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ABC JUEVES 20 s 9 s 2007 El régimen de terror de Pol Pot, en el banquillo N LAOS MAR DE LA CHINA MERIDIONAL INTERNACIONAL 33 Detenido en Camboya uno de los últimos cabecillas vivos de los brutales Jemeres Rojos Nuon Chea, número dos del régimen de Pol Pot, será juzgado por crímenes contra la humanidad por un tribunal internacional PABLO M. DÍEZ CORRESPONSAL PEKÍN. Treinta años después de exterminar a millones de personas en Camboya, los Jemeres Rojos se enfrentan a la Justicia. O, al menos, los que aún quedan con vida, pues su líder, Pol Pot, murió en 1998 y su jefe militar, Ta Mok El Carnicero falleció el año pasado. Para evitar que la muerte libre a los Jemeres Rojos del banquillo de los acusados, ayer fue detenido en Pailin, un pueblo del noroeste de Camboya cerca de la frontera con Tailandia, uno de sus últimos cabecillas vivos: Nuon Chea. Bajo ese nombre se ocultaba ahora un arrugado anciano de 82 años que a veces les daba comida a los hijos de los vecinos, pero que, hace tres décadas, encarnaba toda la atrocidad que supuso el régimen de los Jemeres Rojos al ser su ideólogo político. Entre 1975 y 1979, esta guerrilla maoísta se hizo con el poder en Camboya y, bajo el mandato de Pol Pot, el Hermano Número 1 impuso una utópica revolución agraria que pretendía crear una nueva sociedad sin clases. Para ello, los Jemeres Rojos vaciaron las ciudades, cerraron las escuelas y trasladaron a la población al campo para cultivar arroz. Aquel horrendo Año Cero vino acompañado no sólo de las hambrunas que desencadenó tan desquiciado plan, sino también de las salvajes purgas de intelectuales y ejecuciones que se produjeron en los Campos de la Muerte Como consecuencia, perecieron más de tres de los siete millones de camboyanos (casi el 50 por ciento de la población) Siete años después de la rendición de los Jemeres Rojos en 1998, la ONU puso en marcha un tribunal que juzgará a sus principales responsables. Uno de ellos es Nuon Chea, a quien se le conocía entonces como el Hermano número dos y que ayer fue acusado de crímenes de guerra y contra la Humanidad. Aunque, según los investigadores, hay pruebas de que ordenó ejecuciones, él siempre se ha declarado inocente. Yo era el presidente de la Asamblea Nacional y no tenía nada que ver con lo que hacía el Gobierno ni estuve implicado en la muerte de personas dijo Nuon Chea en varias entrevistas este verano. Una argumentación difícil de creer, por lo que una docena de agentes registraron ayer su casa de madera en Pailin en busca de documentos y pruebas antes de llevárselo en un helicóptero militar a Phnom Penh. Este antiguo abogado educado en Tailandia, que formó parte de la guerrilla de Pol Pot en los años 50 y 60, es el segundo imputado en el proceso contra los Jemeres Rojos. En julio fue acusado Kang Kek Ieu, de 64 años y conocido como Camarada Duch por dirigir la prisión S- 21 de Tuol Sleng. En esta cárcel de Phnom Penh, recon- TAILANDIA VIETNAM CAMBOYA ÁSIA 0 Km 200 ABC B. Alonso Río Mekong vertida en museo del genocidio, fueron torturadas y asesinadas 16.000 personas. Para eludir su responsabilidad en esta masacre, Duch reconvertido al cristianismo, ha asegurado que Nuon Chea ordenaba las ejecuciones. Además, el tribunal ha procesado a otras tres personas cuya identidad no ha sido revelada, pero entre los que figurarán el antiguo presidente, Khieu Zampan, y el ministro de Asuntos Exteriores, Ieng Sary. Todos formaban parte de la guerrilla que se refugió en la jungla después de que, en 1979, el Ejército vietnamita desalojara a los Jemeres Rojos del poder para frenar así las incursiones en su territorio. Tras la muerte de Pol Pot en 1998, éstos llegaron a un acuerdo con el Gobierno camboyano- -formado por numerosos cuadros del anterior régimen- -y hasta ahora han podido vivir libremente, pero la Justicia llama a sus puertas para que respondan por uno de los mayores genocidios del siglo XX. Nuon Chea (con pelo blanco) tras ser detenido sube a un helicóptero que le trasladó de Pailín a Phnom Penh, la capital de Camboya AP LLEVAR GAFAS DE SOL MORIR POR EL DELITO DE De 1975 a 1979 los Jemeres Rojos impusieron un régimen de terror en Camboya que acabó con más de 3 millones de personas, casi la mitad de la población FERNANDO PASTRANO MADRID. Dice el refrán que no hay mal que cien años dure. No es verdad, al menos en Camboya. Desde que en 1864 ese país de la antigua Indochina pasase a ser un protectorado francés, muy pocos han sido los periodos de paz que ha disfrutado. Francia, Japón, Estados Unidos, incluso el vecino Vietnam han querido imponerse por la fuerza en el país de los jemeres. Y cuando la desgracia no venía de fuera, la generaban ellos mismos desde dentro. Tras el final de la Guerra de Vietnam, la inestabilidad política culminó en Camboya con el golpe de estado de Pol Pot y la instauración del sanguinario régimen de sus Jemeres Rojos (literalmente Camboyanos Rojos) que duró desde 1975 a 1979. En sólo cuatro años se empeñaron en crear una sociedad nueva en la que sería protagonista el hombre nuevo Para ello implantaron un sistema de comuna primitivista en la El Hermano número dos que la propiedad privada quedaba abolida, el trueque era el medio de transacción utilizado y se intentaba la regresión al estado del buen salvaje Algo sí consiguieron: salvajismo hubo mucho. El paranoico, sangriento y dictatorial Pol Pot (y su Hermano número dos Nuon Chea) abolieron también la inteligencia. Todo el que no pensaba como ellos era su enemigo. Más aún, todo el que pensaba era su enemigo. La población urbana fue desplazada en masa al campo. Los analfabetos Jemeres Rojos decidían quién era apropiado y quién no. Unas manos cuidadas, o simplemente sin callos, eran prueba suficiente de que el individuo no era trabajador y, por lo tanto, aunque fuera jemer, no era rojo Un modo de hablar culto, ¡no digamos si era refinado! suponía que se le tildara de burgués. Si vestía con ropa ajena a la tradición je- mer del pañuelo krama o si llevaban unas simples gafas de sol (las de ver eran toleradas a duras penas) quería decir que era antirrevolucionario, un elemento pernicioso que había que extirpar La cifra exacta de víctimas de esta barbarie nunca se sabrá. Un informe oficial de 1983 citaba 2.746.105 asesinatos. Algunos fueron muertos a bastonazos o sus cabezas destrozadas con picos. Otros fueron quemados vivos o estrangulados En la calle 113, en el centro de Phnom Penh, se encuentra la escuela Tuol Sleng. Durante los años negros fue cárcel, hoy se ha convertido en un museo de los horrores. Allí, un cartel en lenguas jemer e inglesa recuerda sucintamente la tragedia de aquellos años con la inigualable crudeza de las cifras. Población de Camboya: 7 millones de personas. Muertos y desaparecidos: 3.300.000