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86 CIENCIAyFUTURO MARTES 18 s 9 s 2007 ABC La experiencia del Katrina ha influido en los pensamientos de los pequeños sobre la casa y la seguridad Muchos de ellos muestran una pericia para dibujar menor de la que se esperaría a su edad Algunos de los dibujos que reflejan el trauma vivido a causa del Katrina Los niños del Katrina pintan la casa por el tejado Los dibujos de los pequeños supervivientes del huracán revelan un mundo lleno de miedo... Dos años después, ninguno de ellos ha recuperado su vida normal, la que llevaban antes del desastre; la prueba es que siguen desplazados de sus hogares POR ANNA GRAU. SERVICIO ESPECIAL NUEVA YORK. Casi todos los niños pequeños del mundo, cuando hacen un dibujo, tienden a dibujar una casa. Pero seguramente no la dibujarían igual un niño de Madagascar que un niño esquimal. En el Occidente que no ex exageradamente frío ni cálido, los niños suelen dibujar casas con una base rectangular o cuadrada, llena de puertas y ventanas, sobre la que se yergue un tejado triangular. Así eran muchas casas en Nueva Orleáns. Dos años después de la devastación del huracán Katrina, los niños que sobrevivieron dibujan con una particularidad estremecedora: sus casas son un puro triángulo. No tienen ni son otra cosa que tejado. Todas las esperanzas- -y todo el miedo- -se concentran ahí. Esto fue lo primero que llamó la atención al equipo de nueve terapeutas de California que llevan ya un cierto tiempo trabajando con los más pequeños de una comunidad de refugiados del Katrina que fueron a dar a la costa Oeste. Ninguno de ellos ha recuperado su vida normal de antes del huracán; la prueba es que siguen desplazados de sus hogares, sin saber si podrán regresar algún día, y apiñados en una especie de campamentos palestinos, con sus carpas blancas. El sitio donde viven se llama Renaissance Village, algo así como la Aldea del Renacimiento. Karla Leopold, la jefa del equipo terapéutico, manifestaba a The New York Times que las casas triangulares no las dibujan sólo los niños que fueron rescatados de tejados emergentes sobre las aguas. La imagen ha pasado a formar parte de un imaginario colectivo mucho más profundo, en el que la búsqueda de seguridad deviene mucho más angustiosa de lo Casas triangulares que debería ser normal a esa edad. Uno de los niños pintó a toda su familia amenazada por las aguas, los brazos en alto, pidiendo ayuda. La figura del niño que hacía el dibujo no se veía en ninguna parte. Es que yo no quiero estar ahí respondió cuando le preguntaron. Pero los terapeutas no están ahí solamente para hurgar en la herida y constatar científicamente algo que, para la intuición y el sentido común, ya era un axioma bastante evidente. ¿A quién podría sorprender que niños que han vivido una experiencia devastadora para muchos adultos, revelen en sus dibujos un nivel incontrolable de ansiedad, que a menudo les lleva a la hiperactividad, cuando no al impulso de suicidio? Lo que el equipo de la doctora Karla Leopold busca es asomarse al mundo interior de estos niños no sólo para tomar nota sino, en lo posible, mejorarlo. Y a veces funciona. Una criatura que hace un año dibujó el coche en que su familia huyó de Nueva Orleáns ha vuelto a dibujarlo recientemente, metido en un garaje y rodeado de signos de seguridad, de estar a salvo. Otros retornan a la escena de sus propios dibujos, equipados con chalecos salvavidas, botes de rescate, etc. Es sin duda un progreso en un panorama inicialmente desolador: los niños pintaban aguas turbulentas donde se agitaban misteriosas y ondulantes líneas negras que resultaron querer representar serpientes, las casas y las familias aparecían rodeadas de cocodrilos y toda clase de monstruos, el agua era un mundo inagotablemente hostil. Para que encuentren salidas a eso hay que animarles mucho. Sugerirles explorar posibilidades de ayuda en la otra orilla. Tantear motivos de esperanza en sus dibujos, que pueden acabar cuajando en su mente. El camino de la expresión artística del miedo es como un pasillo que puede recorrerse en las dos direcciones, logrando que los lápices abran camino a la paz de espíritu. Muchos de los niños participantes en este experimento muestran una pericia para dibujar significativamente menor a la que se esperaría para su edad. Es como si lo sucedido hubiera impuesto una regresión, también de sus capacidades. El cerebro duda de si crecer lo suficiente para hacerse cargo tan rápido de lo que les ha pasado. Es urgente que vuelvan cuanto antes a tener una vida normal, una vida como la que tiene todo el mundo concluye la terapeuta Karla Leopold. Lápices de esperanza Ecos conmovedores de los niños de Terezin Estos dibujos ya han dado pie a una exposición, El Katrina a través de los ojos de los niños, que hasta el próximo 7 de octubre se exhibe en el Museo de Arte de Nueva Orleáns. Su visión muestra ecos de la conmovedora colección de dibujos de niños del campo de concentración nazi de Terezin que se conservan en Praga. Los niños judíos de Terezin no tenían derecho a escolarización, pero los nazis consideraron un asunto menor que se les dieran clases de dibujo. Con sus lápices y sus ceras de colores dejaron un testimonio brutal de cómo el mundo de los adultos enloquecía por completo a su alrededor. Sus láminas están llenas de cercas, horcas con cuerpos colgando, garitas desde las que vigilan figuras amenazadoras... Pero, incluso así, había resquicios de esperanza. Otros dibujos insistían en mostrar a otros niños muy juntos, casi jugando, o apiñándose alrededor de los adultos que intentaban protegerles. Lo que el equipo de terapeutas de California acaso buscaba inconscientemente era la evidencia científica de la milagrosa esperanza infantil. Que no se pierde del todo, ni siquiera cuando parece que ya todo se ha derrumbado sin remisión. Más información sobre la exposición: http: noma. org katrinakids. html