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38 INTERNACIONAL Tribuna Abierta LUNES 17 s 9 s 2007 ABC Rafael Domingo Director de la Cátedra Garrigues de Derecho Global de la Universidad de Navarra DE LA ONU A OMO las personas, las instituciones tambiénenvejecen. Incluso enferman y mueren. Estoestá sucediendocon Naciones Unidas, especialmente desde la hecatombe del 11- S. La ONU no es la institución global que dará respuesta a los retos del tercer milenio, ya que, a duras penas, logró lidiar con las calamidades del siglo pasado. Graves problemas se ciernen sobre la estructura de la ONU. Su marcado carácter estatalista y el gobierno colegiado de unas cuantaspotenciasquelacontrolaneinmovilizan desdesu ConsejodeSeguridad han transformado la granesperanzadelapaz enunelefante blanco que, desanimado, contempla cómo otros actores, éstos sípoderosos, sereparten latierra sin invitarla al festín. Concebida bajo el estigma soberanista, la ONU se ha convertido en una organización de intereses contrapuestos, egoístas, pequeños, que nada tienen que ver con su anhelo fundacional de universalismo y solidaridad. Rusia y Estados Unidos ya no dirimen sus conflictos en los pasillos de su sede neoyorquina. Otros foros adquieren mayorrelevancia, alcompás de los vaivenes del poder. La Carta de la ONU fue, sin duda, su mayor logro, pero, por desgracia, en no pocas ocasiones se ha devenido en letra muerta, en una exquisitamuestradellirismohumano sin asidero en el mundo real. Aún existe, ¡cómo no! una corriente reformista, en gran medida académica, que todavía cree en las bondades del sistema de las Naciones Unidas. Sin embargo, es mayor el grupo de sus detractores, que no cesan en denunciar sus carencias y errores. Incluso los mass media reflejan esta crisis que amenaza convertirse en una patología endémica, atroz e insoluble. Naciones Unidas debe disolverse, como lo hiciera la Sociedad de Naciones en 1946. Tiene que desaparecer, cediendo sus derechos a una nueva organización mundial. Ésta colmará el deseo permanente de la Humanidad de formar una comunidad global jurídicamente organizada, resolviendo con un ethosy una metodologíademocráticaaquellosproblemas que nos atañen a todos. No ha sido posible, pese a innumerables esfuerzos, fundar la convivencia global en las ruinas delos campos de guerra europeos, o en los escombros de una rendición incondicional tras un bombardeo atómico feroz. No hubo consenso en aquella gesta. Existió, eso sí, miedo, mucho miedo. Temor visceral afracasarcomoraza, comohumanidad. Peronolavoluntad deconstruir, juntos, un mundo mejor, en HUMANIDAD UNIDA Naciones Unidas debe disolverse, como lo hiciera la Sociedad de Naciones en 1946. Tiene que desaparecer, cediendo sus derechos a una nueva organización mundial. Ésta colmará el deseo permanente de la Humanidad de formar una comunidad global jurídicamente organizada C do el mundo, y otra para erradicar el hambre, con 40 delegados ya que consiguió 800 millones de votos... Por tanto, cada ciudadano global se vería representado por su propio Estado y también por aquella institución a la que hubiera otorgado su voto. De esta manera, serán los mismos ciudadanos globales quienes indirectamente acabarán decidiendo sobre los verdaderos problemas que afectan a la Humanidad, priorizando sus objetivos en razón de los votos y las instituciones especializadas que ellos decidan. n Tribunal independiente tendría que controlar judicialmente las disposiciones del Parlamento Global, para que éstasnocontravenganlaCartaMagna de Humanidad Unida. Este Parlamento Global será un foro sui generis, ya que su función no se agotará en el rubro legislativo. Seencargará, además, decrearórganos de deliberación, ejecución y control, distribuyendo funciones y competencias entre ellos. De Humanidad Unida nacerían organismos competentes en el control mundial de armamentos, en la política de desarme, en la luchacontrael hambre, en lasolución pacífica de controversias globales. Noquedarían