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ABC LUNES 17 s 9 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA LA OTRA ON dos modelos contrapuestos, antitéticos, bipolares, antagónicos. Cara y cruz, blanco y negro, haz y envés. Se sabe que las comparaciones son odiosas, pero algunas además son inevitables porque afloran solas y de un modo espontáneo en la conciencia colectiva, que identifica bien y pronto aquellos valores en los que siente encarnados sus ideales. Y en este caso, el de las selecciones de fútbol y baloncesto, no se trata solamente de valores deportivos, sino de modelos de conducta, de patrones de excelencia, de arquetipos sociales, de espejos en los que un país refleja sus defectos o sus virtudes. Porque la una la enIGNACIO carna un señor hosco y CAMACHO mal afeitado, que quiere ir de castizo y sólo logra un personaje rancio, pueblerino, machista y huraño, el prototipo caduco del español pendenciero y cabreado, mientras la otra la dirige un hombre sensato y sensible, cercano y educado. Porque la una es un grupo de divos mal encarados, arrogantes y esquivos, intratables y caprichosos, rodeados de pesimismo y bronca, y la otra un puñado de muchachos grandotes y sanos, modernos y políglotas, cosmopolitas y asequibles, optimistas y risueños. Porque la una parece una tropilla indispuesta y desacoplada, individualista e incompetente, en tanto la otra proyecta una imagen armónica y ajustada, afinada y solidaria. Porque la una es una banda y la otra, un equipo. Porque una está acostumbrada a perder, aunque a veces gane, y otra se ha habituado a ganar, aunque en ocasiones- -pocas- -le toque el lado amargo de la derrota. Lo de menos es ganar o perder; lo que importa es la cultura del éxito o la del fracaso. Y ésa es exactamente la medida de esta dialéctica tan acusada en la que se reconoce la sociedad española, que se mira en la pasión multitudinaria del fútbol y encuentra una decepcionante experiencia de torvos desencuentros salpicados de soberbia, de aburrimiento y de discordia, mientras en el baloncesto se espeja la cara dulce de un país que se quiere hallar a sí mismo en el triunfal camino de perfección del progreso. Son la España que sufre y la España que ríe, la que agoniza y la que despierta, y no casualmente hay de por medio una crucial tarea de entrenamiento, de trabajo, de humildad, de camaradería, de fidelidad y de esfuerzo. Quizá la clave de esta intensa, rotunda y demoledora diferencia esté en la ausencia de presión, en la paz interna, en la alegría despreocupada de un grupo moderno y eficaz frente a la tristeza turbulenta y la ansiedad quebradiza del otro. Porque ambos pertenecen a una misma generación, pero en el fútbol domina un clima de crispación acongojada y crítica que contrasta con el talante de desacomplejada normalidad del baloncesto. Porque uno representa el pasado y el otro el futuro. Porque uno significa la nación divida, convulsa y atormentada que nos duele y el otro la España fresca, unida y solidaria en la que nos gustaría reconocernos. S EL ÁNGULO OSCURO EL IDEÓLOGO VICTORINO S I leemos las muy desfasadas acepciones de ideólogo que nos brinda el Diccionario de la Real Academia, observaremos que prevalece en casi todas ellas cierto rasgo utópico, idealista, incluso ilusorio: el ideólogo era antaño una especie de partisano de las ideas que se subía a un cajón y formulaba un pensamiento de índole subversiva, a riesgo de ser corrido a gorrazos por la sociedad que pretendía transformar y, sobre todo, por el poder establecido. Hogaño, el ideólogo es un tipo que se arrima al árbol de sombra más próvida y, no contento con disfrutar de su protección, aspira a convertir sus ideas en fuente perenne de mamandurrias. Este Victorino Mayoral al que este periódico acaba de sacar los trapos sucios se ha erigido en el prototipo más acabado del ideólogo contemporáneo, cuyo lema podría ser: No sólo de ideas vive el hombre, sino de toda mamandurria que brota del grifo administrativo Por supuesto, tal pretensión debe enmascararse tras una coartada filantrópica: según declaraciones del bueno de Victorino a este periódico, la actividad de la fundación que preside es en beneficio del resto de los ciudadanos Por supuesto, al bueJUAN MANUEL no de Victorino no se le pasa por las DE PRADA mientes que el resto de los ciudadanos sea una categoría en exceso brumosa, en la que cohabiten personas que juzguen los propósitos de su fundación beneficiosos y otras que los juzguen perjudiciales, incluso personas que pasan de los propósitos de su fundación como de comer mierda. El bueno de Victorino, como buen totalitario, está plenamente convencido de que la suya es la ideología fetén, la única que beneficia al resto de los ciudadanos En el manifiesto elaborado hace algunos años por la Plataforma Ciudadana por una Sociedad Laica- -encabezada por la fundación que el bueno de Victorino preside- -leíamos que uno de los cambios más significativos de la sociedad española ha sido la aparición de un pluralismo que no admite imposiciones dogmáticas de ningún tipo en el ámbito de los valores y las normas mo- rales individuales y sociales Sin embargo, unos pocos renglones más abajo, aquel manifiesto exigía que la asignatura de religión confesional salga de la escuela pública y reivindicaba la introducción de una educación ético- cívica común y obligatoria para todos los ciudadanos El maestro Campmany, ante aseveraciones tan incongruentes, habría solicitado al bueno de Victorino que le atase esta mosca por el rabo. Pues si quedamos en que la sociedad ya no admite imposiciones dogmáticas en el ámbito de los valores, ¿cómo es posible imponer una educación ético- cívica común y obligatoria para todos los ciudadanos? El bueno de Victorino, como todos los ideólogos de su cuerda, apela al pluralismo para pisotearlo, pues lo que en realidad desea es que su ideología se convierta en imposición dogmática para el resto de ciudadanos. En alguna ocasión, el bueno de Victorino declaró sin ambages que la asignatura de Educación para la Ciudadanía debía contrarrestar los valores del neoliberalismo conservador Presumimos que la fundación que preside defiende sus mismos postulados, de modo que cuando el bueno de Victorino proclama que actúa en beneficio del resto de los ciudadanos hemos de entender que, o bien conservadores y neoliberales no son ciudadanos, sino escoria humanoide, o bien que aspira a convertir por cojones a toda esa escoria humanoide en ciudadanos fetén, inyectándoles en vena su ideología. Y, puesto que la inyección ideológica ya está garantizada, mediante la imposición de la asignatura de marras, nada parece más lógico que el bueno de Victorino quiera pillar cacho en el reparto de subvenciones, pues la ideología que no se amorra al grifo de la mamandurria no merece tal nombre. Algunas de las mamandurrias recibidas en los últimos años por su fundación las han apoquinado ayuntamientos gobernados por el PP, lo cual nos sirve para completar la definición del ideólogo contemporáneo, que no sería lo que es si no hubiese un tonto útil que contribuye a su apoteosis. Todo sea en beneficio del resto de ciudadanos, forzosos paganos del ideólogo. www. juanmanueldeprada. com