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ABC LUNES 17 s 9 s 2007 DEPORTES 101 EL MUNDO ES UNA HISTORIA A LO ZIDANE Douglas Gordon y Philippe Parreno hicieron, no hace mucho, una película sobre Zidane. Daba la sensación de que estuvieran acechando un enigma necio sabe, el día de la final del Mundial. Cuando todo estaba en juego, como broche de una historia deportiva ejemplar. Quería regodearme una vez más con aquella delicadeza, valga la paradoja, contundente. Mis hijos, como soy un ciber- cateto, me han ayudado a encontrar en You Tube las imágenes de mis ensueños estéticos. Se han negado a que vea directamente la falta máxima y después de declarar que lo que iba a contemplar era lo más emocionante y que incluso daban ganas de llorar me he deleitado con una colección de fintas, regates y tiros de ese genio. Pero sobre todo, he vuelto a maravillarme con sus controles y con las ruletas repetidas una y otra vez. En los casinos tendrían que poner esa imagen cuando dicen no más juego Douglas Gordon y Philippe Parreno hicieron, no hace mucho, una película sobre Zidane que ha sido exhibida en numerosos centros de arte. Tan sólo seguían sus desplazamientos durante un partido, fijándose exclusivamente en él. Daba la sensación de que estuvieran acechando un enigma y, a pesar de la morosidad y de la lentitud, no conseguían más que mostrar su devoción. Wittgenstein apuntó que no se gana nada intentando explicar lo inexplicable. Lo místico no es, me permito la vanidad de citar el Tractatus, como sea el mundo sino la sorpresa de que, indudablemente, es. De la mano de Dios uno de los más famosos goles de Maradona, al penalti de Zidane, el tiempo queda en suspenso. Pasaron cosas antes y después, pero aquellos segundos fueron únicos. La boca pútrida de Materazzi y el cabezazo del ofendido y ofuscado Zidane merecen ingresar en el callejón más sombrío de la mente. Todavía me emociona recordar aquella figura que se marchaba cabizbaja. Pasó junto a la Copa y luego descendió, a cámara lenta, los escalones hacia la nada. La tonsura casi monástica puso el punto y final. En realidad, la belleza que, en términos de Stendhal, es una promesa de felicidad, no puede desaparecer del todo. El penalti a lo Zidane volverá a detener el tiempo y a entregarnos lo maravilloso. Entonces dejan de tener importancia los tuercebotas o los entrenadores nacionales de modales garrulos. El dedo de aquel jugador, siempre bleu como el cielo, nos enseña que lo mágico puede suceder. FUERA DE JUEGO Fernando Castro Flórez La Policía vigilaba ayer la casa de la familia McRae, en Escocia REUTERS El campeón de la tierra murió en el cielo El piloto de rallys Colin McRae, campeón mundial en 1995, se estrelló con su helicóptero, y su hijo y otras dos personas, que viajaban con él, también fallecieron EMILI J. BLASCO CORRESPONSAL LONDRES. Había dejado ya los rallys, pero seguía siendo un apasionado piloto. Colin McRae falleció el sábado en un accidente de helicóptero, en el que también murieron uno de sus hijos, un amigo de éste, ambos de seis años, y un conocido de la familia. Eran los cuatro ocupantes del aparato, que se estrelló a media tarde en el condado escocés de Lanarkshire, donde el matrimonio McRae tenía su residencia británica. La Policía tardó en confirmar la identidad de los fallecidos debido a que sus cuerpos habían quedado calcinados por la explosión. Presumiblemente iba pilotado por McRae, de 39 años, y aún se desconoce la causa de la tragedia. Según la Policía, testigos presenciales indicaron que el helicóptero hacía como el ruido de un tren, en lo que parece un trágico accidente Con Colin, de 39 años, iban su hijo Jonny, de 6; el amigo de éste Ben Porcelli, también de seis y que había estado jugando en la casa de la familia, y Graeme Duncan, de 37. La caída se produjo en una zona de árboles dentro del terreno de la mansión del siglo XVII que Colin y su mujer, Alison, habían comprado cerca de