deladolos nuevos problemas del milenio: el terrorismo mundial, la protección del medio ambiente, la lucha contra la pobreza y la cooperación internacional. En todo caso, es fundamental la aplicación del principio de subsidiariedad, que fijaría escrupulosamente el nivel competencial. El modus procedendi será siempre el mismo: la necesidad de resolver un problema mundial debe ser constatada como tal porel ParlamentoGlobal, a quien corresponde crear el órgano adecuado y dotarlo de las competencias materiales pertinentes, así como de los instrumentos para que sus decisiones lleguen a ser eficaces. Como es obvio, podríamos extendernos descendiendo a cuestiones prácticas de organización y funcionamiento de esta futura Humanidad Unida, pero creo que un excesivo detallismo en la fase de construcción del Derecho global sería perjudicial para la propia categorización del concepto. Los mimbres han quedado al descubierto: urgeunaciudadaníaglobal, representada en una institución denominada Humanidad Unida, apoyada en un ParlamentoGlobal, cuyas decisiones, enraizadas en una norma de reconocimiento y limitadas materialmente, han de ser jurídicamente vinculantes y judicialmente controlables. Se trata de tomar lo mucho y bueno de los ordenamientos nacionales sin hacer de la Tierra un Superestado mundial: Global rule of law, sí; Estado de Derecho mundial, no. Apostemos, pues, por un derecho posible, que no se agote en utopías y ucronías, y que busque, ante todo, hacer de la norma justicia de cada instante y no poesía de la eternidad. U el que la guerra y la paz dependan deunenteautónomo, ajenoalacaprichosa voluntad o al desdén de las potencias. Humanidad Unida sería, en mi opinión, el nombre más apropiado para la institución que ha de suceder a la ONU, tarde o temprano. Las Naciones Unidas, último eslabón del derecho internacional moderno, no han logrado superarelcorsé estatal nilas fronteras estrechas de la soberanía. Ahora, transcurridas seis décadas, urge superar la vieja concepción de una sociedad de Estados por la novísima de universitas personarum, esto es, por una auténtica comunidad global compuesta por la Humanidad en su conjunto, estructurada de mil formas y modos diferentes, reflejando, por supuesto, la riqueza de la vida diaria. Sobre esta nueva HumanidadUnida, comoreciorodrigón, ha de construirse un novum ius totius orbis, el Derecho Global. Concretemos un poco estas ideas. Humanidad Unidaha dereconocer, en primer término, a los nuevos sujetos de Derecho global. De ella formarán parte los estados y naciones actualmente existentes. A elloshabrá queunirnuevascomunidadesdetodotipo, propias del nuevo paradigma global, entes públicos y privados, que como miembros de pleno derecho, habrán de tener voz y voto en esta nueva institución. Estos nuevos actores se reunirán en un Parlamento Global, que a diferencia de la actual Asamblea General de la ONU, podrá emitir disposiciones jurídicas vinculantes, de eficacia directa e inmediata para los nuevos sujetos de Derecho global, es decir, para aquellas personas y grupos que lo hubieran aceptado como propio. n el nuevo Parlamento Global, cada estado contaría con un voto en calidad de miembro, más un voto por cada 20 millones de habitantes querepresente- -cifra discutible, por supuesto- no pudiendo superar en ningún caso los 25 escaños. Este límite parece a todas luces necesario, pues, de noexistir, quedaríadescompensado el Parlamento a favor de China e India, que unidas suman 2.300 millones de habitantes. Estos dos macro países contarían, por tanto, con un máximo de 25 representantes cada uno, en virtud del límite establecido. A su vez, cada ciudadano global, es decir, cada persona que hubiere aceptado la carta de globalidad tendría derecho a votar a favor de una institución global con el fin de que ésta obtenga representación si logra 20 millones de votos. Así, una institución para la proteccióndelmedioambientepodría contar con 2 representantes si logra 40 millones de votos en to- E