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84 CULTURAyESPECTÁCULOS Festival de Cine de San Sebastián SÁBADO 22 s 9 s 2007 ABC Icíar Bollaín (tercera a la izquierda) ayer en San Sebastián, rodeada por varios de sus actores: Tristán Ulloa, Najwa Nimri, Nuria González, Diego Martín y María Vázquez EFE Tres tristes tigresas Icíar Bollaín presentó ayer en competición Mataharis una versión femenina y singular de lo detectivesco, con Najwa Nimri, María Vázquez y Nuria González al frente del reparto E. RODRÍGUEZ MARCHANTE ENVIADO ESPECIAL SAN SEBASTIÁN. El quehacer del detective privado ha sido siempre uno de los lugares favoritos del cine: hay más películas de detectives que detectives, pero hay muchos más tópicos sobre películas de detectives incluso que películas de detectives. Por eso, lo primero que hay que señalar de esta película de Icíar Bollaín, que se titula Mataharis y cuyas protagonistas trabajan en una agencia de detectives, es que no se parece en absoluto a ninguna precedente: no hay gabardinas, no hay pistolas, no hay pitillos humeantes ni ambientes propios del cine negro, hasta los detectives son las detectives: tres mujeres que trabajan en una agencia y se dedican a desvelar infidelidades, secretos, malos rollos, puñetas... Definitivamente, la directora no pretendía, y por lo tanto no consigue, hacer un policíaco ni una de serie negra, sino tal vez resolver una cuestión tan pequeña como importante: mirando a los demás, de repente, también puedes verte a ti mismo. Y viendo lo que ven sus personajes de Mataharis de lo que dan ganas es de cambiar esa agencia por otra de pompas fúnebres. Las mataharis de Bollaín nos muestran su vida grisona, detestable y detestada por ellas mismas, y vienen a situarse estas detectives en la contraportada de ese género luminoso que es el cine negro. Reflejan en sus soledades, sus problemas y sus miserias el mismo estado de ánimo, en cambio, que aquel Marlowe envejeciendo solitario en los moteles de segunda, pero aquí lo que se nos muestra es la palidez de lo cotidiano, los críos, la desconfianza y la incomunicación entre parejas, la traición, la infidelidad, la vergüenza ajena... Película pesimista, dirá alguien. Pues no; en el fondo, Mataharis es justo lo contrario, un vistazo demasiado optimista por una razón muy sencilla: sus personajes se percatan del marrón oscuro que las rodea, y lo cierto es que eso no le ocurre a casi nadie. Se suele vivir en el marrón con unas preciosas vistas falsas al mar azul. Las tres actrices, Najwa Nimri, María Vázquez y Nuria González bordan su papel de detectives confundiéndose en el paisaje, y está especialmente afortunado Tristán Ulloa en su papel de tipo que no se merece ser seguido. Mataharis tiene algún que otro problema como película (por ejemplo, no resolver las secuencias, algo que a muchos exaspera pero que responde a lo que es la mera vida) pero, sin duda, el principal es que le devuelve al espectador un reflejo y éste es tan real como ingrato. Haditha La competición se adornó también ayer con la película La batalla por Haditha del británi- La saudade de Carlos Saura E. R. M. Carlos Saura es un cineasta que hace muchas cosas bien, y una de ellas (y tal vez la mejor de todas) es ponerle marco a la música, darle una imagen, una textura y una presencia magnífica. No era preciso que le gustara a uno las sevillanas o el tango para ensimismarse con Sevillanas o Tango Lo mismo ocurre ahora, claro, con el fado. Saura ha hecho Fados y lo ha embutido en ese traje que él diseña tan bien: una puesta en escena en la que el color, el encuadre, las luces y las formas y pesos adquieren la importancia del aire que se respira (José Luis López Linares y Eduardo Serra son, más que una garantía, un acta o escritura notarial de que lo que habrá en la pantalla será siempre insólito) Una a una se van desgranando las tesis de Saura sobre el fado y en su única forma posible: canciones, letras, actuaciones, coreografías... y apareciendo personajes como Mariza, Caetano Veloso, Chico Buarque y hasta su cruce flamenco con Miguel Poveda. Tal vez haya quien considere que en Fados no acaba de sustanciarse, digamos, el alma portuguesa a través de mostrar esa música tristona y vacilante. Pero, la película, lo que se dice la película, se ve en un pispás la mar de bien. Incluso alguien al que le traiga completamente al fresco toda esa emoción que, al parecer, transmite el fado. co Nick Broomfield, una película muy impresionante enfocada en la guerra de Irak y empeñada en narrar unos hechos reales ocurridos en la ciudad de Haditha, cuando un atentado terrorista hizo volar por los aires un convoy americano matando a un marine e hiriendo a otros varios, lo que provocó una brutal matanza en las casas colindantes a donde ocurrieron los hechos y habitadas por eso que por mucho ropaje que le pongamos o quitemos se sigue llamando gente Es una película áspera, con esa cierta vocación documental o verista que acompaña siempre a este género que coloca la cámara a ambos lados del muro y en ambos intenta extraer algunas virutas de moral, que deja traslucir la locura, el horror y la sinrazón, y las pocas probabilidades que tienen todos de sobrevivirse a sí mismos y a sus propios actos. No es exactamente una película de tesis, aunque ciertos argumentos se desprenden de ella por puro obvios. Tampoco te lleva a ningún lugar que no hayas visitado antes y que no esté empedrado por las víctimas inocentes de las guerras. Hoy se proyecta aquí, en Zabaltegui, En el Valle de Elah de Paul Haggis, también sobre esto, pero sin esto, y que te obliga a llegar a un lugar de la guerra, sus gérmenes, nunca visitado. Más información sobre el certamen: www. sansebastianfestival. com