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ABC VIERNES 21- -9- -2007 85 Auster, junto a una estatua de Eduardo Úrculo en el campus de la Universidad de Oviedo, donde recibió en 2006 el premio Príncipe de Asturias LA MUSA Y EL ESCRITOR Paul Auster es uno de los autores más originales y con un sello más personal e inconfundible de nuestra época, el más europeo de los escritores americanos MERCEDES MONMANY Como otros autores de nuestros días aficionados a introducir seres o entes ultraterrenales en sus ficciones (Antonio Tabucchi, John Berger, Cees Nooteboom, el Nobel Coetzee) el escritor hoy por hoy más europeo de todos los escritores norteamericanos, Paul Auster (Nueva Jersey, 1947) Premio Príncipe de Asturias de las Letras de 2006, también se ha visto atraído desde siempre, y en especial de forma creciente en sus últimas y más metaliterarias obras, por animar sus laberínticas aventuras con la presencia de fantasmas. Unas fascinantes intrigas y aventuras en cadena, entre metafísicas y policíacas, que han hecho de él uno de los autores más originales, y con un sello más personal e inconfundible, de nuestra época. Precisamente Fantasmas sería el título escogido para designar la segunda de sus obras (las otras eran La ciudad de cristal y La habitación cerrada pertenecientes a la famosa serie de novelas que lo lanzaría internacionalmente: La trilogía de Nueva York (1985- 1986) Muchos de estos fantasmas se daban cita en su anterior y espléndida narración, de tintes semiautobiográficos Viajes por el Scriptorium en la que un escritor (Mr. Blank) estancado y bloqueado en la soledad más absoluta de su habitación cerrada o cárcel de papel contemplaba con estupor cómo una larga serie de visitantes inoportunos (que no eran otros que sus personajes, desde Anna Blume o David Zimmer a Quinn y Fanshawe) venían a pedirle cuentas por todas las calamidades y desastres a los que se habían visto empujados por su culpa. A Paul Auster le gusta también no sólo hacer participar al lector habituado desde el principio a sus ficciones con motivos familiares y recurrentes, fácilmente reconocibles, que arrastra como temas fetiches, mezclándolos en caleidoscópicas sesiones de magia obra tras obra (la búsqueda de identidades inciertas, la presencia del azar en la vida muchas veces sin rumbo aparente de los seres humanos, la persecución angustiosa de padres ausentes, la pérdida irreparable de seres queridos, los múltiples símbolos del desarraigo, misteriosos manuscritos o bibliotecas que aparecen como por milagro, el barrio de Brooklyn en Nueva York como omphalos o anclaje espiritual donde empieza y acaba todo) sino que le gusta no dejar morir del todo a sus personajes y recuperarlos en ocasiones tras mínimas y fugaces apariciones en alguna de sus creaciones, ya sean guiones o novelas. Este es el caso del personaje protagonista de su última película, que se presentará en el Festival de San Sebastián estos días: La vida interior de Martin Frost (publicada en nuestro país por Anagrama, como el resto de su obra) Los lectores de una espléndida novela anterior, El libro de las ilusiones de 2002 (una de sus mejores y más célebres obras, junto a La música del azar Smoke o Brooklyn Follies de 2006) gran homenaje que Auster realizó al mundo del cine, recordarán uno de los últimos pasajes de la historia de Hector Mann, legendaria estrella de la época del cine mudo y misterioso personaje, como sucede a menudo en el universo austeriano, de difícil enclave geográfico y de identidad indescifrable. Una de las últimas películas de Mann, antes de su enigmática desaparición, tenía por protagonistas a un tal Martin y a una chica llamada Claire... En la película, la real y auténtica de ahora de Auster, un exitoso escritor, Martin Frost, decide irse a descansar a la casa de campo de unos amigos tras haber publicado su último libro. Un día, al despertarse, se encuentra tumbada a su lado a una bella mujer, posiblemente su Musa ideal y definitiva, o quién sabe si un producto tan sólo de su imaginación desbordante y enfermiza. Pero Claire, su Musa esquiva, parece toda una experta en estas lides de la inspiración: perdida entre las brumas del sueño le confesará al desesperado Martin que es su primer escritor y que antes sólo la enviaban con pintores o músicos La musa le confesará a Martin Frost que es su primer escritor y que antes sólo la enviaban con pintores o músicos