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Domingo 16 de Septiembre de 2007 Editado por Diario ABC, S. L. Juan Ignacio Luca de Tena 7. 28027 Madrid. Teléfono: 913399000. Publicidad: 902334556. Suscripciones: 901334554. Atención al cliente: 902334555 Diario ABC, S. L. Madrid 2007. Prohibida la reproducción total o parcial sin el permiso previo y expreso de la sociedad editora. Número 33.513. Depósito Legal: M- 13- 58. Apartado de Correos 43, Madrid Precios de ABC en el extranjero. Alemania: 2,05 Bélgica: 2,00 Estados Unidos: 2,50 USD. Francia: 2,05 Irlanda: 2,10 Italia: 1,75 Holanda: 2,00 Portugal: 1,35 Reino Unido: 1,20 LE. Suiza: 3.40 CHF. Marruecos. 16 Dh. Irene Lozano SI AL MENOS UN CADÁVER o hay ni una gota de verdad en Praia da Luz. Por carecer, hasta carecemos del potencial verificador de los cadáveres. Siempre es mucho más lo que los muertos pueden hacer por nosotros que lo que nosotros podemos hacer por ellos. En este caso, el cuerpo de la pequeña Madeleine nos diría si murió por sobredosis de somníferos o no, a qué hora, de qué día y etcétera. Y algún sabueso portugués deduciría tal vez otros retazos de verdad, por ejemplo, quién la mató. Un cadáver restablecería el principio de realidad que se empieza a echar en falta. En lugar de esa certeza, tenemos una niña que falta, como cientos de niños perdidos cuyo destino es sin duda más sombrío que una estancia en el País de Nunca Jamás con Peter Pan. La desaparición de una niña es una tragedia para su familia; pero para los medios venía siendo poca cosa: un reportaje quinquenal de coche escoba sobre el niño pintor de Málaga et al. Los cuatro meses de marasmo con los McCann sólo han servido para confirmar una noticia: la prensa ha hecho un papelón. O dos: dejarse utilizar primero; utilizar después. Y he ahí la paradoja: la desaparición infantil más mediática de la historia es la más confusa, porque los periodistas destacados en Praia da Luz han contribuido más a la difusión de los rumores que al conocimiento de los hechos. Eso sí, el folletín está la mar de entretenido. Tanto que los distribuidores de una película sobre la desaparición de una niña, Gone baby gone, han decidido suspender su estreno: desisten de competir con la imaginación desbordante de la realidad. Si al menos un cadáver tuviera la bondad de mostrarse para que supiéramos, en concreto, de qué estamos hablando. N Clinton conversa con un lector en la presentación del libro, el miércoles, en un supermercado Costco, en Washington AP Bill Clinton, en el economato El ex presidente promociona en una gran superficie comercial de Washington su último libro, sobre filantropía. Dedica ejemplares entre verduras y papel higiénico, y protegido por un muro de cajas de refrescos POR PEDRO RODRÍGUEZ de la aparición estelar de Bill Clinton firmando su último libro Giving un estudio anecdótico sobre filantropía con aspiraciones de best seller La paciente cola serpentea hasta adentrarse en la nave- tienda, justo por entre el papel higiénico (36 rollos a 11,42 euros) y el agua mineral (35 botellas plásticas de medio litro a 3,30 euros) Allí son recibidos por un pequeño ejército de escoltas, de policías locales y de ejecutivos de Costco, y pueden contemplar el equivalente a un fortín, cuyos muros han sido construidos con cajas de refrescos (36 latas de Pepsi a 6,19 euros) En el interior de este acordonado parapeto, de por lo menos seis metros de altura y dos de ancho, se accede finalmente a un Bill Clinton sin corbata, sonriente y con esa capacidad asombrosa de transformar cualquier momento trivial en un montaje festivo. A su vez, el ex presidente está rodeado por montañas de copias de su libro (también en oferta a 10,29 euros) firmando con rapidez dedicatorias durante tres horas, entre reiterados comentarios sobre su buen aspecto, todo lo que se le extraña y la campaña de su esposa. El problema es que no todo el mundo en el economato ha venido a satisfacer su admiración por Bill Clinton. Los clientes, con el deseo de hacer una gran compra ahorrativa, llegan empujando sus carritos hasta el parapeto de los refrescos. Y se encuentran con el camino bloqueado para llegar hasta los tomates (la docena a 4,53 euros) los pepinos (tres unidades a 2,37 euros) o los huevos (tres docenas a 3,30 euros) La frustración es evidente. Para los americanos, la filantropía y el matrimonio Clinton pueden ser bastante importantes, pero el derecho a consumir casi es sagrado. Las sonrisas de los que salen con el libro recién firmado contrastan con la frustración de los compradores incapaces de tachar todos los productos incluidos en sus listas de la compra. Y cuando preguntan a una empleada del economato, la misma que se encarga de recordar que no se pueden hacer fotos, la respuesta es muy poco halagüeña: Lo mejor es que vuelvan ustedes mañana A la una y media de la tarde de un día de diario en Washington, varios miles de personas hacen cola a un costado del economato Costco, una grandísima superficie de cuota anual especializada en vender con descuento grandes cantidades. La gente reunida- -una mezcla peculiar de afroamericanos, jóvenes y funcionarios del cercano Pentágono- -no espera en el muelle de carga a la distribución de algún nuevo ingenio electrónico o el inicio de espectaculares rebajas. Se trata