Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
88 VIERNES deESTRENO Colección de cine de Cary Grant VIERNES 21 s 9 s 2007 ABC Con Cary Grant en mis talones El autor, corresponsal de este periódico durante muchos años en Los Ángeles, evoca en este artículo los días que pasó con el actor norteamericano- -cuyas mejores películas ofrece ABC a partir del domingo- -en Madrid, rodando Orgullo y pasión ENRIQUE HERREROS El día de la Asunción de 1957- -15 de agosto- -Cary Grant y Sophia Loren, que rodaban en Madrid y por sus inmediaciones Orgullo y pasión a las órdenes de Stanley Kramer, se retrataban ante la Cibeles como harían años más tarde Raúl, Beckham o Fernando Hierro, entre otros muchos e importantes futboleros del madrileñismo, casi siempre vencedor. Jaime Arias, publicista de esa película en rodaje, montó un tour publicitario por la ciudad con la pareja, mostrando a dos de los tres protagonistas del filme, porque el tercero, Frank Sinatra, asomaba el cuello lo menos posible, al no agradarle lo más mínimo su estancia española o his spanish stay al tener que soportar o casi convivir con los aires y vientos que expandía la entonces madrileña Ava Gardner, vecina empadronada de la capital; reina y señora de la juerga, aunque haya pretendido más de uno subirse en ese bello carro, sin saber siquiera dónde habitaba aquella mujer que la publicidad de La condesa descalza aseguró ser el animal más bello del mundo. Meses antes, en la primavera del 57, Cary Grant llegó a Madrid para incorporarse a la filmación de esa película que iría a costar por encima de los 4.000.000 de dólares, en aquellos tiempos demasiada pasta para nosotros o a lot of money para ellos. Se le preparó un almuerzo con la prensa madrileña en una restaurante que estuvo ubicado algún tiempo en la calle de Alfonso XII, entre Alberto Bosch y Espalter; Grant se presentó impecable (el productor español Cesáreo González hubiera dicho implacable) vestido con un traje azul marino, corbata gris y camisa blanca con rayas; todo un hombre elegante o, más apropiadamente a gentleman Se había presentado en Madrid varios días antes de su primera intervención, instalándose en el hotel Palace, donde sostuvo cierto contratiempo con el botones que le subía diariamente la prensa a la suite No obstante, a los pocos días apareció su esposa- -entonces la actriz Betsy Drake- -para arreglar como experta fontanera la avería del desagüe de la cañería. La esposa estaba siempre al quite y en todo; cuando llegó Alfred Hitchcock a Madrid para proponerle Con la muerte en los talones Mrs. Grant se hallaba en Barajas ante la escalerilla del avión para dar la bienvenida al consagrado director y a su esposa, Alma Reville. gullo y pasión se filmaron ante las murallas de Ávila, correspondían a la secuencia de la gran batalla; sin embargo, resultó ser una filmación demasiado lenta y costosa para el bolsillo de Kramer, productor, y el de United Artists, distribuidor; se sufrieron varios retrasos, el más importante de todos, motivado por el fallo de los efectos especiales en el decorado que imitaba la verídica muralla, la cual tenía que explotar para que los guerrilleros tomaran la ciudad, gracias a los cañonazos que disparaba un descomunal cañón, verdadero eje central de la película. Al no funcionar los efectos especiales en ese plano, donde intervenían cientos de extras, entre ellos un jovenzuelo estudiante que sería, años más tarde, presidente del Gobierno y se llamaba Adolfo Suárez, la filmación abulense fue testigo de otro contratiempo en la línea del que esquivó el botones del Palace. Durante las largas horas de espera se aguardaba en los extensos prados situados bajo la carretera de circunvalación, todos los señalados por vallas de piedras que separaban un predio de otro; los de producción habían instalado la roulotte de Cary Grant allí para que pudiera descansar de las alteraciones del rodaje. Un joven y apuesto actor español, que tenía un papelito, procedente de conocido linaje teatral, llamó discretamente a la puerta del ya citado carruaje. Grant le abrió; nuestro joven actor, hoy saliéndose ya de la madurez para recalar en la senectud (por muchos títeres que se saque de la manga, aunque mantenga el lema de morir con las botas puestas) desapareció en sus adentros; no muchos minutos más tarde, aquella roulotte se movía... se meneaba... se desgobernaba... se zarandeaba... ¡qué sé yo cuántos reflexivos más! El 25 de marzo de 1985, James Stewart recibía un Oscar especial en reconocimiento por sus cincuenta años de me- En la roulotte En las murallas de Ávila Cuenta el escritor Donald Spoto, en su libro Film Maker biografía sobre Stanley Kramer, que Cary Grant se encontraba muy incómodo con unas botas que le llegaban por encima de la rodilla, que le habían proporcionado para su papel de capitán Trumbull, un británico que ayudaba a los guerrilleros españoles a echar a patadas a los franceses de nuestro suelo en la Guerra de la Independencia de 1808; con esas incómodas calzas tenía que permanecer varias horas, calzado y en cuclillas, ante la plataforma de la cámara. Todo un suplicio chino. Las últimas escenas de Or- Grant llegó a Madrid en la primavera de 1957 y se presentó ante la prensa como un auténtico gentleman En aquellos tiempos Ava Gardner era la reina de la juerga madrileña, algo que molestaba a Sinatra morables interpretaciones, el primero que apareció en el escenario del Dorothy Chandler Pavilion, fue Cary Grant, que estuvo muy breve y sencillo; vestía un típico tuxedo y no dejó de utilizar su deslumbrante sonrisa en ningún momento. Todo el teatro recibió a los dos grandes actores puestos en pie por unanimidad. Fue aquél uno de los tres recuerdos más entrañables que guardo de los doce años consecutivos que narré la ceremonia de los Oscar para los lectores de ABC. Poco después, volví a ver a Cary Grant por las calles de Los Ángeles; íbamos en un pequeño coche descapotable el abogado del actor George Hamilton, José Antonio Suárez Lozano, y quien escribe; bajábamos por Beverly Drive con Brighton, Grant circulaba por esa transitada arteria en compañía de su quinta y última esposa, Bárbara Harris, cincuenta años más joven que él; caminaba cortejándola y, al pasar delante de una florista callejera, la obsequió con una deslumbrante rosa blanca, lo hizo de manera tan elegante y natural que detuve el coche en seco, y me levanté del asiento para aplaudirle; parecía que estaba viéndole en uno de sus múltiples papeles en el cine. Grant se volvió hacia nosotros y nos lanzó una sonrisa de agradecimiento. Genio y figura. Impecable Sofía Loren y Cary Grant combaten la canícula en la Cibeles junto a Jaime Arias (izquierda) y el autor de este artículo