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86 VIERNES deESTRENO VIERNES 21 s 9 s 2007 ABC FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN Cronenberg y Mortensen, dúo estelar de la inauguración Promesas del Este abre de forma sorprendente y brillante la ruleta de la sección oficial del certamen donostiarra E. RODRÍGUEZ MARCHANTE ENVIADO ESPECIAL SAN SEBASTIÁN. Viggo Mortensen con barba y bigotón de mosquetero, David Cronenberg con su eterna cara de haberse comido un mejillón en mal estado y la siempre presumible y eludible ceremonia de apertura fueron ayer los protagonistas de este arranque del Festival de San Sebastián. Un arranque, por cierto, tan potente y abrupto que muchos no se recuperarán de él hasta que esto acabe: Promesas del Este el nuevo mano a mano de Cronenberg y Mortensen tras aquella jugada maestra de Una historia de violencia es una de esas películas que repercuten hasta en el nácar de los dientes, como si alguien recorriera con una uña el ancho de una pizarra. No han pasado ni diez segundos desde el comienzo de la película, cuando uno ya se da cuenta de que ha de estar atento y rápido de reflejos o no podrá cerrar a tiempo los ojos en esas escenas que te hacen tensar músculos que no sabías ni que estaban allí. La trama, magnífica en sus contenidos y en sus potenciales segundas o terceras lecturas, es aparentemente elemental y típica del género: se centra, eso sí, en las mafias rusas en Londres y en sus diversas conexiones con la delincuencia, la política, el poder... y retrata sujetos y situaciones que lo dejan a uno estupefacto, aunque ya haya digerido casos como el de Litvinenko. El punto de vista que elige David Cronenberg es doblemente interesante: por un lado el de una enfermera de origen ruso (Naomi Watts) y por otro el de un chofer de una de las familias importantes del crimen organizado, papel que interpreta con cara de ruso Viggo Mortensen. Todo lo que va a ocurrir es totalmente nuevo, aunque haya quien crea que lo ha visto antes en alguna ocasión, y hay escenas, como la de la pelea en los baños ¡una pelea en unos baños... cuántas veces la habremos visto ya! que están tan en el extremo, tan pegadas a la banda, tan fuera de molde, que uno se promete a sí mismo no llevarle la contraria a un ruso nunca, y menos si el ruso está en pelota viva, como Viggo Mortensen en ésta. No es fácil aludir a la esencia de lo que trata David Cronenberg en Promesas del Este sin correr el peligro de destriparla, pero, de puntillas, se puede decir que, igual que en la anterior, Una historia de violencia muestra la delgadez en la línea que separa lo bueno (o los buenos) de lo malo (o los malos) y de la confusión de unos y otros. El actor alemán Armin Mueller- Stahl compone un padrino realmente impresionante y que no tiene que envidiar ni en maldad ni en traza a ningún otro; su hijo, el príncipe loco, ese hijo absurdo tan propio del rey del mal, lo interpreta el actor más escacharrado de Francia, Vincent Cassel (el marido de Monica Bellucci, si no les ha dado por irse a Reno) y el director polaco Jerzy Skolimovski también pone su grano de sal al interpretar a uno de los personajes clave en la trama. Naomi Watts sabe darle dureza y fragilidad a su papel de comadrona (de ella nacerá el problema) y Viggo Mortensen está realmente en su sitio como ese tipo duro, frío, imperturbable, sin corazón... pero con algo que de rebote contra el mármol de su jeta podría pasar por un punto cálido. Lo de los tatuajes, lo de los ritos iniciáticos y lo del modo de darse matarile viene a sugerir que esto de la mafia rusa deja poco menos que en pañales a aquellos casi filántropos mafiosetes italianos. Y así, de este modo tan arrasador, quedó anoche inaugurada la 55 edición del Festival de San Sebastián. Si la cosa siguiera igual hasta el final, habrá que pedir hora para hacerse un electrocardiograma. Qué tan lejos Ecuador 2006 92 minutos Género- -Drama, comedia