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ABC DOMINGO 23- -9- -2007 En portada s Memorias del oráculo de la economía, Alan Greenspan Alan Greenspan s Ex presidente de la Reserva Federal ECONOMÍAyNEGOCIOS 45 Tras varios años hablando el lenguaje de la Fed, ahora puedo usar mi propia voz En las explosivas memorias del oráculo de la economía, Alan Greenspan, da su visión tanto de hechos como de su propia vida. Y se despacha a gusto. Entre sus recuerdos históricos explica, los hechos que rodearon el crash financiero de 1987, la explosión de la burbuja de internet y la recesión de 2001, coincidente con los atentados terroristas del 11 de septiembre. En un blog que le fue abierto por la librería on- line Amazon. com, Greenspan dice contundente: Después de varios años hablando el lenguaje de la Fed, en declaraciones cuidadosamente medidas ante el Congreso, ahora puedo usar mi propia voz afirma Greenspan con una comunicatividad que no le es característica. He abordado primero la parte personal, pero después tramé una historia detectivesca sobre la economía añadió Greenspan en su blog. ¿Qué significaron los virajes económicos que empezamos a detectar a fines de los años noventa? se preguntó. Dice que cuenta detalles de su infancia en Nueva York, sus años como músico de jazz y su amistad con presidentes estadounidenses. EL WOODY ALLEN DE LA ECONOMÍA Alan Greenspan suele contar con orgullo que fue de los primeros economistas en tener un puesto de asesor del Gobierno sin haberse si quiera doctorado POR A. GRAU NUEVA YORK. Alan Greenspan se parece a Woody Allen en las gafas y en el detalle de que ambos tocan el clarinete profesionalmente, o casi. En los años cuarenta, Greenspan empezó a ganarse la vida en la banda de swing de Henry Jerome. Ya entonces era un tozudo tipo rarito, que hacía las declaraciones de impuestos de los otros músicos y que en los descansos de la orquesta se dedicaba a leer libros de economía. Nacido en 1926, descendiente de judíos rumanos y húngaros, fue hijo único de padres divorciados. Se crió en un barrio no precisamente fino de Nueva York solo con su madre, que le sacó adelante trabajando en una tienda de muebles. En sus memorias, Greenspan no oculta cierto desprecio hacia su padre ausente, un broker poco lucido en Wall Street que, al cumplir el niño nueve años, intentó impresionarle escribiendo un libro de predicciones financieras y mandándoselo con la siguiente dedicatoria: Para mi hijo Alan. Que este esfuerzo inicial mío, siempre pensando en ti, se ramifique en una cadena sin fin de esfuerzos similares con lo cual en tu madurez puedas mirar atrás y logres comprender el razonamiento detrás de estos pronósticos lógicos y empieces a seguir tu propio camino. Tu padre Ya siendo presidente de la Reserva Federal Americana, Greenspan hijo solía enseñar esta dedicatoria para explicar que su talento para prestar testimonios inescrutables ante el Congreso le venía ya en los genes. Hay algo entre sospechoso y conmovedor en cuánto alaba Greenspan la educación que recibió en la escuela pública de Washington Heights: no deja de recordarnos que por esas aulas pasó el mismísimo Henry Kissinger. También nos cuenta que fue de los primeros economistas en tener un puesto de asesor del Gobierno sin haberse si quiera doctorado aún (y no lo haría hasta los años setenta) porque estaba ganándose la vida, y tervenir, el mismo. Él cree que el Gobierno no está para poner puertas al mercado, sino para sujetar su propio déficit, algo que Bill Clinton llevó a rajatabla- -y por eso Greenspan le admira mientras el republicano Bush le ignoro completamente- Esta es la acusación más creíble que Greenspan le dirige al aún presidente, según muchos expertos. Incluso los detractores de la guerra de Irak ponen en cambio en cuarentena el reproche de que Bush hizo esta guerra principalmente por el petróleo. En ese caso, LIBRO aducen, se habrían impuesto los cínicos acuerdos de caballeros al estilo Kissinger antes que la cruzada neoconservadora, que es muy mala para el negocio. En sus memorias Greenspan advierte de un futuro sombrío donde las fuerzas autorregeneradoras del capitalismo se enfrentarán a un reto mayor: el de haber tocado techo en la globalización. El fin de los flujos masivos de trabajadores que, por las buenas o por las malas, han enlazado las economías del planeta, y han