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4- 5 S 6 LOS SÁBADOS DE DÍAS DE JÚBILO Grafiteros na de las distracciones favoritas de los pensios es tomar la ciudad como un gran espacio peatonal. En uno de estos ejercicios de dromomanía -el término lo debo a un médico amigo- de gusto por los lugares abiertos, me la paso observando las fachadas de Madrid o de cualquier otra ciudad española, pues todas han decidido, en las últimas décadas, y dejando de lado diferencias partidarias, lavarse la cara y estirarse las arrugas. Paso a la primera del plural: hemos querido salvar nuestro paisaje urbano. Lo hicimos, en principio, desde nuestros bolsillos, luego con alguna ayuda oficial, siempre a favor del paseante anónimo, nuestro semejante. Pasear con esta conciencia suele ser un acto de agradecimiento. Gracias, vecinos, por haberos acordado de mis recorridas. Esta ejercitada solidaridad tiene varios enemigos. Uno es el principal: el grafitero. Puedo aceptar cierto esfuerzo de diseño y colorido en paredones abandonados pero la ringlera de suciedades que han agredido nuestras plantas bajas, radicalmente no. Mi razón, la nuestra, es sencilla: nadie puede colocarse en la posición de ajeno a la ciudad donde vive. Nadie puede decir: la ciudad es de ellos, no es mía. Ni mía ni tuya, en efecto: nuestra. El grafito es, normalmente, ilegible, nada significa, carece de destinatario, de lector, de prójimo. Le falta, además, personalidad individual, semeja hecho por la misma mano emporcadora. La pared, que históricamente ha valido para expresarse a quien no podía hacerlo en otro sitio, enmudece bajo esta selva de garabatos que se parecen a las palabras como el alarido al canto. Si hay alguna leyenda, responde a ideologías despóticas: el despotismo del individuo, anárquico, o de la raza, nazi. Ambos coinciden en ignorar al otro, sin conocernos ni reconocernos como ciudadanos del mismo lugar. Para decir esto sería mejor que callaran y volvieran a sus chafarrinones. Mientras camino, se hace de noche y las penumbras borran detalles. Es cuando sueño con una brigada de grafiteros arrepentidos que, finalmente, han reconocido compartida la calle por la que todos vamos y venimos. Cepillo en mano, devuelven lo arrebatado: el panorama común de la convivencia. U Blas Matamoro Una visitante de la feria de Ifema prueba el tacto de una de las muestras de tejido ABC Ferias ue en el mes de febrero los diseñadores dicten en las pasarelas que en invierno nos vestiremos de gris con toques ciclamen, que la lana fina será la reina de los escaparates y que volverán el cuero y las tachuelas. Que unos meses después las revistas especializadas coincidan en recordárnoslo, así, tal cual, y que ademas las tiendas coincidan, más o menos, en su oferta, no es arte de magia, sino el último tramo de la cadena de la moda, que suele comenzar casi dos años antes. Y esa fase nos la muestran es- Hasta el último botón POR P. ESPINOSA DE LOS MONTEROS Q tos días en Textilmoda, que se celebra en IFEMA de Madrid. Se trata de una feria, un mercado, en el que participan 85 expositores con más de 800 muestras de tejidos, botonería, colores y complementos del vestir que van a componer los modelos de las pasarelas del próximo otoño 2008 2009. Todas las propuestas y el espíritu que las anima se sintetiza en el Forum de Tendencias, que proporciona un avance de las claves de moda, reunidas en un cuaderno publicado por expertos investigadores en moda y en textiles, donde se definen determinados estilos. Este cuaderno constituye una herramiento de trabajo importante para los profesionales del sector, pues informa sobre colores, texturas y estilos. El de esta temporada, por ejemplo, profetiza que en el invierno de 2009 nos vestiremos de lana con fibras elásticas, cada vez más perfectas, otra vez en negro pero con toques naranjas o fríos, como los azules, combinados con superficies metalizadas. ¿Duda? Pues lo verá en la calle... Textilmoda: Del 25 al 27 de septiembre. Pabellón 1 de Ifema (Madrid) De 9.30 a 19.30. Para profesionales. 902 22 15 15.