Director- -Tania Hermida Actores- -Cecilia Vallejo, Tania Martínez, Pancho Aguirre, Fausto Miño La modestia como virtud F. MARÍN BELLÓN El cine de los países pobres, digámoslo sin disimulos, nos suele llegar llorando, amparado en la benevolencia de unos críticos incapaces de afilar la pluma ante la generosa proporción entre talento y medios de sus películas, aunque el resultado neto no alcance para satisfacer a casi nadie. Así, cualquier cosa que se ruede en Irán es estrenada en España con una tenacidad que para sí quisieran nuestros cineastas, sin necesidad de que ninguna gran distribuidora americana nos la imponga en algún sospechoso cupo. Lo mejor de Qué tan lejos es que nos cuenta una historia que podría desarrollarse igual en Ecuador, en Wisconsin y en las Hurdes, que no presume de subdesarrollismo aunque su presupuesto, por supuesto, sea tan limitado como cualquiera puede imaginar. La debutante Tania Hermida va al grano- -no le quedaba dinero para desvíos- -y construye una película de carretera sin salirse del manual, aunque para ello deba ir un ratito a pie y otro andando, como puede que acabe Fernando. La directora moldea unos personajes tridimensionales y, a partir de determinado punto, tras llevarlo a su terreno, consigue que el espectador caiga en un estado permanente de anhelo; logra que el público desee saber a cada instante qué ocurrirá a continuación. Y en eso consiste, ni más ni menos, el negocio de contar historias, ya sea en el cine o en la barra del bar. Su filme carece, además, de las embobecedoras reiteraciones y de los molestos telegramas con los que otros suelen anticiparnos cualquier mínima sorpresa del guión. Si a todo esto se añade una ironía desmitificadora y unos actores que llenan sus personajes sin tratar de desbordarlos, nos encontramos ante una película cabal, que no va de obra maestra, que tiene menos efectos especiales que el Nodo, pero que cumple con creces todo lo que promete (que no es mucho, la verdad) Desde luego, se ha ganado a pulso el arrollador éxito de público obtenido en Ecuador y todos los premios recibidos y por recibir. Sin reservas EE. UU. 2007 105 minutos Género- -Comedia Director- -Scott Hicks Actores- -Catherine Zeta- Jones. Aaron Eckhart, Abigail Breslin Fast food coqueto J. C. Son tan evidentes las similitudes entre cocina y enamoramiento que no es de extrañar que en innumerables comedias románticas haya perolas y fogones de por medio. Scott Hicks, un ugandés (de nacimiento) blanquísimo, también lo sabe, aunque para no pillarse los dedos opta por recalentar un remake de Deliciosa Martha una de las primeras muestras del renacimiento del cine alemán en este siglo. Pero nada de ponerse exquisito ni nosferatuniano en plan Anton Ego, ya que Viggo Mortensen, ayer en San Sebastián AFP Sin reservas es sencilla pitanza sabrosona para paladares a los que no les interesen las deconstrucciones ni hidrogenizaciones culinarias a la hora de matar el gusanillo del sábado en una sala de cine. Fast food medianamente nutritivo, en fin, guisado en torno a la relación entre una estirada chef, a la que le cae del guindo de la vida una sobrinita, y un cocinero rockero, aunque le mole Puccini. No falta ni un ingrediente básico en la sartenada: lenta cocción sentimental favorecida por lo encantador y moderadamente rebelde del mozo, punta de tocino dramático aliñada con un score al coñac de Philip Glass, profiteroles de pasión controlada, chocolateada y apta para todos los públicos... Y si el melón hace migas con el jamón, ¿por qué la british azabachada Zeta- Jones no iba a lograr química con calzador con el vaquero espumoso Aaron Eckhart? En el amor y en la cocina de mercado todo es posible. Lo mejor, esas pinceladas musicales de Paolo Conte que recuerdan las de Louis Prima en Big Night quizá la mejor película gastronómica en años. Pero eso fueron dos estrellas Michelín. Esto, un restaurante coqueto con mantel a cuadros.