contenido la inflación. Augura Greenspan que cuando esta contención decrezca, la inflación se disparará, en China en primer lugar, después en Estados Unidos y en todo Occidente. Y que Dios nos coja confesados. ¿Cómo evitar eso? A su juicio habría que tener menos miedo de, por ejemplo, abrir las fronteras a mano de obra extranjera cualificada. Una valentía poco compatible con el estado de ánimo imperante en los tiempos del choque de civilizaciones y el terror. ¿Detrás de Greenspan, pues, el diluvio? ¿O sólo la burbuja inmobiliaria? Porque los que están hartos de oír que él no se equivoca nunca, aseguran que puede ser corresponsable de la actual crisis americana de las hipotecas, que tanto asusta vista desde España. Su terca política de bajos tipos de interés pudo ayudar a echar a rodar la bola. Ciertamente en Estados Unidos las hipotecas no ocupan la centralidad absoluta que tienen en la economía española. Allí, la clave del ahorro familiar son los activos financieros. Es la Bolsa. Esa es la piedra que, si cae, se desploma todo. Y ciertamente Greenspan se ha ido y los tipos de interés siguen bajando. En América, por lo menos. Tener menos miedo Editorial Pinguin Group Páginas 544 ISBN 9781594201318 The Age of Turbulence El ex presidente de la Reserva Federal- -el Banco Central de Estados Unidos- -escribe sus memorias The age of turbulence: adventures in a New World (La era de las turbulencias: aventuras en un nuevo mundo) en las que acusa al presidente norteamericano George W. Bush, de invadir Irak para controlar el petróleo. Además, tal y como ya hizo al frente de la Fed, sus críticas van también a la Casa Blanca y al Partido Republicano por su irresponsable política fiscal. una reputación, en la consultoría Townsend- Greenspan. Para dar el salto a Washington le faltaba aquilatarse un poco de sofisticación. Se lo dio la novelista, filósofa positivista y ideóloga anticomunista rusa Ayn Rand, en cuyo salón neoyorquino Greenspan encontró amistad y retos intelectuales más paradójicos que los que había encontrado hasta entonces en sus cuentas. Dice que allí empezó a amar el capitalismo y el libre mercado. Greenspan no duda en dejar claro que a él el flower power no le interesó nunca un pimiento. Él se mantuvo firme escuchando a Mozart y a Brahms, a Benny Goldman y a Glenn Miller, mientras a su juicio la música popular degeneraba, con la llegada de Elvis, hacia el mismísimo umbral del ruido Los Beatles por lo menos eran músicos razonablemente bue- nos, y, comparados con lo que vino después, su música era casi clásica afirma sin complejos, para concluir: Yo soy un conservador profundo y creo firmemente en la civilidad, en la cortesía O sea, que de progre, nada de nada. Pero como conservador, no ha podido ser más respondón y más díscolo. Ya metido en harina política, siendo colaborador voluntario en la campaña para la reelección presidencial de Richard Nixon, dice que renunció a trabajar formalmente en la Casa Blanca, aunque se lo ofrecieron, después de ver a Nixon perdiendo los papeles una sola vez. Ahí intuyó Greenspan el Watergate, como mínimo. ¿Verdad histórica o verdad subjetiva? Después de haber trabajado con seis presidentes de los Estados Unidos, Alan Greenspan sugiere que debería promulgarse una ley impidiendo llegar a presidente a todos aquellos que están dispuestos a hacer lo que hay que hacer para conseguirlo. Digo esto en broma sólo a medias advierte. Es lógico entonces que su presidente favorito sea Gerald Ford, el único no electo, y el que, en cambio, le eligió a él para el primer cargo oficial en el Gobierno: Greenspan llegó el mismo día que Nixon se iba. Ronald Reagan le encomendó la presidencia de la Reserva Federal (Fed) en 1987. Y así hasta el año pasado, cuando lo dejó y se sentó a escribir sus memorias. El libro es muy púdico en lo que se refiere a la vida personal y los sentimientos. Pero está dedicado a mi querida Andrea Andrea Mitchell, periodista de NBC y segunda señora Greenspan. En la primera cita, él le propuso algo tan excitante como subir a su casa para... leer un tratado de economía que era obra suya. Parece una manera bastante torpe de decir te quiero Tan torpe como la de su padre, al cumplir él los nueve años. Pero al hijo le funcionó. Greenspan se parece a Allen en las gafas y en el detalle de que ambos tocan el clarinete profesionalmente, o casi