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ABC VIERNES 21 s 9 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA DESCALZAPERROS ASTA Pasqual Maragall, que últimamente no es uno de los caletres más ágiles de Europa, ha admitido que se han metido en un lío con el asuntillo ése del Estatuto de Cataluña. Imposible no estar de acuerdo con el honorable, pero esas cosas hay que pensarlas un poco antes, sobre todo a tiempo de dar marcha atrás. Ahora es un imposible rompecabezas por seguir con el diagnóstico maragalliano, aunque en realidad nunca haya dejado de serlo, lo cuál no parece impedimento para que la Generalitat esté exigiendo y logrando que Zapatero afloje- -la expresión es de un periódico catalán- -como si estuviese todo claro. Que afloje la IGNACIO voluntad y afloje la pasta, CAMACHO por supuesto. Donde ya es más difícil el consenso con Maragall es en la solución que sugiere: volver a votar en referéndum si el Constitucional retoca demasiado el invento. Incluso un cacumen tan disperso como el del ex presidente de la Generalitat sabe que en los estados de Derecho no se someten a votación las decisiones de los tribunales. Hay veredictos muy antipáticos, sobre todo para los que resultan perjudicados, pero el concepto de la soberanía popular en la justicia es algo más sofisticado y complejo: los magistrados que revisan la constitucionalidad de nuestras leyes ya han sido refrendados por el Parlamento. Lo que tenían que haber hecho razonablemente Maragall y sus colegas es, primero, no volverse locos en aquel enajenado calentón, aquel rampell soberanista que sabían que no cuadraba con la Constitución ni a martillazos, y segundo, someterlo a dictamen antes de pasarlo por las urnas. Pero tenían prisa. Y la siguen teniendo, visto cómo aprietan para que se aplique un Estatuto sobre el que falta la última palabra. La última, sí, que es la de los jueces. Tampoco se vio al honorable muy dispuesto a repetir la consulta cuando el texto se aprobó con una participación claramente insuficiente, cuya escasa masa crítica suponía de hecho una deslegitimación de todo el proceso político emprendido a uña de caballo por la clase dirigente catalana. Aquello fue un descalzaperros, una enloquecida fuga hacia delante en la que el único objetivo era aprobar el Estatuto como fuese según la acreditada filosofía del presidente Zapatero, con el milagroso resultado de no dejar a nadie satisfecho. Unos querían más y otros menos, y los remiendos de urgencia no contuvieron el dislate. Efectivamente fue un lío gordo, del que aún no se ha salido, ni está claro que se vaya a salir, pero uno de los principales culpables de ese fenomenal embrollo es el que ahora se pasa la mano por la frente con gesto contrito, aunque también fuese la primera víctima. El otro responsable cardinal ni siquiera se arrepiente; sólo sonríe y se da palmaditas en la espalda a sí mismo. Pero bueno, todavía es posible enredar un poco más, por ejemplo tratando de deslegitimar el fallo del TC antes de que se produzca... o después. Total, el rompecabezas puede durar toda la vida. Eso sí, mientras Zapatero afloje. H EL BURLADERO EL ALQUILER DE MURPHY E STO de la oferta y la demanda tiene más guasa de lo que parece. Ni siquiera las dos tardes de enseñanza económica que Jordi Sevilla prometió al presidente parecen haber servido para establecer el bien y el mal, la derecha y la izquierda, el norte y el sur de este barrio sésamo perpetuo que viene a ser la acción de todo gobierno. A ver: cuando el alquiler de viviendas no funciona al ritmo que toda mente sensata quisiera, se pueden hacer dos cosas, incentivar la oferta o incentivar la demanda. De las dos, una es la correcta, lamentablemente por la que no ha optado nuestro Gobierno. Si incentivas la demanda- -a los que quieren alquilar- mientras la oferta se mantiene rígida, corres el peligro de que aumenten los precios. Creo que eso se estudia en primero de Económicas, tal como me enseña mi profesor particular, el doctor Rodríguez Braun. Si, por el contrario, facilitas que aumente la oferta y consigues que mayor número de propietarios ponga en el mercado su vivienda, forzosamente descenderán los precios y mayor número de demandantes podrá contratar un piso con vistas al CARLOS atasco de las dos de la tarde. No hay HERRERA más tu tía. Sólo varía el silogismo si le incluimos una premisa inesperada: la cercanía de unas elecciones generales. Cuando hasta el periódico amigo te advierte de que lo que has hecho está tan feo como inútil, puede que te pongas a reflexionar e intentes corregir el tiro in extremis, pero ese supuesto no es contemplable en la ejecutoria de nuestro gobierno: lo hecho bien hecho está y al que no le guste que arree. Entre que se pone en marcha esta medida y arranca el cheque destinado a las parejas que acaban de parir un españolito más, el círculo inmediato de ZP ultima nuevas medidas de consuelo popular sobre los restos fúnebres del vicepresidente segundo, víctima de una apoplejía contable. La oposición, en su manía de disparar a todo lo que se mueve, espera el milagro del pos- te en el último penalti de la tanda de desempate y anima malévolamente al presidente para que amplíe el ámbito de sus regalos a la mayor gente posible con la idea de que peligre el superávit y puedan así señalar la catástrofe que vive enfrente. Estupendo todo. Quedan tres meses para que se conozca oficialmente la fecha de las elecciones generales. De aquí a entonces asistiremos a no pocos espectáculos dignos de la mejor tradición democrática española, tan breve que viene a ocupar tres decenios de nuestra vida reciente. Rodríguez Zapatero prometerá cine gratis los domingos y Manolo Chaves se ofrecerá para amueblar personalmente los pisos gratuitos que piensa construir y repartir en Andalucía. El Ayuntamiento de Sevilla, sin ir más lejos, obligará a los propietarios de viviendas vacías a ponerlos a disposición del partido recalificador de edificios propios y dispondrá que cada ciudadano sin propiedad pueda instalarse en los apartamentos que hayan sido ocupados sólo en Feria y en Semana Santa. Cuando Solbes esté a punto de inyectarse cocacola en el conducto lacrimal y el gobernador del Banco de España se disponga a la autoinmolación con un grupo de sus funcionarios más selectos, el Gobierno echará cuentas y puede que se perciba entonces de que se la ido la mano con los mordiscos al superávit en épocas de mudanza. No sé si dará tiempo a las dos lecciones prometidas de economía, pero puede que ya no sirvan para mucho: el pueblo español decidirá si las ofertas eran buenas y en el caso de que las decline le corresponderá al que llegue recomponer el patio. La cacareada recesión cubrirá el cielo como los nubarrones de invierno cubren las tardes de domingo y veremos quién es el guapo que encuentra paraguas en las pocas tiendas abiertas. El panorama es indeciso, de acuerdo, pero como le dé por romper según los postulados de Murphy, aquél que decía que si algo puede salir mal, saldrá mal, ya podemos correr a guarecernos en los soportales que encontremos libres a nuestro paso. www. carlosherrera. com