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ABC SÁBADO 22 s 9 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA SUBDESARROLLO EGURO que con los 4.000 millones que Zapatero le ha prometido a cambio de que le eche una manita electoral convocando las autonómicas junto a las generales, Chaves se dispone por fin a cumplir alguna de las promesas electorales de bienestar que tiene pendientes desde hace más de ocho años: las habitaciones hospitalarias individuales, los ordenadores en las escuelas, la gratuidad de los libros de texto o las célebres vacaciones pagadas para las sufridas amas de casa andaluzas, amén de terminar ese Metro de Sevilla cuya construcción avanza al vertigiIGNACIO noso ritmo de dos kilómeCAMACHO tros al año. Las viviendas universales que ha prometido no es cuestión de reclamárselas todavía, que a un político tan cumplidor conviene meterle poca prisa, pero con los 300 milloncejos de la propinilla a cuenta de la fantasmal deuda histórica quizá le alcance para actualizar un poco la cola de los proveedores sanitarios o agilizar alguno de los numerosos proyectos estructurales de esa epopéyica Segunda Modernización de Andalucía que languidecen esperando que se termine la Primera. Como la paciencia es una virtud de los prudentes, no parece sensato ponerle plazos perentorios a una Administración tan cumplidora de sus compromisos, pero mientras lleva a cabo alguno de sus fabulosos proyectos de papel sería bueno que el presidente le explicase a su pueblo, y de paso al resto de los españoles y europeos que han contribuido con sus impuestos, en qué ha gastado Andalucía los 27 millones de euros- -cuatro billones y medio de pesetas- -recibidos en fondos de cohesión y transferencias de renta desde 1986. Si no sabe o no puede aclararlo sería bueno que al menos encontrase una respuesta coherente al curioso fenómeno estadístico de que la renta, la productividad, el empleo y los índices de convergencia de Andalucía no hayan progresado en proporción directa a las ingentes cantidades de dinero percibidas y permanezcan anclados en los tres últimos puestos del ranking de autonomías españolas. Chaves debería ser el primer interesado en la cuestión, habida cuenta de lo mucho que le molesta que se piense, dentro y fuera de Andalucía, que su gobierno utiliza las ayudas y subvenciones para organizar un régimen de dependencia clientelar, mantener potentes redes sociales subsidiadas y hacer del subdesarrollo propio y de la solidaridad ajena un boyante negocio político. Cuando despeje esa cuestión, quizá resulte más factible explicar ante nuestros perplejos compatriotas el evanescente concepto de la deuda histórica batalla imposible de librar mientras la mayoría de los españoles sospeche que le está financiando a la Junta su hegemonía política a fondo perdido. Sacando pecho del dinero que le rebaña al Estado para mantener hundidos nuestros indicadores de bienestar, lo único que Chaves logra transmitir es la ridícula y poco orgullosa sugerencia de que el verdadero hecho diferencial andaluz consiste en que alguien- -no se sabe quién- -nos debe dinero. Que tampoco se sabe cuánto, pero que sobre todo sigue sin saberse para qué. EL NEGOCIO DEL S LOS ICONOCLASTILLAS EL ÁNGULO OSCURO P RODUCE cierta fatiga nauseabunda glosar sus mamarrachadas. Es la fatiga que provoca la pacotilla artística, mezclada con la náusea que sobreviene en presencia del artista ayuno de talento, del impostor que disfraza su vacuidad de aspaviento. Y que, además, pretende vendernos la moto de que, al escarnecer los sentimientos religiosos de los católicos, se convierte en una suerte de partisano del arte, un infractor de tabúes, un desafiante allanador del orden establecido. ¿A quién creen que engañan estos embaucadores de chichinabo? Me recuerdan al tipejo del chiste de Gila, que al cruzarse en la calle con tres tipos fortachones que le están propinando una paliza a un hombrecillo enclenque, no puede dominar la tentación de intervenir en la pelea... para sumarse al trío de los mamporros y vapulear a conciencia al enclenque. Y, como el tipejo del chiste de Gila, estos valentones encima se muestran orgullosísimos, como si ofendiendo gratuitamente las creencias de los católicos hubiesen completado una hazaña que los hace acreedores de una medalla. A fin de cuentas, si el ideólogo Victorino y demás ralea han tomado JUAN MANUEL el espantajo del laicismo como reclamo DE PRADA de incautos y excusa para forrarse, ¿por qué no va a hacer lo propio un chisgarabís cualquiera con ganas de medro que se las da de artista? Tenemos noticia, gracias a Cervantes, de un pintor Orbaneja tan poco diestro con el pincel que, tras completar sus pintarrajos, tenía que poner un letrero al pie de cada cuadro, advirtiendo si lo que acababa de pintar era perro o gato. Los Orbanejas de nuestro tiempo ya no necesitan pasar por tan humillante prueba; para evitar que el público se burle de su inepcia han encontrado un filón infalible: consiste en sacar a Jesucristo o a la Virgen o al Papa (y si es a todos juntos y revueltos, mejor que mejor, que lo que no mata engorda la cartera) en actitudes sórdidas y guarrindongas, para enseguida posar ante la galería como iconoclastas y campeones de la provocación. Por supuesto, estos valentones son conscientes de su impostura: sa- ben que no se puede hablar de iconoclasia cuando no existe una estructura de poder que la persiga de modo efectivo; saben que la verdadera provocación exige una predisposición suicida, pues el artista que se atreve a infringir ciertos tabúes puede ser condenado al ostracismo o al ninguneo, ferozmente represaliado. Estos valentones saben, en fin, que no corren ningún peligro al escarnecer las creencias de los católicos; saben que lo suyo no es iconoclasia, ni provocación, sino pantomima políticamente correcta, adhesión lacayuna al pensamiento dominante, sometimiento reverencioso a las consignas de una época que enarbola el estandarte de la cristofobia con orgullo vesánico y que premia con prebendas a quienes se suman al aquelarre. Desde que el mundo es mundo ha habido Orbanejas que disfrazan su inepcia con los embelecos del falso escándalo; desde que el mundo es mundo ha habido artistillas que hacen de la injuria contra aquellos que no pueden defenderse una postulación de méritos. Pero lo que más me jode de estos iconoclastillas no es que sean una mierda pinchada en un palo, ni siquiera que se empleen como matones contra quienes no disponen de una estructura represora que los persiga y condene; lo que más me jode de ellos es que encima posen de víctimas ante la galería, actuando como si lo suyo fuese un acto de coraje. Me recuerdan a las juventudes hitlerianas que, después de quebrar a pedradas los escaparates de los judíos, volvían ufanos a su casa, convencidos de que acababan de mostrar su gallardía. Pero estos Orbanejas traspillados no existirían si no los alentasen los ideólogos de guardia del laicismo, empeñados en inventarse un problema que no existe y en pintar a los curas como los grandes enemigos de la democracia, ficción de la que algunos picaruelos viven victorinamente. Y a los iconoclastillas que crecen como setas al socaire del laicismo les lanzo una propuesta: ¿por qué no os dedicáis, hijos míos, a escarnecer a quienes verdaderamente gozan de una estructura de poder que pueda trituraros entre sus engranajes? ¿Por qué, por ejemplo, no montarán una performance descojonándose de la ikurriña en Lizarza? ¿A que no hay huevos, iconoclastillas? En el fondo, dais más lástima que asco. www. juanmanueldeprada. com