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8- 9 S 6 LOS SÁBADOS DE en cierto modo un estatus social. ¿Quién elige los materiales? -La parte técnica la lleva Natalia, que viaja a la feria de Bolonia (Italia) con Marta a comprar los productos. Después vemos entre todos los diseños y se crean sesenta modelos. ¿Son los italianos los reyes de la piel? -España tiene una piel excelente, pero lo que hace bien Italia son los tratamientos. Vamos a sus ferias a ampliar un poco la gama de productos. ¿Se han interesado por sus bolsos en otros países? -Sí. Nos han llamado de Portugal y también están muy interesados en la comunidad hispana de Miami. Ya tenemos un medio acuerdo para vender allí. ¿Cómo ha de ser un bolso? -Funcional y original. Y a base de calidad y diseño, ha de marcar una diferencia. A mí me encantan los grandes porque yo llevo la casa dentro. También ha de tener un precio medio. ¿Cuáles son los suyos? -Oscilan entre los 90 y los 380 euros, dependiendo del tamaño y de las calidades. Pero los precios los marcan las tiendas. ¿A qué mujeres van dirigidos? -A todas, desde la que trabaja fuera de casa a la que lo hace en su hogar, sin olvidar la chica joven ni la abuela, porque hay muchos modelos. ¿La piel del invierno? -El potro y el charol en negro y marrón. Para la próxima primavera- verano entrará con fuerza el color. ¿Les llegan propuestas? -Sí, de pintores. Nos han hecho unos dibujos de animales, bodegones, zapatos... preciosos; dibujos que nos bordarán a mano en Villena, en tejido heat (una tela italiana muy especial) y el 15 por ciento de las ganancias irá a la ONG Global Humanitaria Los han hecho Jaime La Iguana, Olga Sinchair, Rubén Fuertes, Ciria y Jarr. Se trata de combinar creati- vidad, arte y solidaridad, algo en lo que me gusta mucho trabajar. ¿Piensan hacer bolsos para hombres? -No. Lo que sí haremos serán carteras, paraguas y bufandas de cachemira. El mundo del complemento masculino, por ahora, no me interesa y es más difícil. -De todos los bolsos desde hace 50 años, ¿cuáles le han gustado más? -La baguette de Fendi, porque abrió muchas puertas; detrás fueron todas las grandes casas y muchos negocios que estaban agonizando resucitaron. ¿Ha tenido curiosidad por estudiar la historia del bolso? -Sí y me compré todos los libros que encontré. Hay imágenes que documentan cómo se ha llevado y utilizado el bolso. Me llamaron la atención las limosneras de la Edad Media, pero el bolso real vino con la moda del corte imperio, la moda napoleónica, ¿Qué escritor rememora el bolso de la mujer? -Tolstoi, en Ana Karenina, cuando antes de arrojarse ella al tren tira su bolso, que es como tirar su vida, porque en los bolsos llevamos nuestra vida. ¿Qué piezas han marcado historia? -El Kelly que Hermès hizo a Gracia de Mónaco y el Trim de Gucci para Jackie Kennedy. Con ellas los bolsos empezaron a convertirse en objetos de deseo. Les siguieron Audrey Hepburn y Jane Birkin. Ahora son las top models quienes ponen de moda las tendencias que marcan en primer lugar Balenciaga y después, Cloe, Gucci, Saint Laurent... En Gran Bretaña fue Anya Hindmarch la primera en imprimir en telas fotos, bien de niños o de perros, y acabó creando tendencia. En Australia, Hellen Kempinski hace unos bolsos en paja y rafia maravillosos y, en EE. UU. Kate Spade. Son tan originales como lo pueden ser las grandes casas. -Algunas se empeñan en conjuntarlo con los zapatos. ¿Está eso pasado de moda? -Sí. Ha pasado a la historia. Hoy en día vale todo, sólo depende del estilo de cada una, pero el bolso da un toque especial a la mujer porque es el verdadero icono de la moda. ¿Cómo es la colección de invierno? -Muy neoyorquina, en negro, marrón, azul intenso y colores fuertes. ¿Qué siente cada vez que ve a una mujer con un bolso suyo? -Me hace muchísima ilusión. Cuando voy con Marta por la calle y vemos a una mujer que lo lleva nos damos codazos, como si fuéramos niñas. Ahora vemos los bolsos con deformación profesional y miramos las tiendas con otros ojos. LUGAR DE LA VIDA La leña Mónica FernándezAceytuno a leña apilada es un bosque hecho pedazos. Y por la manera en la que se apila se averigua la personalidad de su dueño. Hay quien la coloca haciendo una suerte de cabaña maciza donde no entra la lluvia porque la parte de la corteza hace de tejado, y hay quien la deja desordenada, al albur, haciendo una montaña según cayó desde el remolque al suelo. Pero la leña sigue viva, respondiendo a todos los elementos del aire, y se seca y cruje y se lamenta si hace sol, y se esponja y le salen musgos y setas si llueve. Es verdad que el pájaro carpintero ya no la quiere y deja de tamborilear con el pico contra su tronco, pero no porque no tenga hormigas la leña y otros gusarapos que se peguen a su larga lengua, sino porque ha perdido lo que más le gusta a un pájaro carpintero de un árbol: su verticalidad. Y así, antes veremos al pito real apoyado en el poste de una valla, que en un leño tumbado, aunque el poste tarde o temprano también sea leña. Para encenderla, basta una piña puesta del revés, que se prende con una cerilla o un mechero por su ápice y enseguida la llama y el humo envuelven las escamas de la piña que se coloca entonces entre las ramas cortadas con un gran tronco delante para que haga de pared y de estufa al mismo tiempo. Cada especie de árbol da una leña distinta. Y a más lentitud en el crecimiento, más lenta es su combustión y más roja es su ceniza. Y si la leña está verde porque aún tiene la savia del año, la leña bisbisea como los pájaros en los días fríos y da un humo muy blanco y se quema muy despacio, pero su fuego no calienta. Mientras está en el cesto, esperando su turno, aún podemos ver en la leña las galerías que, como indescifrables jeroglíficos, dejan en ella los cerambícidos y, si no andamos con cuidado, puede entrar con la leña algún ratón o alguno de esos sapos que no frecuentó el bosque en primavera, pero al que le gusta pasar el invierno al calor de su madera cortada. Quemamos la leña del año pasado el primer día en el que sentimos frío en los pies y en las manos, y al fin, descansa en paz el árbol. L