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ABC LUNES 17- -9- -2007 TOROS www. abc. es toros 77 FERIA DE LA VENDIMIA José Tomás y Joselito Adame, la llama y la chispa, prenden el Coliseo NIMES Coliseo de Nimes. Domingo, 16 de septiembre de 2007. Corrida vespertina. Lleno de no hay billetes Toros de Garcigrande, desiguales de presentación, destacaron el extraordinario y bravo 1 premiado con la vuelta al ruedo, 3 y 6 complicados 2 y 4 Denis Loré, de azul turquesa y oro. Estocada (oreja) En el cuarto, estocada (oreja) José Tomás, de verde esperanza y oro. Pinchazo y estocada contraria (dos orejas) En el quinto, pinchazo y media. Aviso (oreja) Joselito Adame, de malva y oro. Estocada (dos orejas) En el sexto, estocada (dos orejas) Los tres salieron a hombros. ZABALA DE LA SERNA NIMES (FRANCIA) La llama del toreo de José Tomás prendió el Coliseo. Ardía el coloso. El temple absoluto agitaba el sol, la sombra, los tendidos que se erizaban como una ola en crecimiento que seguía su curso desde el fondo de arena blanca hasta la última fila, cerquita del cielo. J. T. rozaba la perfección, la alcanzaba, la acariciaba con los vuelos inertes de su muleta. Sin una sola violencia, la izquierda enganchaba la embestida por delante, la mecía hasta vaciarse lejana; la armonía de su figura juncal acompañaba cada natural, cada uno se ligaba con el siguiente con una parsimonia perezosa, vaga, lenta y tenue. En cuatro o cinco naturales José Tomás había sublimado el arte del toreo hasta cotas inalcanzables, cumbres que se habían anunciado en plenitud ya en redondo, en dos tandas de majestad y belleza flexibles, desde su colocación milimétrica. Las puntas de las zapatillas miraban al toro, el pecho miraba al toro, los muslos se ofrecían al toro. Medio compás de geometría curva. A pies juntos luego. En un ocho mágico se envolvió el torero en la coronación de la obra más redonda que en cuantas tardes anteriores- -Barcelona, Alicante, Algeciras, Pontevedra, Burgos, Ávila, San Sebastián y Salamanca- -le hayamos contemplado. Tampoco en ninguna de ellas le había embestido un toro con la calidad de éste de Gar- Espléndido natural de José Tomás, que cortó tres orejas y salió a hombros por la Puerta de los Cónsules cigrande. La Puerta de los Cónsules se abrió de una sola vez con las dos orejas, victoria de estatuarios y gaoneras que en el tintero no se deben quedar. Y como si todo no fuera suficiente, José Tomás limó las asperezas del bruto quinto, reservón y pegado al piso, con la única arma de la templanza, divina templanza que pule aristas como una lija mágica. Ni respiró la plaza ni sonó la música. Solemne silencio para una faena de plomo. Otra pieza distinta, otra oreja importante. Contestaba así de contundente y suave el insultante desparpajo de Joselito Adame, que confirmaba alternativa en la nación de Sarkozy. Sorprendente, cuanto menos, la soltura, la seguridad, el valor y la cabeza del púber matador mexicano, alternativado recental que ha venido a golpear con fuerza el escalafón superior. En sólo tres corridas habla todo el mundo de sus glorias. Y dicen bien las lenguas, porque el bravo y excelente toro de Domingo Hernández podría haber sido navaja de doble filo. No lo fue. Desde el saludo ceñido, el quite de frente por detrás y, por supuesto, durante la faena, Joselito Adame dominó el escenario, bajó y corrió la mano, se pasó cuarenta veces las humilladas embestidas por la faja. Y mató con soberbia y hambre de contratos. De una tacada cayó el doble premio, y después la vuelta al ruedo en el arrastre para el toro. Justísima la afición francesa, tan silenciosa, callada y alegre a la vez. Claro que para alegre y fresco, Adame. Las primigenias lopecinas julistas enloquecieron al personal; las banderillas avivaron la locura. Este Joselito mexicano- -así llamaban a Armillita, salvadas sean las distancias- -es variado y rico en BURLADERO J. T. rozaba la perfección, la alcanzaba, la acariciaba con los vuelos inertes de su muleta todos los tercios, chispeante. Algo más acelerado (normal en su necesidad vital de ascender) anduvo con el buen sexto, al que también desorejó. México por fin cuenta con un torero joven de proyección en Francia y España. Difícil y desgarradora fue la corrida para Denis Loré. Su padre había fallecido apenas cuarenta y ocho horas antes, se cortaba la coleta y, encima, apechó con dos toros broncos, por encastado temperamento uno y por manso y violento carácter el otro. Como un profesional curtido de pies a cabeza, lidió, expuesto y dispuesto a no quedarse atrás. Suya fue también la Puerta de los Cónsules.