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ABC VIERNES 21 s 9 s 2007 VIERNES deESTRENO 87 Salir pitando España 2007 95 minutos Género- -Comedia Director- -Álvaro Fernández Armero Actores- -Guillermo Toledo, Javier Gutiérrez Voces inocentes México 2004 106 minutos Género- -Drama Director- -Luis Mandoki Actores- -Carlos Padilla, Leonor Varela, Gustavo Muñoz Pachanga quijotesca JAVIER CORTIJO Cuando el pavo está muerto, se le puede rellenar de casi todo: videojuegos, libros basura, colecciones de cromos, muñecas Bratz o hasta errores arbitrales. Por ejemplo, el del asistente de Mejuto en aquel Zaragoza- Barça que, ante un garrafal binomio de penalti expulsión, propició una frase mítica en los ambientes futbolísticos: ¡Rafa, no me jodas! Qué belleza en la prosa, qué contundencia en el mensaje. Evidentemente, tal prodigio merecía una señora comedia como la que ha perpetrado Álvaro Fernández Armero, aquel chico al que agradecer eternamente la fulgurante carrera como actor de Coque Malla y que, desde el final conquense de su refrescante Todo es mentira demostró que lo suyo son las road- movies. Por algo su anterior trabajo fue un documental asfálticolaudatorio de Ángel Nieto, e incluso el título de este largo podría servir como definición pedestre de tan recurrido subgénero. En este caso, el mensaje también es el medio, y viceversa, ya que, hasta que llega el célebre exabrupto, había que inventarse una historia, más que nada, para llenar minutos. Así, para no traicionar el entrecejo ibérico y evitar caer en el error de Matías, juez de línea al confundir Ealing con españolada (en el buen sentido) se optó por un cambalache de cuernos que demuestra lo endogámico y humano de esta profesión: véase, la ex mujer del árbitro se lía con el linier y ya tenemos conflicto hasta el pitido inicial del partido- highlight final. El peloteo no encierra pasión ni malicia, manteniéndose el balón vivo gracias al talento de Javier Gutiérrez y Guillermo Toledo, tal vez los comediantes más en forma del cine español actual. Así, situaciones patosas se alternan con regates pillos, lamentando cosas como que el mister haya lanzado un caño sobre el microcosmos de la familia flamenca de Rafa, que merecía más juego en profundidad. En fin, una pachanga eficaz como un promocional de Melendi, al que tampoco vamos a pedir ser el nuevo Lennon, ¿verdad? Pues lo mismo con esto. Fusiles con un halo de trampa JOSÉ MANUEL CUÉLLAR Le van a Mandoki estas reivindicaciones perdidas, el cine documento sobre las atrocidades del mundo. Y hace bien en denunciarlas, pero debería ocultar las trampillas por las que desliza el melodrama bobalicón y llorica que suele utilizar. Es cierto que hay 300.000 niños soldados en 40 países del mundo, y es una salvajada, y también es verdad que la guerra de El Salvador se llevó a un buen puñado de ellos, pero el problema de Mandoki es la mantequilla facilona con la que impregna a la película. Bucea en el desgarro y en el miedo familiar con habilidad, atenazando el corazón del espectador, pero desdeña las causas del problema, las raíces de unos países conducidos a empellones al caos. Muchos blancos en los guerrilleros y demasiados negros en los militares, sin tonos grises. Y rueda con reiteración y estruendo. Un grave problema tratado con dosis de confusión y con una efectividad rayana en la sospecha. Retratos de soldados nipones caídos en acto de servicio, en el Museo Militar de Yushukan, en Tokio ABC Los kamikazes resucitan El filme Voy a morir por ti escrito por el ultranacionalista gobernador de Tokio, Shintaro Ishihara, despierta la controversia al glorificar a los pilotos suicidas de la Segunda Guerra Mundial PABLO M. DÍEZ ENVIADO ESPECIAL TOKIO. Al son que marca una épica marcha militar, un avión zero atraviesa una de las pantallas gigantes de televisión que centellea en el concurrido cruce de Shibuya, el barrio de las tiendas de moda para los jóvenes de Tokio. Dicho plano se mezcla con otras conmovedoras imágenes donde varias mujeres se despiden entre lágrimas de un grupo de soldados, casi adolescentes, que se disponen a partir hacia el frente y que, en su último brindis, apuran una copa de sake mientras