños se mantuvieron a pie firme contemplándola más de 20 minutos bajo el aguacero. A lo largo del paseo del Prado, se instalaron inodoros químicos, por si una urgencia. Los bares, mayoritariamente, estaban abiertos y llenos. Sobre todo durante la hora en que más arreció la lluvia. El público estaba ávido de ver, de saber, de conocer. Por eso cruzaba cada puerta abierta. Era, salvando las distancias, como cuando se visita un piso piloto, y uno entra en todas las habitaciones: ayer medio Madrid entraba en los jardines del Cuartel General del Ejército- -experiencias sensitivas en sus jardines por corte- Sobre el alambre Millones de visitas en la web Strange Fruit coreografía sobre pértigas junto al Bernabéu EFE La lluvia no pudo con la celebración; las colas se mantuvieron imperturbables ante museos e instituciones sía de Giardino Sonoro- en el Instituto Cervantes, en el Museo Arqueológico, la Biblioteca Nacional o en el Reina Sofía, ávidos de ver y de saber. El alcalde Alberto Ruiz- Gallardón, acompañado de su esposa y varios de sus concejales- -entre ellos Alicia Moreno, promotora de la Noche en Blanco- recorrió a pie parte del paseo y se desplazó en autobús a otros puntos de actividad nocturna. La gente se sorprendía al topárselo, y aprovechaba para sacar a los niños una foto a su lado. En su balance, una cifra- un millón y medio de personas participando -y un mensaje: Hemos sido un ejemplo para Europa Los libreros de la Cuesta de Moyano abrieron sus casetas, y a juzgar por la cantidad de curiosos, tal vez hicieron negocio. La ciudad se dividió en ocho zonas, cinco en el centro y tres en los perímetros. En todas había actividades- -la programación sumaba más de cien- y para todos los gustos, aunque en general imperase el arte de vanguardia. Los grandes mu- Ouka Lele, casamentera de los dioses Neptuno y Cibeles Nadie se salvó de la lluvia: ni siquiera Ouka Lele, que ayer era una obrera más del arte: calada como los demás, reponía fuerzas comiendo una ensalada mientras daba instrucciones para elaborar su aportación a la Noche en Blanco: Los esponsales de Neptuno y Cibeles Un matrimonio singular en el que participó mucho público: en la plaza de Cibeles, se tomaban fotos de las chicas- -un ojo, una oreja, parte del escote, la barbilla- y en Neptuno, de los varones. Desde allí, sendas alfombras roja y azul conducían a los contrayentes con sus retratos parciales, hasta un espacio central en el que debían encontrar a su media naranja identificado por un número igual al suyo. El premio para la pareja: una copa de cava. Los fragmentos fotográficos se utilizaban en un collage que componía las imágenes de los dioses que ayer noche pasaron de vecinos a amantes. Cerca de la medianoche, Ouka Lele necesitaba un puente de la nariz y más escote pero le sobraban orejas derechas. El Bernabéu, rodeado