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78 CULTURAyESPECTÁCULOS Colección de cine de Cary Grant JUEVES 20 s 9 s 2007 ABC La vida que lo parió La biografía de Cary Grant, uno de los más populares actores de todos los tiempos, daría para un guión de Hollywood. Sería, sin duda, una gran película, a la altura de cualquiera de los quince largometrajes que integran la colección de ABC LUIS CONDE- SALAZAR INFIESTA A principios de los años 50 el gran divo de la escena cinematográfica llamado Cary Grant (1904- 1986) se apuntaba a una curiosa terapia a base de ácido lisérgico, el poderoso alucinógeno de efectos psicodélicos popularmente conocido como LSD, con la que pretendía aliviarse de sus dos grandes problemas vitales y ya de paso flipar en colores y hacerse unas risas: Por una parte el acendrado alcoholismo, heredado de su padre, el galán obrero Elias Leach, planchador de la fábrica de ropa Todd s, guapo, juerguista, mujeriego y bien conocido en las muchísimas tabernas de la ciudad portuaria de Bristol, la urbe más poblada de bares de Inglaterra. Por otra, quería hacer aflorar a la superficie su más recóndito secreto: el trauma de la desaparición de su madre, Elsie, mujer cariñosa pero exigente que tuvo que ser internada en un centro psiquiátrico por un brote de paranoia esquizoide cuando el por entonces todavía llamado Archibal Alexander Leach contaba sólo con 10 años. Sobre aquel tratamiento, el elegante actor, paradigma de la seducción, llegó a decir que en una sesión me vi a mí mismo convertido en un pene gigante que despegaba de la tierra como una nave espacial Esto ocurría cuando Grant era ya una estrella. Pero para llegar hasta ese punto brillante del universo cinematográfico tuvo que pasarlas canutas. A pesar de lo exiguo de la renta de su padre, la madre de Archie, de quien recibió los genes de la tez cetrina, el cabello oscuro y el mentón hendido, además de los buenos modales, se las ingenió para que el niño pudiera prosperar en la vida y le llevó a un colegio decente, pagándole, además, unas clases particulares de piano, su primer contacto con forma alguna de arte. Ávido lector de tebeos, boyscout y buen atleta, Archie escapó de casa para unirse a la troupe circense del grupo Bob Pender s Knockabout Comediants. Fue obligado a regresar al hogar por su padre, que no tuvo más remedio que dejarle ir de nuevo después de que se autoexpulsara de la escuela. Era 1918. Tras recorrer Europa llegó a Nueva York en 1920 e hizo gira por todo Estados Unidos hasta que se le acabó el contrato a la Pender. El grupo de saltimbanquis y payasos volvió a casa, pero él se quedó. Para sobrevivir trabajó de hom- Hombre anuncio bre anuncio y como vendedor de corbatas hasta que el vodevil le llamó. Pero fue en el musical el terreno en el que empezó a desarrollar sus dotes de actor. Antes de trasladarse a Hollywood rueda Singapore Sue (1931) una película de la que siempre renegaría. Contratado por la Paramount para que sustituyera a los actores que rechazaban proyectos, fue aconsejado para que cambiara su nombre. Eligió el de Cary Lookwood, como el personaje de la obra teatral Nikki que había interpretado junto a Fray Wray, la que luego sería rubiaza novia de King- Kong. Pero ya había otro Lockwood, Harold, y la compañía le dio un listado de apellidos. Escogió el contundente Grant, más acorde con el de las estrellas rutilantes de entonces, Clark Gable y Gary Cooper. Su carrera como actor de prestigio se inició con Esta es la noche This is the night 1932) Cuentan que trabajando en Madame Butterfly la explosiva Mae West le vio y dijo aquello de Por mí como si rueda Blancanieves. Si sabe hablar me lo quedo Y se lo quedó para Lady Lou (1933) Desde entonces, y hasta que finalizara su carrera con Apartamento para tres Walk Don t run 1966) participó en más de setenta producciones, siendo requerido por directores como Frank Capra, George Cukor, Blake Edwards, Stanley Donen, Raoul Walsh, o Alfred Hitchcock para participar en cintas inolvidables con títulos, además de los quince que incluye esta maravillosa colección, como Charada Me siento rejuvenecer o Encadenados Recibió un Óscar por su trayectoria en el año 1970. Pero le faltaron varios. Una gran injusticia. Cinco bodas y un dineral Grant arrastró siempre fama de rácano. Desde luego nunca pecó de derrochador. Las privaciones de su infancia hicieron que el actor fuera reacio a tirar el dinero, por mucho que nadara en él. Pero, desde luego, en lo que sí invirtió una pingüe fortuna fue en divorcios. Cuatro, ni más ni menos. Y eso a pesar de los rumores que apuntaban a su supuesta homosexualidad, especialmente por la relación de convivencia que llevó con su amigo Randolph Scott. Una condición que Grant siempre negó hasta el punto de demandar a Chevy Chase cuando éste hizo en la televisión una imitación de Grant con gestos amanerados. Chase tuvo que pagarle en concepto de daños y perjuicios nada menos que diez millones de dólares. Por listo. Como buen galán, Cary tuvo una larga lista de amoríos y otra más de especulaciones. Pero su primer matrimonio sucedió en 1935. La novia era Virginia Cherrill, la niña ciega de la que se enamora perdidamente Charles Chaplin en Luces de ciudad Trece meses después se celebró el divorcio. Era 1935. En 1942 se casa con la mujer más odiada de América la muchimillonaria Babara Hutton. Tres años duró la cosa para pasar a contraer nupcias con Betty Drake en 1949. Fue su matrimonio más longevo. Duró nueve años. Entre 1965 y 1968 estuvo unido a Dyan Cannon con quien tuvo a su único descendiente, Jeniffer. Ella tenía 28 años; él, 62. Cuando Grant murió en 1986 su quinta esposa, Barbara Harris, 47 años más joven que él, permaneció a su lado. Después de un largo noviazgo se habían casado en 1981.