una cinta blanca con la bandera del Sol Naciente se agita entre sus cabellos. Son los protagonistas de Ore wa, kimi no tame ni koso shini ni iku el último éxito del cine nipón que podría traducirse como Voy a morir por ti No en vano, esta gran producción, que ha costado 10,7 millones de euros, refleja la vida de los pilotos kamikazes que, durante los últimos compases de la Segunda Guerra Mundial, estrellaban sus aviones contra los portaaviones y destructores americanos para hundirlos. El primero de dichos ataques tuvo lugar en la isla de Leyte, en Filipinas, en 1944, casi al final de la contienda y cuando el Imperio del Sol Naciente intentaba a la desesperada frenar el avance de la Armada de Estados Unidos. Con dicho propósito, el vicealmirante Takejiro Onishi ideó una estrategia basada en reclutar a jovencísimos pilotos suicidas cuya máxima destreza a los mandos de un avión consistía en evitar los cañonazos de los barcos enemigos para empotrarse contra sus cabinas de mando. Más de 2.000 cazas fueron lanzados en estas misiones que consiguieron hundir 34 buques americanos y sembraron el pánico en la flota del Pacífico. De ellos, 402 despegaron de la base aérea de Chiran, situada al suroeste del archipiélago nipón en la prefectura de Kagoshima. Allí se desarrolla esta película que, dirigida por Taku Shinjo, no sólo ha triunfado en las taquillas de Japón tras su estreno el pasado mes de mayo, sino que ha suscitado un fuerte debate social por glorificar la figura de los kamikazes, considerados hasta ahora el máximo exponente de la locura que provocó el imperialismo nipón, comparable al nazismo de Hitler. Mientras los pilotos suicidas son retratados como despiadados villanos sin ningún aprecio por la vida en la mayoría de las producciones de Hollywood, en esta polémica cinta aparecen como valerosos héroes. Para entender tan radical cambio de papeles hay que ponerse en la piel del guionista, Shintaro Ishihara. A sus 74 años, Ishihara no es sólo uno de los escritores ultranacionalistas que mejor representa a la extrema derecha nipona, sino también el gobernador de Tokio desde hace tres mandatos. Famoso por decir que las mujeres sin capacidad reproductiva son inútiles así como por otros comentarios racistas sobre los inmigrantes, Ishihara ha basado su historia en las conversaciones que mantuvo con Tome Torihama. Esta mujer regentaba un restaurante junto a la base de Chiran y se convirtió en una especie de madre adoptiva de los imberbes pilotos suicidas, muchos de los cuales le confiaban sus miedos y temores y hasta desafiaban a la Policía Militar entregándole cartas de despedida para sus familiares. Uno de ellos era Shinichi Uchida, teniente y mártir con tan sólo 18 años. En su última misiva antes de estrellarse contra un navío de guerra americano, aseguró a sus abuelos que iba a deshacerse de esos gaijins (diablos extranjeros) y que traería el cuello del presidente Roosevelt A pesar del ejemplo tan poco aleccionador que desprenden sus palabras, tanto el director como el guionista insisten en que su película es antibélica y que tales preocupaciones y sufrimientos no se pueden encontrar en la sociedad de hoy Afortunadamente, tendrían que haber añadido, pero no lo hicieron. Y es que esta cinta revela el creciente militarismo del que hace gala buena parte de la sociedad nipona. Guardianes del día Rusia 2007 139 minutos Género- -Ciencia ficción Director- -Timur Bekmambetov Actores- -Konstantin Khabensky, Aleksei Chadov, Yuri Kutsenko Segunda entrega, segunda engañifa J. M. C. Es la segunda entrega de una trilogía de este ruso que bebe en las fuentes de los Wachowski en cuyos hilachos de Matrix ha debido gestar estos guardianes de la noche (primera y lamentable entrega) y estos guardianes del día, tan lamentable como la primera. Aún queda otra, pero sin duda seguirá los mismos parámetros: muchos efectos especiales y la nada debajo, una simple lucha encubierta entre el bien el y mal, una amistad- enemistad entre ángeles y demonios en la que todo se lía para dar a la película un aspecto de burda engañifa. Esta película, de Taku Shinjo, revela el creciente militarismo del que hace gala buena parte de la sociedad nipona