Lanark, población natal del piloto. La familia pasaba el año entre esa casa, en la que existe una pista de aterrizaje para helicópteros, y la que tenían en Mónaco, donde McRae había trasladado su residencia en 1995. Alison no se había sumado a la excursión y se había quedado con Hollie, el segundo hijo del matrimonio. de fue dos veces campeón nacional de rallys (1991 y 1992) siguiendo los pasos de su padre, Jimmy McRae, que obtuvo ese trofeo en cinco ocasiones. Con ese entorno familiar es comprensible que a Colin le atrajesen los coches ya desde los dos años. El interés por el motor le llevó a sentarse sobre motos infantiles a los siete años, y a participar pronto en campeonatos junior de trial, donde obtuvo sus primeros triunfos a los 14. De esa tradición también han participado otros miembros de la familia. Alister, hermano de Colin, también es piloto y consiguió el campeonato británico el mismo año en que Colin subía a lo más alto del podio mundial. A pesar de dejar el Campeonato del Mundo en 2004, Colin aún quiso tomar parte en dos de las pruebas de motor más famosas del planeta, el rally París- Dakar y las 24 horas de Le Mans. McRae participó en su último rally, en Turquía, el año pasado. El nombre del piloto también está unido al mundillo de los juegos de ordenador. La compañía Codemasters puso en el mercado, en el año 1998, un videojuego del Mundial de Rallys con el nombre de Colin McRae, que arrasó en el sector. Considerado un auténtico especialista en los trazados sobre tierra, McRae ganó el Campeonato del Mundo de rallys en 1995. Fue el primer británico en lograrlo; a sus 33 años, también fue el campeón más joven. Quedó segundo en 1996 y 1997, y en 1998 logró una tercera posición. Esos años ayudó a Subaru a ganar el Mundial en la categoría de constructores, algo que también logró para Citroën en 2003, cuando volvió a ser subcampeón. A ese palmarés se une el obtenido en el Reino Unido, don- Con Subaru y Citroën uería volver a verlo. En mi mente calenturienta, aquellos momentos se habían convertido en un ideal de belleza e incluso explicaba, en el colmo del delirio, a mis alumnos el acontecimiento como si fuera una clave epistemológica. No quiero ponerme nostálgico pero cuando rememoro ese lance tengo la certeza de que la palabra magia tiene, todavía, sentido. Zidane retrocede mientras el balón aguarda sobre el punto de penalti. Da tres pasos y crea un arco de una sutileza indescriptible. Se gira hacia la izquierda justo cuando Buffon, otro elegante del fútbol, revuelve su cuerpo para atrapar la pelota que ha tocado el larguero por dos veces. Entonces llega el gesto supremo, el dedo que apunta arriba y abajo, esto es, el trayecto entre lo sublime y lo terrenal. El gran jugador aclara a su adversario y a todos que aquello ha sido un gol. No es uno cualquiera, se trata de un tanto que me atrevo a calificar como definitorio No es un chulería, pasa por encima de la frivolidad o de la intención humillante, antes al contrario es un reivindicación del rigor y grandeza del futbol, de la capacidad que tiene para llevarnos de la miseria al éxtasis. Rápidamente apareció, en la boca de los comentaristas, la etiqueta de a lo Panenka Discrepo, desde mi docta ignorancia, de esa descripción por demasiado simplista e incapaz para comprender la poesía inmensa de aquel instante. Zidane no quiere entrar al mismo tiempo que la pelota, lentamente, en la portería, ni su lanzamiento es uno más de los muchos que ejecutó a lo largo de los años, casi siempre con otro estilo, engañando totalmente al portero, proyectando el esférico hacia el lado contrario. Eso sucedió, como hasta el más Q Fue el primer británico que logró el Mundial y el conductor más joven de la historia en alzarse con el título ABC. es Vídeo sobre el accidente en http: videos. abc. es informaciondecontenido. php? con 2207 De la mano de Dios el famoso gol de Maradona, al penalti de Zidane, el tiempo queda en suspenso