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28 ESPAÑA JUEVES 20 s 9 s 2007 ABC El parricida de Catarroja no confiesa pese a las evidencias en su contra MARÍA MIRANDA VALENCIA. Sergio F. A. el joven acusado de matar a sus padres en la madrugada del domingo en Catarroja soporta con frialdad la presión ejercida por los agentes para arrancarle una confesión. Al cierre de esta edición, el chico detenido desde el pasado lunes, insistía en negar su participación en el brutal crimen a pesar del cúmulo de indicios y pruebas circunstanciales recopilados por los investigadores que le señalan. Pese a los intentos del joven, de 20 años, de despistar a los agentes tratando de atribuir el doble crimen a terceras personas, la Guardia Civil mantiene que Sergio F. A. degolló a su padre, presumiblemente con una catana, y con la excusa de una falsa enfermedad de su progenitor, telefoneó a su madre- -el análisis de los teléfonos de víctima y acusado confirma esta comunicación- -para precipitar su regreso a casa. La mujer abandonó el salón de banquetes en el que trabajaba en torno a las 4.30 de la madrugada. La esperó en casa. Falleció de un fuerte golpe en la cabeza. Entre la primera y la segunda muerte el acusado habría abandonado la vivienda para dar un paseo con el perro. Después de ejecutar a sus progenitores, se habría ido de fiesta. La Guardia Civil presume que se sirvió de una katana, espada japonesa, porque un familiar la echó de menos en la vivienda. El arma no ha sido localizada pese a que los agentes se sirvieron ayer de perros adiestrados que rastrearon el barranco cercano a la casa, en cuyas proximidades fue visto el presunto asesino por un vecino. El sospechoso pasará hoy a disposición judicial. El rumano Marian Mirita, el día que decidió quemarse a lo bonzo en señal de protesta por su situación EFE Agonía y muerte en soledad El rumano Marian Mirita, que se quemó a lo bonzo frente a la Subdelegación del Gobierno de Castellón, murió ayer solo en el Hospital La Fe de Valencia s Su mujer y sus dos hijos aceptaron la ayuda institucional y volvieron a Rumanía mientras Mirita agonizaba POR ROCÍO CARRIÓN VALENCIA. Marian Mirita, al que inicialmente se identificó por error como Nicolai (nombre de un hermano suyo) nunca pensó que éste sería el último viaje de su vida. Un viaje que, además, acabaría solo. Pero hizo todo lo contrario: viajó a Castellón con su mujer y sus dos hijos pensando que éste sería el país de las oportunidades, la solución a sus miserias y el camino para una vida mejor. Pronto, las promesas hechas por un desalmado que le prometió trabajo y un piso de alquiler se hicieron añicos. En la calle y sin dinero, tuvo que ganarse la vida recogiendo chatarra, vendiendo refrescos e, incluso, mendigando por la calle. Si sólo hubiera estado él, o sólo él con su mujer, todo habría sido distinto. Pero había dos hijos, un niño rubio de tres años y medio y una joven de 16 abocada a hacerse mayor en cuestión de días. Fue ella precisamente la que buscó ayuda en las instituciones de Castellón al tomar conciencia del estado de desesperación extrema que había alcanzado su padre. Por desgracia, Isabella era menor. Y por desgracia, a veces la burocracia no entiende de desesperación. Nadie ayudó a la familia porque fue una menor la que pidió ayuda, y para llevar adelante cualquier trámite era necesaria la presencia de sus progenitores. O por lo menos eso aseguraba Isabella una y otra vez tras el terrible incidente. La Delegación del Gobierno en la Comunidad Valenciana negó que acudiera a la Subdelegación de Castellón a pedir auxilio, aunque otras entidades sí reconocieron haberla tendido... y haberla invitado a volver pero acompañada de sus padres. La desesperanza extrema llevó a Marian Mirita a tomar la determinación de quemarse ante la Subdelegación de Castellón el pasado 4 de septiembre ante los ojos del mundo, de su mujer y de sus hijos, que vivieron con horror aquella sentencia de muerte del cabeza de familia. Ya no confiaba en nadie, pues lo único que le dicen son palabras y nadie nos ayuda comentaba su hija mayor días después. Marian Mirita quería llamar la atención sobre su caso: quería volver a Rumanía, porque las cosas en España no habían sido como él esperaba. Pero el acto de protesta se le fue de las manos. Tras rociarse el cuerpo con una botella de gasolina, encendió un mechero y su cuerpo ardió. La rápida actuación de su mujer, presente en el lugar, y de dos agentes de la Guardia Civil evitó que muriera en el acto. Fue trasladado al Hospital La Fe de Valencia, en estado crítico. Desde el principio, los partes médicos no fueron muy esperanzadores. Su mujer y sus dos hijos se trasladaron con él a Valencia, donde recibieron el apoyo de muchos ciudadanos anónimos. Isabella relataba hace unos días a ABC la gravedad en la que se encontraba su padre y la situación de angustia que vivían: Si se muere, yo me mato Ayer, Marian Mirita finalizó su viaje. Un trayecto más largo y difícil de lo que esperaba y con un desenlace mucho más terrible. Su cuerpo no pudo soportar más y murió solo en la Unidad de Quemados del hospital valenciano. Su familia había aceptado hace unos días regresar a Rumanía, como era el deseo de Marian. Él no lo consiguió: su viaje acabó antes de lo previsto, en una fría sala de hospital y entre desconocidos. No confiaba en nadie A la espera de repatriar el cadáver La Embajada de Rumanía y la Delegación del Gobierno en la Comunidad Valenciana son los órganos competentes para cumplimentar los trámites de repatriación del ciudadano rumano Marian Mirita, después de que sus familiares aceptaran la ayuda institucional que les permitió regresar a su país. Fuentes de la Consejería de Bienestar Social de la Generalitat aseguraron desconocer si los allegados del fallecido han expresado su deseo de que el cadáver de éste sea enterrado en su país de origen.