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ABC MIÉRCOLES 19- -9- -2007 Karen Armstrong vuelve al origen de las tradiciones religiosas en su nuevo libro 77 del mal TEATRO Flotats regresa a la escena catalana en la piel del dictador MARÍA GÜELL BARCELONA. Una vuelta a casa muy sonada. El regreso de Flotats a su ciudad natal llega precedido por una campaña publicitaria donde se puede leer: Estreno mundial de Stalin en el Teatro Tívoli El cartel es cuando menos inquietante. Pero si reflexionamos sobre que es Flotats quien ha elegido el texto, lo ha adaptado, lo dirige y también lo protagoniza, no nos extraña este anuncio a bombo y platillo. La última vez que vimos su nombre impreso en la cartelera barcelonesa fue con motivo de la gira de Arte Con La cena no vino. Y ahora: estreno mundial de su última criatura, la puesta en escena de una parte de la novela Une exécution ordinaire de Marc Dugain. Tras unos ensayos muy generosos, el equipo de Stalin por fin ha visto la luz. El actor y director reconoce que presenta un texto contundente a la vez que asequible El eje de la historia es un matrimonio de científicos: él, físico (Pere Eugeni Font) y ella médico (Carme Conesa) en la Rusia de principios de los cincuenta. La situación de su país es insostenible y sobre ellos sobrevuela el personaje de Stalin. Flotats, que se ha dejado un frondoso bigote y ha modificado la forma de la frente gracias a un nuevo peinado, interpreta al dictador en sus últimos años de vida. Él mismo lo define como alguien que gobierna y está condenado a una soledad absoluta por haber implantado el terror y que no se fía ni de su sombra Aunque la novela es dura, Flotats subraya que hay momentos de ironía lo suficientemente fuertes como para poder sonreír y que haya descompresión El debate está servido y a la salida del teatro el público seguirá hablando de las brutalidades que sufrieron los rusos. Flotats está seguro de que la gente se hará preguntas de este tipo: ¿Por qué toleramos psicópatas en el poder? Flotats está entusiasmado con su proyecto, con el reparto, y con la oportunidad de volver a casa con un texto en mi lengua materna REUTERS de la máquina con la que mecanografió la novela. Xavier Antich recordó que Grossman le escribió a Jruschov: No he llegado a la conclusión de que contenga falsedades. He escrito lo que pensaba, sentía y he vivido en la Gran Guerra. Puede que no sea fácil digerir sus páginas pero tenía que escribirlas El filósofo señaló que Steiner consideraba que novelas como Vida y destino eclipsan todo lo tenido por ficción seria en el siglo XX Ésta es una novela que transcurre durante el sitio y la contraofensiva de Stalingrado en las dos orillas del Volga. Una novela coral que da voz a más de 200 personajes: soldados, campesinos, jóvenes, viejas y viejos, alemanes, rusos, judíos, comunistas escépticos y bolcheviques convencidos, jerarcas como Hitler, Eichmann, von Paulus... Una visión del horror de los campos de exterminio nazi y de las víctimas de las purgas soviéticas. Un relato de una altura ética que no tiene parangón, una novela del sufrimiento, de la piedad y de la compasión Y recomendó especialmente la lectura del capítulo XVIII de la 1 parte (carta de una madre judía que va a ser gaseada a su hijo) el XV de la 2 parte (conversación entre un comandante de campo de exterminio nazi con un bolchevique, en la que le dice: Cuando usted y yo nos miramos, no sólo contemplamos el rostro que odiamos, sino que nos vemos en un espejo el XVI de la 2 parte (Grossman reflexiona sobre el hecho de que los grandes crímenes de la historia moderna se han cometido en nombre del Bien) Y los que van del XLII al L de la 2 parte, en los que Grossman- -concluye Antich- -se atreve a llevar el relato al interior de una cámara de gas. Nadie ha llegado nunca tan lejos Carme Conesa y Josep Maria Flotats, caracterizado como Stalin, en una escena de la obra ROS RIBAS CINE Wajda cierra las heridas de la matanza de Katyn F. M. B. MADRID. En septiembre de 1939, tres semanas después de la invasión nazi por el Oeste de Polonia, las tropas de Stalin entraron por el Este y asesinaron, uno a uno, de un tiro en la nuca, a 22.000 polacos, muchos de ellos oficiales, pero también civiles, intelectuales, sacerdotes... gente normal El ejército alemán descubrió el genocidio en el bosque de Katyn, cercano a la ciudad de Smolensk, aunque la propaganda soviética inculpó a Adolf Hitler y se encargó de tomar severas represalias contra cualquiera que contradijera la versión oficial. Así, no fue hasta 1990 cuando Mijail Gorbachov reconoció la responsabilidad soviética en lo que los polacos llaman la felonía de Katyn Andrzej Wajda, hijo de uno de aquellos oficiales y legendario director de cine- -ganador de un Oscar honorífico y de la Palma de Oro en Cannes- ha tenido que esperar a cumplir 81 años para poder contar aquella historia. Hoy en día el cine es la mejor forma de que las nuevas generaciones la conozcan afirmó el historiador Janusz Cisek durante la presentación de la película en Varsovia. Cisek recordó que la matanza fue una maniobra bien estudiada por Stalin, quien pretendía acabar de una vez por todas con el ejército polaco al eliminar a la práctica totalidad de sus oficiales